Usted está aquí: domingo 26 de agosto de 2007 Opinión Contra el maquiavelismo

Contra el maquiavelismo

José Agustín Ortiz Pinchetti
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Granados Chapa y su tiempo

Me quiero sumar al homenaje a Miguel Angel Granados Chapa. Su columna Plaza Pública ha cumplido 30 años y él 40 de actividad periodística. Y lo hago no sólo por gratitud, sino por genuina admiración. Aprovecho para reflexionar sobre el impacto de la historia de su tiempo en su trayectoria.

El periodismo que ha realizado Miguel Angel hubiera sido imposible sin la modernización de la clase media en estas décadas. A pesar de la estabilidad económica y el crecimiento económico, el régimen no pudo disminuir la desigualdad social cada vez más hiriente. Esta contradicción produjo una nueva generación de escritores críticos, entre los que se formó y pronto destacó Granados Chapa. Aunque ellos mismos y los demás se consideran de “izquierda”, yo los veo muy parecidos a los liberales del siglo XIX.

Los cambios políticos permitieron a un grupo de periodistas encabezado por Julio Scherer llegar a la dirección del poderoso periódico Excélsior. En esa época Miguel Angel llega a ser subdirector editorial del periódico. Aquella formidable agrupación de talentos convirtió la libertad de expresión en práctica cotidiana. Era demasiado y el presidente Echeverría no pudo tolerarlo y orquestó un golpe para expulsarlo. Se provocó una diáspora de talentos que publicaron entre otras la revista Proceso y Unomasuno. Padecieron continuos desencuentros con el poder. Pero pudieron cuestionar la política cada vez más conservadora y antipopular e hicieron renacer el instinto nacionalista. Miguel Angel tuvo papel protagónico en estos episodios.

En 1984 se fundó el periódico La Jornada, que hoy junto con Proceso ejercen una estricta contraloría a los actos del gobierno. Granados estuvo en los más altos niveles en ambas publicaciones. Sus trabajos fueron afinándose con reflexiones políticas e interpretaciones jurídicas al punto que sus colaboraciones se convirtieron en un referente indispensable para calificar los acontecimientos del oscuro periodo de Salinas.

En los años noventa, Miguel Angel se incorpora al periódico Reforma, de una línea muy conservadora pero con una vertiente de escritores críticos. El escenario del periodismo fue polarizándose y enriqueciéndose.

Cuando le pregunté a Miguel Angel qué sucesos políticos habían marcado sus tareas, me contestó que las reformas políticas: la de 1977, inspirada con gran visión por Jesús Reyes Heroles; la de 1994, en la víspera de las elecciones presidenciales y poco después del levantamiento zapatista y del asesinato de Luis Donaldo Colosio, la que de forma sorprendente llevó a Miguel Angel a ser uno de los primeros consejeros ciudadanos del IFE, y la de 1996, que hizo posible la alternancia tanto en el Distrito Federal, la Cámara de Diputados y más tarde en la Presidencia de la Republica.

La vida profesional de Miguel Angel se inscribe en un arco histórico de transición. Una sociedad en proceso de cambio y modernización que parece no completarse nunca. No termina la agonía del viejo régimen transformado ahora en una alianza de partidos conservadores y que funciona para impedir que México se transforme en una sociedad moderna. Ahora, como en los lejanísimos años 60, para algunos ha sonado ya la llamada al juicio final de este régimen. Muchos desearíamos que los últimos episodios fueran pacíficos y que el periodismo crítico continuara ilustrando las conciencias de todos.

 
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