Usted está aquí: sábado 25 de agosto de 2007 Opinión México SA

México SA

Carlos Fernández-Vega
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Sin paternidad, el impuesto especial a los combustibles

Impacto al transporte público

Aumento en cadena a otros productos

Siempre sí afectará crisis de hipotecas

Primero que sí, después que no y más adelante que quién sabe, pero el hecho es que el pretendido impuesto “especial” de 5 por ciento a gasolinas, diesel y gas automotriz, negociado en lo oscurito entre panistas y priístas como parte de los enjuagues de la “reforma” fiscal, lo único que ha encendido es el rechazo de una ciudadanía que, si bien tolerante en extremo, está harta de pagar los excesos y desvaríos de la clase gobernante.

Lo único cierto es que sistemáticamente gobierno y partidos políticos se han negado a resolver de raíz el raquitismo fiscal que registra el país, y para no tocar los privilegios del gran capital, quid de esa inanición, a cambio exprimen al resto de los mexicanos, de por sí saturados de impuestos, cobros, “ajustes”, “actualizaciones” y demás inventos que no han resuelto nada, pero sí depauperado a la ciudadanía.

Que la del impuesto “especial” a gasolinas, diesel y gas automotriz “es una iniciativa del gobierno federal, no del PRI”, se retuercen los tricolores atrapados in fraganti; que “estamos de acuerdo con la propuesta priísta, es aceptable”, se zafan los panistas; que “son positivos los cambios acordados” por el tricolor, celebran en la Secretaría de Hacienda, pero nadie asume la paternidad del chamaco, aunque todos celebran su llegada, sin medir consecuencias por el efecto en sí y los daños colaterales.

Así están las definiciones a escasas dos semanas de presentarse el llamado paquete económico 2008 (Ley de Ingresos, Presupuesto de Egresos de la Federación y Criterios Generales de Política Económica), y mientras eso sucede (porque por ley tiene que suceder, aunque se presenten esperpentos), la propia Cámara de Diputados elaboró un análisis (El impacto en los hogares del país por la aplicación del impuesto local a las ventas finales a la gasolina y el diesel) que da una idea sobre el efecto que tendría el brillante plan de los prianistas, mientras los perredistas son felices jaloneándose la cobija.

Señala el citado análisis que el gasto promedio mensual de los hogares mexicanos para el consumo de gasolina y diesel está altamente concentrado en los más ricos del país. En promedio, el conjunto de los hogares en el país erogó (2006) 7 mil 775 millones de pesos por mes en dichos combustibles. De este total, los hogares con ingresos más bajos gastaron en promedio 34 millones de pesos en gasolina y diesel, mientras los de ingresos más altos 3 mil 262 millones.

Cada hogar del país gastó 293 pesos mensuales en gasolina y diesel en promedio. Por deciles de ingresos, los hogares con los ingresos más bajos del país erogaron 13 pesos mensuales por gasolina y diesel, y mil 229 pesos los más ricos.

La participación de cada decil (10 por ciento) muestra el alto nivel de concentración del gasto en gasolina y diesel por parte de los hogares con los ingresos más altos que representaron el 42 por ciento del total, contra 0.44 por ciento en los de menores ingresos.

Como se observa, anota la Cámara de Diputados, el ingreso monetario del país está altamente concentrado en los hogares con los ingresos más altos del país, y como consecuencia de esta conducta, el consumo de gasolina y diesel es realizado mayoritariamente por estos hogares. Esta correlación entre el ingreso monetario y el consumo de gasolina explica que el pago del impuesto a la gasolina y el diesel en nuestro país tiene un carácter progresivo, es decir, recae en una mayor proporción en los hogares con los ingresos más altos del país.

Hasta allí, aparentemente el impuesto a los combustibles sería equilibrado, porque lo paga quien más ingreso tiene. Sin embargo, los efectos colaterales de dicho gravamen ya no hacen justa ni progresiva su aplicación. En este sentido, el análisis de referencia señala que la participación del gasto en gasolina, diesel y transporte público en el ingreso monetario de los hogares del país modifica la primera percepción.

Con base en las estimaciones realizadas a partir de la Encuesta Nacional de Ingreso-Gasto de los Hogares 2006, se observa que los hogares con los ingresos más bajos destinaron en promedio mensual el 12.18 por ciento de su ingreso monetario para el consumo de gasolina, diesel y transporte público, mientras los de ingresos más altos canalizaron, también en promedio mensual, el 4.63 por ciento para el mismo fin.

Al analizar el impacto social que tendría la aplicación de un impuesto “especial” a los combustibles se observa que el ingreso monetario de los hogares más pobres del país se vería afectado en mayor proporción que el ingreso monetario de los hogares más ricos del país, porque es de esperarse que la esta contribución incremente el precio del transporte público. Ello, sin considerar la reacción en cadena en los precios de otros productos y servicios.

Entonces, que los diputados lean sus propios análisis antes de tomar decisiones. Y si la propuesta es del Ejecutivo, pues no se la aprueben.

Las rebanadas del pastel

Bien por el “presidente del empleo”, quien llega redondito a su primer informe de gobierno: la tasa oficial de desempleo abierto (INEGI) se incrementó a 3.95 por ciento en julio (contra 3.58 el primero de diciembre de 2006), por mucho que diga que “se crea un número histórico” de puestos de trabajo en el país. En igual mes, la desocupación en las ciudades con más de 100 mil habitantes afectó al 5.02 por ciento de la población económicamente activa y el subempleo a 7.1 por ciento de la PEA… Que siempre sí afectará a México la crisis hipotecaria en Estados Unidos: el Banco de México advierte que los problemas en el mercado hipotecario estadunidense “podrían afectar el dinamismo de la economía de ese país y (…) la actividad industrial en México”… Y los Saba felices, porque se mantiene a la baja el precio de las acciones de Aeroméxico.

 
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