Usted está aquí: viernes 24 de agosto de 2007 Política Informe

Jorge Camil

Informe

El informe es una institución que copiamos del sistema político estadunidense. Este, a su vez, la tomó del Speech from the Throne (discurso desde el trono) que pronuncia el monarca inglés en ocasión de la apertura del parlamento. En Estados Unidos se le conoce como State of the Union Message (mensaje sobre el estado de la unión), y aunque George Washington pronunció el primero en 1790, Thomas Jefferson descartó la práctica en 1801 por considerarla inconsistente con la vida republicana. En la época moderna los presidentes de Estados Unidos, a partir de Woodrow Wilson en 1913, han informado al Congreso anualmente, casi siempre en forma personal, aunque la Constitución sólo requiere que "el presidente informe al congreso, de tiempo en tiempo, sobre el estado que guarda la unión".

En nuestro caso, algunos recordarán seguramente la ceremonia del informe presidencial en la época dorada del PRI, cuando la llamada "fiesta del presidente" se convirtió en el centro de la vida política nacional. Si Jefferson consideró la práctica poco republicana, en nuestro medio el PRI la elevó a niveles de refinamiento insospechados, convirtiéndola en un instrumento ideal para adular al jefe del Ejecutivo -un monarca absolutista sexenal-, quien a su vez utilizaba la ceremonia para enviar mensajes subliminales al sistema. En forma inverosímil los medios llevaban cuenta detallada de la duración del acto, del número de aplausos, de las ovaciones de pie y comparaban las cifras con las de informes anteriores. ¡Era un evento deportivo!, y una práctica indigna para un país supuestamente democrático y republicano, aunque no éramos ni lo uno ni lo otro.

El último informe tradicional (con la falsa emoción que generaban los medios, la anticipación de posibles "cambios en el gabinete" y los desplantes presidenciales durante la "sección política") fue sin duda el sexto de José López Portillo: un acto que mostró como ningún otro la insostenible esquizofrenia del sistema. Con machismo exacerbado el presidente culpó de la acostumbrada crisis económica sexenal a los banqueros y a los sacadólares ("¡ya nos saquearon, no nos volverán a saquear!"), estableció por vez primera un draconiano régimen de control de cambios y nacionalizó la banca alegando ser "responsable del timón, pero no de la tormenta". Pero el machismo y la socarronería lopezportillistas se desmoronaron en la tribuna cuando el mandatario, con lágrimas en los ojos y voz entrecortada, recordó irónicamente a los mismos pobres y desheredados a quienes seis años antes, durante su toma de posesión, les había pedido perdón por el abandono en que los tenía el sistema. Las lágrimas fueron significativas, porque venían de un presidente que, contagiado por la euforia petrolera, nos había pedido al inicio de su mandato prepararnos "para administrar la abundancia". Al final, rebasado por la corrupción, el gasto, el endeudamiento externo y la inflación galopante, desató la peor devaluación de los tiempos modernos cuando se comprometió a "defender el peso como un perro". El presidente que nos prometió vivir en la abundancia terminó como todos: con el país al borde del precipicio.

En el último informe de su sucesor, Miguel de la Madrid, cuando era obvio que el sistema hacía agua, se inició el resquebrajamiento de la figura presidencial, y comprobamos la inutilidad de mantener la falsa "institución" del informe. Las valientes interpelaciones de ese tribuno excepcional que es Porfirio Muñoz Ledo, las mantas alusivas, las rechiflas y las ocurrencias magistrales, lograron desportillar la figura de un presidente sin pena ni gloria.

Y así llegamos, de informe en informe, hasta el sexenio de Vicente Fox, cuando la vapuleada "investidura presidencial" tocó fondo con aquella enorme manta que sostenían cuatro legisladores, y en el curso del informe la hacían girar para proclamar a los cuatro costados del Palacio Legislativo los defectos presidenciales: "Fox: eres mentiroso, ignorante y mandilón". ¡Qué manera de introducirnos de golpe a nuestra nueva realidad política! ¿Informe hoy, para qué? Si los presidentes ya no son presidentes, y el partido de Estado que hizo del "mensaje a la nación" todo un arte yace en los sótanos de la política nacional. ¿Informar al Poder Legislativo, cuando el control político pasó durante el sexenio anterior de la Presidencia de la República a nuestro desordenado, caótico, pero siempre "honorable" Congreso de la Unión?

Calderón, atrapado por la costumbre de una institución tan inútil como ridícula, insiste en asistir al Palacio Legislativo y "debatir" con los legisladores, demostrando que carece de perspectiva histórica para comprender al nuevo México. Pretende aferrarse a una institución que fue creada por un sistema que murió en medio del caos ocasionado por una alternancia que el PAN ha pretendido vendernos como democracia. ¿Informar a un Congreso que le niega el uso de la tribuna? Calderón debería limitarse a cumplir con la obligación constitucional de informar por escrito. Parafraseando a su antecesor, "nomás informas por escrito y te vas..."

 
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