Usted está aquí: jueves 9 de agosto de 2007 Opinión Córtalas, córtalas para siempre

Soledad Loaeza

Córtalas, córtalas para siempre

Sobre advertencia no hay engaño. Andrés Manuel López Obrador ha anunciado repetidamente a los miembros del PRD y de sus aliados -en particular a los legisladores- que si se atreven a entablar algún tipo de relación -ya no digamos discutir iniciativas de ley- con la Presidencia de la República, les va a retirar el saludo. En Sanctorum, Tlaxcala, durante una visita de proselitismo dirigió un mensaje a los senadores y diputados del Frente Amplio Progresista (FAP) en el que señaló que si apoyan el plan fiscal del presidente Calderón "se van a enemistar con todo el pueblo, incluyéndome a mí, yo no les voy a hablar". (Reforma, 27/07/07)

De los muchos gestos del ex candidato presidencial ninguno como éste refleja su talante autoritario y la soberbia con la que trata a sus seguidores. Casi todas sus declaraciones revelan la noción implícita de que "El pueblo soy yo", que es tan peligrosa y antidemocrática como la afirmación del rey de Francia, Luis XIV, emblemática del absolutismo: "El Estado soy yo". López Obrador no ocupa ninguna posición formal en la estructura política del país; pero los perredistas están dispuestos a mantenerlo ocupado en una permanente campaña electoral, que es de todas formas lo que más le gusta hacer y lo que seguramente habría hecho de alcanzar la Presidencia de la República. A todos parecía convenir esta fórmula: la izquierda organizada asume las responsabilidades que le tocan en tanto que partido -o partidos- que cogobierna desde la oposición, y se sacude a un líder que puede entorpecer sus trabajos, mientras éste sigue perorando, improvisando, acusando, provocando indignación y agitando sentimientos de injusticia, para mantener la imagen que tiene de sí mismo como el adalid del pueblo, como el pueblo mismo. Sin embargo, López Obrador no se limita a sostenerse vivo en la imaginación popular, sino que dicta línea, gira instrucciones y sin el menor respeto a los legisladores que sí fueron elegidos y que en algunos casos ganaron sus curules con cómodas mayorías, los amenaza con levantarles el saludo en caso de que no atiendan a sus instrucciones. En la perspectiva de largo plazo de construcción de una izquierda sólida y competitiva, el infantilismo de López Obrador es inaceptable, como lo son también pretensiones de liderazgo que se sustentan en la simple descalificación del adversario sin más argumento que "así es porque yo sé que es así".

La línea lopezobradorista ordena sostener una oposición de bloqueo que es tan estéril como divisiva, porque dentro del FAP existen corrientes constructivas y razonables que entienden que más allá del caudillo hay un país que necesita de sus partidos tanto como del gobierno. No obstante, en el desempeño de su encargo no sólo tienen que lidiar con sus contrapartes, incluidos desde luego los legisladores panistas, sino que además tienen que enfrentar las presiones de los lopezobradoristas a los que la tarea legislativa les interesa mucho menos que entregarse a la exaltación adolescente del relajo y "armar escándalo", como propuso el diputado Alejandro Sánchez, de Izquierda Democrática Nacional, en la discusión a propósito de la posición del FAP frente al informe presidencial (Reforma, 8/08/07).

El impacto de la injerencia de López Obrador en las tareas legislativas de la izquierda se refleja en el hecho de que en lugar de estudiar, entender y explicarnos la reforma fiscal y su propia propuesta, los diputados y senadores del FAP se enfrascarán ahora en lo que más les gusta: la discusión en torno a las estrategias partidistas y la conveniencia de seguir o rechazar el mandato lopezobradorista, haciendo a un lado los temas generales que a todos nos interesan. El dirigente del PRD, que es en realidad vocero de López Obrador, Leonel Cota, ya ha informado a la opinión pública que desde hace tres semanas los perredistas, sus aliados del PT y de Convergencia están inmersos en el debate de qué hacer el primero de septiembre. Para esto no necesitan trabajar en los expedientes de las iniciativas y propuestas de ley. Si lo hicieran podrían darnos una opinión informada y apoyar sus posturas con argumentos antes que con actitudes. Se entiende que esta actividad debe parecerles aburridísima. En cambio les entusiasma simplemente imaginar cómo se van a divertir el día del Informe, cuando hagan de la Cámara de Diputados uno de esos campamentos de juegos que están instalados en el Ajusco en los que los adolescentes arman relajo con guerras de pintura. Ya los veremos a todos en la televisión atacados de la risa por sus propios desmanes, esperando la felicitación y el saludo de su líder.

 
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