Usted está aquí: viernes 3 de agosto de 2007 Opinión Premio Rómulo Gallegos

Elena Poniatowska/ II y última

Premio Rómulo Gallegos

Ampliar la imagen Pablo Neruda, de Chile, y Rómulo Gallegos, de Venezuela, dos de las figuras más relevantes de la literatura iberoamericana Pablo Neruda, de Chile, y Rómulo Gallegos, de Venezuela, dos de las figuras más relevantes de la literatura iberoamericana

Al ver a don Rómulo Gallegos era imposible no pensar en el maestro: ''Daba yo clases de matemáticas, álgebra, trigonometría, geometría, y ciertas personas se sorprenden cuando saco mis tablitas de multiplicar. Entre las cosas raras que he hecho es vender máquinas registradoras de la National Cash Register durante cinco años en España, pero yo nunca he podido vender nada con provecho. No sé vender un peso por ochenta centavos. Sin embargo, me pusieron a instruir a algunos jóvenes acerca del funcionamiento de las máquinas. Desde luego que mis discípulos jamás vendieron una sola máquina. Cuando fui subdirector del Liceo Andrés Bello, daba clases de filosofía, pero no me alcanzaba el dinero y para completar los ingresos de la familia trabajé como tenedor de libros en una zapatería judía propiedad de un tal señor Levy, y en La equitativa, empresa funeraria propiedad de Manuel Lander Gallegos".

Cuando le pregunté, entre otras muchas cosas, por su método de trabajo, respondió:

-No puedo escribir frente a otra persona. A mi mujer, que era la mitad de mi persona, le leía yo todo lo que escribía, pues aunque no era sino una mujer sencilla tenía buen gusto y buen sentido de las cosas. Cuando por alguna razón llegaba y se sentaba frente a mí mientras escribía, yo protestaba: ''No chica, te vas, yo no puedo''. Para escribir necesito estar solo. Un encierro. Ha de ser un rincón del cuarto, un ángulo de la pared. No podría hacerlo en medio de un cuarto como estoy ahora. Ha de ser un rincón, no, ni siquiera frente a una ventana. Una pared y nada más. Escribo a máquina y me es absolutamente imposible pensar sino frente a la máquina.

-¿Y las cartas?

-Soy tan perezoso para el género epistolar que nunca contesto cartas.

El hombre que fue presidente de la República bolivariana de Venezuela de febrero a noviembre de 1948 y fue derrocado por un cuartelazo, nunca dio su mano a torcer.

-El destierro -dice don Rómulo- es una escuela política de observación muy importante.

Cuando a veces lo critican en la prensa, don Rómulo comenta: ''Naturalmente eso lo tomo como se lo merece, pues algo tiene que costarle a uno el aprecio de la gente verdaderamente estimable".

(Al oír a don Rómulo, no sé por qué pienso en doña Teo, Teotiste Arocha Egui, su mujer muerta en 1950, y la imagino leyendo el texto de su marido mientras él espiaba sus reacciones en la expresión de su rostro. Sin duda alguna, al final ella exclamaría: ''¡Chico, esto está muy bueno!").

-Y por el momento, ¿está usted escribiendo don Rómulo?

-No, por el momento estoy holgazaneando. Tengo que trabajar un poco más la segunda parte de mi novela mexicana: La braza en el pico del cuervo. En ella aspiro a demostrar el interés que me inspira México como tierra propia, y el deseo de que sus problemas encuentren siempre rápida y feliz solución.

Don Rómulo habría de morir en su patria 10 años más tarde, el 7 de abril de 1969.

Para Rómulo Gallegos la tierra no tenía límite, ''el llano que tiene por lindero el horizonte", escribió Andrés Bello. El conoció el llano, como él lo llamaba y como también lo llamó Juan Rulfo. Rómulo Gallegos supo muy pronto que el paisaje, o sea la tierra, determina al hombre. ''La llanura es bella y terrible a la vez, en ella caben holgadamente hermosa vida y muerte atroz. La acecha por todas partes pero allí nadie le teme".

Las dicotomías civilización-barbarie, belleza-fealdad, bondad-maldad cam-pean en sus novelas. Cuando el principal personaje de Doña Bárbara, Santos Luzardo, vuelve a su tierra, primero quiere venderla para volver a la civilización, o sea, a la ciudad, pero después de unos días el llamado de la tierra es tan poderoso que se queda en Altamira. La tierra es suya y va a demostrarlo cercándola con una inmensa alambrada.

Para el llanero es imposible ponerle barreras a la tierra ancha y soleada tendida frente a sus ojos; la tierra no tiene límites, el ganado, los rebaños bravíos tienen que caminar libres sobre la sabana sin fin, siempre por delante, siempre abierta al horizonte, enorme, indómita, salvaje. Los llaneros pasan volando al galope sobre sus monturas, son bragados, saltan por encima de las tranqueras, así como lo hace doña Bárbara, la devoradora de hombres, la que se apropia de todo.

Lo primero que busca el civilizado Santos Luzardo -el que viene de la ciudad- es cercar su propiedad para poner límites. Los peones le dicen que la bruja de doña Bárbara ejercerá sobre él sus sortilegios, pero él no es supersticioso y la confronta. La única ley de doña Bárbara es la venganza. Doña Bárbara rompe todos los moldes, cabalga, fustiga, abusa, lastima, hiere. Violada de niña, ahora es ella quien viola leyes, es ella la que manda, es ella a quien se teme. En América Latina la subida de uno implica la destrucción del otro. El hecho de que doña Bárbara se apropie de la tierra implica quitársela a otros. Sube pisoteando a los demás, y en nuestros países son siempre los de abajo quienes llevan las de perder.

Según doña Bárbara, en el llano sólo se respeta a quien explota, a quien mata, a quien se enriquece y se encumbra. Por mucho que aparezca el hombre civilizado, estamos abocados a la violencia, al atropello que se paga con el atropello, esta es la ley de la sabana.

Si después de la conquista, Martí, Bolívar, Sucre hablaron de la necesidad de unirnos, las guerras fronterizas por salidas al mar o por territorios, nos minaron. Ya no supimos querernos. ¿No eran aconsejables los tratados entre nosotros? Esas guerras nos minaron. ¿No éramos los mismos los que luchamos contra los españoles? ¿No era justo retomar el espíritu de Bolívar? Europa lo ha entendido muy bien y ha unificado sus fronteras, su moneda, que es muy fuerte ¿Por qué no hacer lo mismo con nuestros países de América Latina que comparten economía, costumbres, religión, gustos, el mismo rencor contra Estados Unidos, el mismo idioma? ¿Cuáles son los latidos del corazón que nos separan? En vez de ser una fuerza centrífuga, América Latina es separatista, cada quién gira por su lado. Claro que para los europeos es más fácil desplazarse, porque en América Latina las distancias no sólo son infinitas sino azarosas. En México, por hambre, buscamos al país que nos proporcione de comer. Algún campesino mexicano exclamó: ''¡Yo voy a mudarme a donde me vaya mejor, no a un país que esté tan fregado como el mío!" En México hemos acuñado la frase: ''De Guatemala a Guatepeor".

¿Irse a Estados Unidos es abandonar el barco? La migración es hoy día un fenómeno mundial. A España, a Francia, a Alemania viajan en busca de una oportunidad, no sólo los árabes sino los uruguayos, los ecuatorianos que estarían mejor en su tierra y no arrimados en país ajeno sin papeles, esclavizados y muriéndose de la nostalgia.

Tal parece que no fuéramos dueños de nuestro destino y no pudiéramos decidir. Los países europeos son dueños de sus decisiones. Suiza, Inglaterra, Suecia pueden optar por pertenecer a la Unión Europea, en cambio nosotros, y hablo de México, sólo podemos decidir irnos a Estados Unidos a pesar de la crueldad de nuestras circunstancias que siempre serán menos que las del hambre en nuestro propio país.

América Latina es racista en contra de sí misma. Si el indio y el mestizo no se respetan a sí mismos, tampoco el país va a respetarse. Si uno no se respeta a sí mismo, ¿cómo puede esperar un trato de respeto del vecino?

Las grandes corporaciones son ahora fuerzas de la naturaleza, tienen el mismo poder, equivalen al fuego que quema las cosechas, al granizo que acaba con el maíz. Maldición del siglo XX siguen siéndolo en el XXI.

La brujería en América Latina tiene un sitio preponderante. ¿Qué hago para salir de la pobreza? Indudablemente me evado, me dedico a la santería, a la brujería del narcotráfico, al hechizo de la droga que asalta y destruye la conciencia.

El narcotráfico hace que los drogadictos se pierdan a sí mismos, se reduzcan a cenizas. Dentro de la práctica del consumo de drogas ''el viaje" es un escape, conjura a la suerte y tiene mucho que ver con las supersticiones que Rómulo Gallegos estudió para describir a una hembra que en la Edad Media habría sido quemada en la hoguera, así como ella enterraba viva a toros y becerros para que le trajeran suerte a sus grandes propiedades.

Hace más de 150 años, Alexander von Humboldt escribió que ''en ningún lado existe una diferencia tan atemorizante en la distribución de la fortuna, civilización, cultivo de la tierra y población que en América Latina", y por desgracia su frase sigue vigente. Sin embargo, América Latina, México y Venezuela viajamos en el mismo tren, un tren de muchos vagones que atraviesa paisajes fantásticos, paisajes a veces también desolados pero si en el futuro nos tocan jefes de estación de la talla de Rómulo Gallegos, podremos tener la seguridad de que vamos bien y de que nuestra locomotora de miles y miles de caballos llaneros avanza sobre durmientes sólidos y vamos montados en rieles de buen hierro rumbo a un destino que mucho tiene que ver con la esperanza.

 
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