Usted está aquí: viernes 20 de julio de 2007 Política Alunizaje: fin, aterrizaje

Gabriela Rodríguez

Alunizaje: fin, aterrizaje

El Apolo XI debe haber condensado toda la tecnología creada hasta1969 para poder llegar a la Luna y dar "ese pequeño paso para el hombre", como dijo Neil Armstrong, pero: "¿un salto gigantesco para la humanidad?" (las interrogaciones son mías).

Este 20 de julio que recordamos ese asombroso suceso vale la pena preguntarnos: ¿en qué ha beneficiado a los pueblos de este planeta?

Ya pasó el tiempo en que los secretarios de Educación Narciso Bassols, José Vasconcelos y Jaime Torres Bodet pensaban que había que llevar el conocimiento a las aulas escolares y aun a los pueblos más recónditos. Ser maestro llegó a ser una de las más prestigiadas posiciones en las comunidades. Qué lejos estamos de esos tiempos. Hoy se descuida la calidad educativa y la dignidad del trabajador docente, los líderes del magisterio son perseguidos, reprimidos y visiblemente encarcelados, como vemos en Oaxaca.

La política de población de México también ha sido un ejemplo de aplicación del conocimiento para el desarrollo de políticas públicas. Desde que se fundó, hace 33 años, el Consejo Nacional de Población (Conapo) se ha mantenido como un organismo técnico de planeación que coordinó una muy exitosa política de Estado: llegamos al siglo XXI con una tasa de fecundidad que pasó de 6 a 2.1 hijos por mujer, una población de 104.9 millones y un crecimiento medio anual, que pasó de 3.5 a 1.11. El Plan Nacional de Educación Sexual contribuyó a reducir la fecundidad adolescente y el aborto a la mitad; el sector salud llevó el acceso a la anticoncepción moderna a 70 por ciento de las mujeres mexicanas.

El rezago es la pobreza: las mujeres rurales, sin escuela, son quienes todavía no cuentan con servicios de salud reproductiva; las adolescentes pertenecientes a estratos precarios enfrentan mayor proporción de embarazos no deseados, así como de abortos inseguros; entre las mujeres indígenas prevalece una mortalidad materna tres veces mayor que en el resto de la sociedad mexicana.

Se trata de una distribución desigual de recursos y una expresión de la injusticia social. Mientras la transición demográfica nos coloca frente al mayor número de jóvenes en la historia, lejos de aprovechar ese gran potencial para mejorar nuestra economía, el neoliberalismo los ha llevado a la exclusión. En este país la adolescencia inaugura un ciclo signado por la deserción escolar, la formación de uniones, la asunción de responsabilidades domésticas para las mujeres y la inserción en empleos precarios y de baja calificación para la mayoría. Según el Conapo, más de la mitad se inserta antes de los 20 años en el mercado de trabajo, solamente la mitad continúa estudiando a los 16 años y una quinta parte a los 20. De los más de 10 millones de emigrantes indocumentados en Estados Unidos, cerca de la mitad son hombres entre 15 y 19 años, y 16 por ciento son jovencitas de ese grupo de edad.

Más escuelas y mejores empleos, menos migración y una educación sexual que responda a las necesidades de las nuevas generaciones son de las principales líneas que el Conapo podría retomar.

Sin embargo, enfrentamos algo que parece el desmantelamiento de la política de población: desde el año 2000 el presupuesto del Conapo está reducido a uno por ciento del presupuesto total de la Secretaría de Gobernación; las estructuras internas de comunicación y educación de la institución desaparecen; a siete meses de haber sido inaugurado este régimen, no ha habido interés por nombrar al nuevo secretario o secretaria general del Conapo, frente al cual está un encargado del despacho.

El desprecio a la política de población expresa el conservadurismo de los recientes gobiernos y la recuperación de la agenda religiosa en la política de población. Menos mal que Josefina Váquez Mota sigue defendiendo la educación laica, porque ese intento de imponer una visión religiosa en la escuela pública desde la bancada de Acción Nacional, así como de impulsar las iniciativas de la jerarquía eclesíastica -mientras logran cambiar la sotana por una curul- atenta directamente contra la libertad y contra el derecho a decidir.

En vez de deshacer, habría que fortalecer al Conapo del siglo XXI, llevarlo a retomar su papel original como organismo técnico articulador de sectores, instancia de planeación estratégica. Como plataforma que permita garantizar la exigibilidad de compromisos multilaterales y posicionar los derechos sexuales y reproductivos como derechos humanos. Un órgano coordinador que fortalezca los mecanismos formales de colaboración entre gobierno y organizaciones de la sociedad civil y promueva una educación que lleve a las aulas los avances de la ciencia y de la tecnología. Es el Estado quien tendría que volver a definir y regular el respeto al Estado laico al actualizar la política de población, al precisar los modos de separar lo religioso y lo político ante los nuevos retos de población y al asumir su neutralidad frente a una sociedad plural.

A 40 años del alunizaje del Apolo no hay claridad sobre su impacto en las condiciones de vida de la Tierra, ni en el quehacer político que permita colocar el conocimiento y la tecnología al servicio de los pueblos.

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