Usted está aquí: sábado 14 de julio de 2007 Deportes Cosas del Futbol

Cosas del Futbol

Josetxo Zaldúa

Fue el costo del aprendizaje. Hugo Sánchez metió la pata cuando lo que buscaba era neutralizar la ventaja de un gol de los argentinos. Dejó en la caseta a un obrero de lujo como Torrado, dizque porque tenía una tarjeta amarilla y, sin quererlo, desdibujó al equipo. Le rompió la espina dorsal. Imposible saber si con Torrado sobre la cancha el Tri hubiera sido capaz de voltear la tortilla. Siempre es odioso hablar con el condicional por delante, más en periodismo.

Ganó la lógica y el peso de la historia y del hambre de triunfos. Argentina, cuando menos sus futbolistas, son harina de otro costal. Sus jugadores no se ponen la camiseta, la llevan puesta desde que nacen. Son personas que además de darle patadas a la pelota, pues como que saben pensar. Se comprometen socialmente con los más jodidos porque de ahí vienen, y no lo olvidan. Igualito que en México.

El primer tiempo fue magnífico pese al despiste defensivo que propició el gol de Heinze, un jugador al que los comentaristas de Tv Azteca le dispensaron lo mejor de su limitado lenguaje. Vaya, no lo bajaron de animal.

Por cierto, el nivel de la mayoría de los comentaristas de las dos televisoras que tratan de controlar hasta nuestros sueños raya en lo demencial. En un país medio serio, en unas empresas con código de ética en vigor, esos tipos seguramente estarían en el desempleo. No son todos, pero casi.

Sobre el terreno de juego se vieron dos películas. Un primer tiempo excelente de la selección mexicana, a pesar del gol. Los del Tri, con Sánchez a la cabeza, enloquecieron a los argentinos. Nunca se encogieron ante la magnitud de los apellidos que enfrentaron. No marcaron los mexicanos porque, teniendo sus oportunidades, no acabaron de creer en sí mismos. Es el paso que falta. Hay que atreverse a ser grande. Hay que atreverse a abandonar la mediocridad, donde casi todos nos sentimos más alivianados.

El segundo tiempo mostró a Sánchez su novatez y pagó con creces. El equipo, sin la brújula de Torrado en el centro del equipo, se desquició. Cuando los argentinos meten un gol hay que tener tamaños para remontar la adversidad; tamaños y tantito talento. Nada de eso mostró el Tri en el lastimoso segundo tiempo.

Pero el caminito está abierto. Ya sabe el cuerpo técnico mexicano en qué metió la pata. El próximo partido sabremos si aprendieron o si, montados en la soberbia, siguen en un camino que los llevará a ninguna parte.

 
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