Usted está aquí: lunes 9 de julio de 2007 Política Lluvias y deforestación

Iván Restrepo

Lluvias y deforestación

Ahora que las lluvias se presentan en casi todo el país, se aprecian mejor los graves problemas que ha generado la deforestación, la falta de una política que aliente la siembra de árboles y que las comunidades y ejidos del país, que poseen las más extensas áreas con bosques y selvas, las conserven en vez de destruirlas por necesidad o cederlas a terceros para que avance la ganadería o el monocultivo. De igual forma, han servido para comprobar que buena parte de la obra pública, especialmente carreteras locales y estatales, se construye mal y en zonas frágiles.

El caso reciente de Puebla, con decenas de muertos, no es el único, pero sí el más significativo porque implica a varias instancias oficiales. A manera de disculpa por lo ocurrido, Javier Sánchez, director de comunicación social del góber precioso (apreciado además por quien despacha en Los Pinos), explicó que el peligro de transitar por la carretera donde ocurrió la tragedia no obedece a su trazo, "sino a la orografía y clima de la Sierra Negra". El comunicador oficial da así la razón a quienes como Remberto González, funcionario del ayuntamiento de Eloxochitlán, advirtieron oportunamente a los titulares estatales de comunicaciones y transporte y de desarrollo social sobre lo peligroso de esa vía. Ahora se sabe que el alcalde de ese municipio, así como los de Molcaxac y Huatlatlauaca, pidieron a principios de año ayuda a la Presidencia de la República para mejorar las carreteras de la Sierra Negra. No obtuvieron respuesta, mientras el titular de la Secretaría de Gobernación (de la que dependen los fondos para prevenir desastres) sostiene que el góber precioso nunca le informó sobre los riesgos de que ocurriera un desastre en la citada región.

En esta danza de irresponsabilidades, conviene investigar la forma en que se encargó a una empresa propiedad de Miguel Cortés Moreno, ex dirigente en Puebla del Partido Nueva Alianza, realizar un estudio sobre "deslizamiento de taludes y laderas de la Sierra Norte y nororiental de Puebla". Por ese estudio -mal hecho, a juicio de los expertos- se pagaron 35 millones de pesos.

En otro orden de cosas, mucho antes de que las lluvias se presentaran en forma intensa en Chiapas, abundaron las advertencias sobre el peligro que corren quienes habitan cerca de los lechos de los ríos y las áreas montañosas que dan a la costa Pacífico. En el primer caso, por el azolve de las cuencas, y en el segundo por tratarse de comunidades enclavadas en áreas cada vez más deforestadas y desprotegidas contra la fuerza del agua. No se necesita preguntar al Sistema Nacional de Prevención de Desastres lo que pasará cuando las lluvias sean más intensas o llegue un huracán a las costas de Chiapas y Oaxaca. Tampoco qué tanto subirá el nivel de las aguas en las avenidas y colonias de Cancún y otras ciudades turísticas de Quintana Roo, que se inundan cada que llueve, pues carecen de un eficiente sistema de drenaje.

Y por explicaciones dignas de figurar en un compendio de tonterías compite el procurador federal del medio ambiente, Ignacio Loyola, quien dijo en mayo pasado que no había fallado la coordinación entre dependencias para detener a los talamontes que laboran en la región de las lagunas de Zempoala. Lo que sí falló, dijo, es la aplicación de la ley, lo cual explica por qué hasta hoy siguen libres 54 talamontes, entre los cuales se encuentran quienes asesinaron al joven Aldo Zamora, defensor del bosque.

Pero no veamos sólo fallas: en la zona de la mariposa monarca el mes pasado se detuvo a cinco campesinos al servicio de los talamontes que ya habían derribado 12 árboles gigantes. También hubo operativos en Morelos y Veracruz para combatir a los capos del bosque, que andan mejor armados y coordinados que las fuerzas de seguridad que los combaten.

Mientras, cabe preguntar cómo va la estrategia que, según el titular de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales, elabora esa dependencia con las autoridades del Distrito Federal para evitar que la zona del Ajusco siga perdiendo su paraguas verde. Un asunto que debe involucrar también a los estados de México y Morelos. En Locatel no saben nada del asunto.

 
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