Usted está aquí: lunes 28 de mayo de 2007 Espectáculos 60 Festival de Cannes Buena racha para los mexicanos

Leonardo García Tsao

60 Festival de Cannes Buena racha para los mexicanos

Ampliar la imagen La estadunidense Jane Fonda y el director rumano Cristian Mungiu. Los dos recibieron la Palma de Oro. La actriz la obtuvo de manera honorífica y el realizador, por su cinta 4 luni, 3 saptamani si 2 zile La estadunidense Jane Fonda y el director rumano Cristian Mungiu. Los dos recibieron la Palma de Oro. La actriz la obtuvo de manera honorífica y el realizador, por su cinta 4 luni, 3 saptamani si 2 zile Foto: Ap

Cannes 27, de mayo. Por segunda vez en la historia del Festival Internacional de Cine de Cannes, un corto mexicano obtiene la Palma de Oro. Se trata de Ver llover, de Elisa Miller, estudiante del Centro de Capacitación Cinematográfica. El corto no es ni siquiera su trabajo de tesis, sino su ejercicio de tercer año y ya había ganado antes el premio al mejor cortometraje en el festival de Morelia. (Según se recordará, en 1994 Carlos Carrera obtuvo el mismo premio por El héroe.)

Mientras que Stillet Licht (Luz silenciosa), del realizador mexicano Carlos Reygadas, compartió el premio del jurado con Persépolis, producción francesa de animación, dirigida por Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud. Esos reconocimientos se suman al premio a mejor guión obtenido por Guillermo Arriaga en 2005 (por Los tres entierros de Melquiades Estrada), y el premio al mejor director para Alejandro González Iñárritu (por Babel) en 2006, para ilustrar la buena racha que en Cannes han tenido los cineastas mexicanos en los años recientes. Nuevamente, el cine mexicano cuenta con motivos de sobra para brincar de gusto, según el tema del cartel oficial de esta edición del festival.

Otra cinematografía que ha sido la revelación en los años recientes es la rumana. La película 4 luni, 3 saptamani si 2 zile, de Cristian Mungiu, se llevó merecidamente la Palma de Oro tras haber gozado la preferencia generalizada de la crítica. (Igualmente, la rumana California Dreamin', del fallecido Cristian Nemescu, fue la ganadora de la sección Una Cierta Mirada).

Las decisiones del jurado oficial, presidido por Stephen Frears fueron, por rara ocasión, muy respetables con el margen usual para la sorpresa. La principal de ellas, el haber obviado por completo a No Country For Old Men, la mejor realización reciente de los hermanos Ethan y Joel Coen. De hecho, el cine hollywoodense se fue con las manos vacías, excepcionalmente. Eso sí, sendos realizadores estadunidenses fueron premiados por producciones francesas: Julian Schnabel obtuvo el premio al mejor director por Le escaphandre et le papillon, en tanto que Paranoid Park, de Gus Van Sant, fue reconocido con el premio del 60 aniversario.

Quizá lo más inesperado fue el Grand Prix, para Mogari no mori, de la japonesa Naomi Kawase que, por exhibirse en el último día de la competencia, no tuvo tanta atención de una prensa que, en buena parte, ya se había marchado de Cannes. También sorprendente fue el premio al mejor actor, el ruso Konstantin Lavronenko por Izgnanie, de Andrei Zviaguintsev (los pronósticos, por ejemplo, favorecían al español Javier Bardem por su escalofriante asesino en la cinta de los Coen).

En cambio, ya se veía venir el premio a mejor actriz para la surcoreana Jeon Do-yeon, por su matizada interpretación en Miryang, de Lee Chang-dong. Y también se preveía algún reconocimiento para Auf der anderen Seite, del alemán de origen turco Fatih Akin, a quien se otorgó el premio al mejor guión.

La ceremonia del Palmarés, conducido por la actriz alemana Diane Kruger, siguió el mismo ritual de los discursos largos, los momentos chuscos involuntarios y los chistes malos que nadie aprecia. Los mexicanos Miller y Reygadas expresaron su agradecimiento en buen francés, con frases cortas y sencillas. Pero Schnabel dio la impresión de creerse en una fiesta privada y provocó mucha pena ajena con su esfuerzo denodado por no soltar el micrófono. Asimismo, las ganadoras asiáticas se tomaron su tiempo, con el añadido de tener que dar lugar a la correspondiente traducción.

Un detalle gracioso ocurrió durante la entrega de la Cámara de Oro, a la mejor opera prima, pues tanto el presidente de ese jurado, el ruso Pavel Lounguine, como el director ganador, el israelí Etgar Keret, por Meduzot, parecían no poseer la fuerza necesaria para sostener el sólido premio.

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