Usted está aquí: lunes 16 de abril de 2007 Política Se agitan las aguas del Pérsico

Gonzalo Martínez Corbalá

Se agitan las aguas del Pérsico

La resolución número 1747 del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) amplía las sanciones a Irán y le otorga 60 días, que empezaron a contar a partir del 24 de marzo, para que suspenda el programa nuclear. La Junta de Gobernadores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) acusa a ese país de haber violado sus obligaciones en materia nuclear y en septiembre de 2005 pasa el caso al Consejo de Seguridad de la ONU. El 10 de enero de 2006, Irán rompe los precintos de las instalaciones nucleares para reanudar abiertamente los trabajos de investigación nuclear (El País, 10/4/07).

Estados Unidos y la Unión Europea consideraron la actitud del gobierno iraní, presidido por Mahmud Ahmadinejad, como un desafío a la comunidad internacional tras el anuncio de su joven presidente: "me siento orgulloso de anunciar que a partir de hoy nuestro querido país ha entrado en el club de naciones que pueden producir combustible nuclear a escala internacional". Ton Van Lierop, portavoz de la Comisión Europea, dijo que "Irán debe cooperar plenamente con el OIEA y cumplir las decisiones de la ONU", cuyo secretario general, Ban Ki-Moon, se pronunció en el mismo sentido, urgiendo al gobierno de Irán a dialogar y a cumplir la resolución del Consejo de Seguridad que le exige suspender sus actividades de enriquecimiento de uranio.

En tanto, Jeffrey Lewis, científico de la Universidad de Harvard, declaró a la BBC de Londres que considera innecesario embarcarse en programas como el de Irán, y un poco en tono de mofa agregó que el argumento esgrimido por el régimen iraní (orgullo nacional por el avance científico) tampoco es convincente, ya que la tecnología empleada es "tan vieja como el frigorífico".

Parece que tiene razón Lewis en cuanto a que el método para enriquecer el uranio no es ciertamente nuevo. Ya el doctor mexicano Carlos Graef Fernández en más de una ocasión nos contaba en las aulas del Palacio de Minería cómo su amigo, el profesor Beams, se había involucrado en la invención de la ultracentrífuga que lleva su nombre, y era capaz de suspender una esfera de acero entre dos polos magnéticos dentro de una cápsula al vacío que tenía agujeros radiales en los que se cargaba el uranio de diferentes pesos específicos y la hacía girar por medio de un cinturón electromagnético a tal velocidad que podría hacer volar en pedazos la esfera de acero, pero la intención era otra: sacar los cilindros que se depositaban en los agujeros radiales con el uranio ordenados por sus pesos atómicos y separar el de 235, que es el que se usa tanto como combustible industrial como para fines bélicos.

Numerosos alumnos de la Facultad de Ingeniería tuvimos la fortuna de escucharlo del doctor Graef Fernández en los años 40, así es que tiene razón Lewis cuando dice que la tecnología de las centrífugas -las actuales deben de ser muy parecidas a las del doctor Beams- no es tan reciente como muchos suponen, sobre todo en los altos círculos del Pentágono.

Por otra parte, la tecnología para enriquecer el uranio 235 con objetivo bélico es cierto que es muy semejante a la empleada para fines industriales, salvo que hace falta precisamente enriquecer además el uranio 235 para alcanzar la forma de placas delgadas y que no se active el proceso de fisión que podría desencadenarse si se manejara en otras formas, simplemente con los átomos que se encuentran libres en la atmósfera.

No sabemos qué fue primero, si el frigorífico o la energía atómica y la nuclear, pero lo que sí sabemos es que el club nuclear del Consejo de Seguridad de la ONU y el OIEA van a tener muchos dolores de cabeza -probablemente ya los tienen por lo visto-, si van a estar ocupándose extensivamente de la aprobación de cartas de ingreso al club por el simple hecho de que otros países que no están aún en él vayan adquiriendo la tecnología nuclear y que traten de fabricar las ultracentrífugas para enriquecer el preciado mineral.

Por lo pronto, ya el presidente Ahmadinejad hizo la declaratoria de que se han instalado y puesto en marcha 3 mil centrifugadoras necesarias para alcanzar los requerimientos de la producción industrial, y no ha dejado de declarar reiteradamente que no tienen en sus planes la producción del uranio enriquecido con fines bélicos.

Algo debe andar mal en los altos círculos del poder del Consejo de Seguridad de la ONU y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte por los problemas que surgen, sobre todo desde el rincón del golfo Pérsico, donde desembocan los legendarios ríos del Tigris y del Eufrates en la antigua Mesopotamia hasta la frontera de la milenaria Persia con Pakistán y también en Afganistán, pues lo cierto es que en Irak, además de las tragedias que se viven diariamente a consecuencia de la guerra de ocupación en el curso de la cual mueren muchos iraquíes y también soldados estadunidenses mientras que miles de chiítas exigen el fin de la ocupación y los seguidores del Al Sader protestan contra Washington crecientemente ahora que se cumplen los cuatro años de que las tropas de Estados Unidos entraron a Bagdad, pues lo único que en resumidas cuentas han logrado las fuerzas de ocupación es capturar y llevar al patíbulo a Saddam Hussein, pretextando que su gobierno poseía armas de destrucción masiva que nunca aparecieron.

Por otra parte, resulta que donde sí parece ser que hay posibilidades comprobables de que pudieran llegar a tener la bomba nuclear sea, no en el país que se ocupó supuestamente por esta razón, sino en su vecino Irán, cuyo presidente Ahmadinejad se ha negado ahora tajantemente a obedecer las prevenciones de la resolución 1747 del Consejo de Seguridad de la ONU que otorgó a Irán 60 días, que ya están contando, y que terminarían el 24 de mayo de este año, aunque, como queda dicho, no se ve fácil que el segundo productor de petróleo de la OPEP, y segundo también en reservas de gas y de petróleo en todo el mundo, continúe su proyecto para producir energía nuclear además.

 
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