Usted está aquí: lunes 9 de abril de 2007 Opinión Ruta Sonora

Ruta Sonora

Patricia Peñaloza

The good, the bad and the queen

Ampliar la imagen The Good, The Bad and The Queen, nuevo proyecto de Damon Albarn

DAMON ALBARN REGRESA con un nuevo proyecto, The Good, the Bad and the Queen (TGTBATQ), para seguir demostrando que, si bien no es un genio, sí es uno de los músicos más relevantes del rock actual. Y es que luego de agotar el concepto de Blur, banda que le dio fama, con un pop simpático e ingenioso, y de dejar a todos atónitos con el electro-dub-rock pegajoso y las animaciones apocalípticas de Gorillaz, en el debut epónimo de TGTBATQ, Albarn se muestra más transparente que antes, al decidir dejar de ser una "estrella" y concentrarse en ser un músico, un creador de conceptos y de atmósferas esféricas, completas.

Y ES DICHA reputación la que le permite a Damon agrupar a músicos de primer orden: él en guitarra y voces; Paul Simonon, de The Clash, en el bajo; el guitarrista de The Verve, Simon Tong, y el veterano baterista de 66 años, ex Africa 70, Tony Allen. El resultado es algo así como la parte menos frívola de Blur con la oscuridad de Gorillaz, con todo y dub, género al cual es tremendamente fiel, pero aún más viajado y sicodélico, aún más siniestro, de manera particular respecto de la ciudad de Londres, la cual desde la portada aparece en llamas, con un diseño antiguo, como de inicios del siglo XX, imagen que Damon y compañía redondea mediante un look que involucra sombreros de copa, chalecos y polainas. Y bueno, qué mayor referencia vaquera, de crítica antiguerra hacia un Estados Unidos que se cree el sheriff del mundo, que la cinta El bueno, el malo y el feo.

SINCERO Y DESCARAPELADO, genuinamente asustado por lo que puede verse al rededor suyo, Albarn actualiza sonoridades familiares provenientes de viejos fantasmas, de sus evidentes mentores: por ahí puede oírse la influencia de Syd Barrett, más allá del "album blanco" de los Beatles, y uno que otro destello de los Rolling Stones (en sus baladas sesenteras), sin olvidar a The Kinks. La magia de Albarn radica en que nada de ello suena a "fusil" sino a una serie de viajecitos alucinantes, gracias sobre todo a la profusión de arreglos ambientales, cortesía del mega-productor Danger Mouse, quien pareciera haberle aprendido bastante a Nigel Godrich (productor de Radiohead, Air y Beck).

PIANOLAS, HAMMONDS, GUITARRAS acústicas pausadas, bajeos dub, cuerdas y orquestaciones sutiles y elegantes; efectos de eco y reverberación análoga, composiciones "vodevileras", transportan de inicio a fin por un camino tortuoso pero pausado, sin sobresaltos "rocanroleros". Sin duda, al lado de sus contemporáneos, el proyecto de Albarn contribuye a forjar el sonido dosmilero, que junto a bandas como la citada Radiohead, Arcade Fire o TV on the Radio, por ejemplo, implican una sensación de desesperanza dolorosa, melancólica, pero a la vez espacial, llena de sonidos "mágicos", placenteros, acaso como tratando de encontrar belleza en medio de tanto abismo. Ejemplos singulares son su sencillo Kingdom of doom, la extraordinaria Three changes, la hermosa Green fields o la extrasicodélica The good, the bad and the queen (entiéndase que en el lugar de "el feo", va "la reina").

EL ALBUM HOMONIMO de TGTNATQ se disfruta mientras más se escucha, orgánico y entrañable. Es otro de esos discos que no suena a algo conocido (si acaso a Gorillaz). Se trata del disco más profundo y hermoso que haya hecho Damon Albarn. Aunque sin duda, será el menos comercial.

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