Usted está aquí: lunes 19 de marzo de 2007 Opinión Desde el otro lado

Desde el otro lado

Arturo Balderas Rodríguez

Algo más que buenos deseos

Parece que la reforma migratoria puede quedar en el limbo nuevamente debido al enrarecido clima político que prevalece entre la Casa Blanca y el Congreso. Las cuentas no parecen salir a la hora de sumar los votos necesarios para aprobarla, si se considera que una franja importante de legisladores conservadores aún se opone.

El presidente de Estados Unidos tiene los recursos para hacerlos entender, ya no digamos de lo justo y necesario de la reforma, sino del riesgo que corren muchos de ellos en las próximas elecciones si se niegan a reconocer a quienes por derecho propio son parte del entramado socioeconómico estadunidense.

El problema es que por el momento Washington tiene otros problemas que le queman las manos: Irak, Lewis Scooter Libby, Valerie Plame, Walter Reed, Alberto Gonsalez, y lo que se acumule en las próximas semanas. Son demasiados quebraderos de cabeza como para emprender la tarea de convencer a los congresistas republicanos de lo importante que es para su partido apoyar la reforma.

En un intento por distender la tensión, el Congreso puede optar por llegar a un acuerdo sobre la reforma migratoria. No dejará satisfechos a todos, pero a ojos de la opinión pública estadunidense puede ser una muestra de que sus representantes aún pueden resolver problemas por la vía civilizada de la negociación política.

Quienes insisten en oponerse a cualquier concesión a los trabajadores indocumentados han hecho una lectura equivocada, o no quieren admitir la razón por la que en las elecciones de noviembre pasado más de 65 por ciento de los votos de las minorías latinas fueron para el Partido Demócrata. El peso político de esas minorías crece día a día, y se sienten agraviadas por la política migratoria actual.

En este contexto, los que resulten candidatos para la presidencia lo que menos desean es llegar a sus campañas con una reforma migratoria inconclusa y definir su posición al respecto frente a los electores. Conocen bien cuán espinoso es el tema y las implicaciones políticas en manifestarse de una u otra forma. Por ello los ahora precandidatos deben ser los más interesados en que el asunto se resuelva este mismo año. Tal vez sólo sean buenos deseos, pero en una situación tan compleja no es un escenario improbable.

Al margen

* Los legisladores en el Congreso mexicano se deben haber ido de espaldas cuando su colega, el diputado Andrés Bermúdez, mejor conocido como El Rey del Tomate, declaró a la cadena Univisión que el muro servirá para detener a los delincuentes y terroristas que quieren entrar al otro lado, por lo que su construcción está justificada.

* No deja de ser paradójico que en 1989 George Herbert Walker Bush, entonces presidente de Estados Unidos, fue testigo, y en parte actor, de la caída del muro de Berlín y que casi 20 años más tarde su hijo lo sea del levantamiento de otro muro tal vez más oprobioso que aquél. Cosas del destino.

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