Usted está aquí: jueves 15 de marzo de 2007 Opinión Violaciones y denuncias

Margo Glantz

Violaciones y denuncias

Una consecuencia, entre otras, de la predominancia que el actual gobierno ha dado a las fuerzas armadas, educadas en el Heroico Colegio Militar, símbolo de la patria y del pueblo mexicano, es la impune agresión que los militares, conscientes de su poder, ejercen contra las mujeres y contra quienes las protegen y denuncian sus fechorías. Aunque es justo añadir que esta situación no es nueva. Es preocupante sí la actitud asumida por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), cuya gestión ha generado extraña popularidad si se consideran exactas las encuestas publicadas, por ejemplo, en el periódico Reforma.

Veamos:

1. La agencia Efe revela que, en 2006, 11 trabajadoras del bar El Pérsico, municipio de Castaños, Coahuila, fueron supuestamente violadas por unos 20 soldados. Por si no fuera suficiente, se las está presionando para que cambien sus declaraciones y se difama además a quienes las defienden: el obispo de la diócesis, Raúl Vera (reconocido defensor de los derechos humanos) y su portavoz, Jaqueline Campbell, a quien una de las mujeres acusa de haberle dado dinero para imputar a los militares.

Es curioso cómo el lenguaje traiciona y encubre; es imposible culpar a quienes cometen las tropelías: al usarse ciertos vocablos cualquier dato se minimiza y exculpa, el delito se atenúa o desaparece y de manera uniforme -un político corrupto, un soldado violador, un financiero voraz-, ha cometido sólo presuntos delitos o supuestas violaciones. Es obvio, este lenguaje protege a quienes ha sido acusados falsamente; es cierto que forma parte de los recursos legales de los imputados, exculpados hasta que se pruebe el delito, pero es cierto también que esa jerga permite encubrir, a veces de manera definitiva, las violaciones cometidas. El caso se agrava cuando se trata de sexoservidoras, su mismo oficio parece condenarlas. Les pagan por sus servicios y también para que desmientan a quienes las han ultrajado: al fin y al cabo son sólo putas y están dispuestas a cualquier arreglo a cambio de dinero.

A menudo sabemos de casos semejantes, por ejemplo, el de las muchachas de las maquiladoras, violadas, torturadas o asesinadas, crimen que la polícia, la milicia, la clase política y cualquier tipo de macho en general o de beata en particular excusa y aligera, al fin son ellas las culpables, ganan dinero, son independientes, salen de noche, se emborrachan, bailan, se visten de manera provocativa: merecen el castigo.

2. Gravísimo ha sido otro crimen: la violación por supuestos militares de una septuagenaria en Zongolica, Veracruz:

''Amnistía Internacional y la Organización Mundial contra la Tortura (OMCT) exigieron por separado que la investigación sobre el caso de la anciana Ernestina Ascensio Rosario, quien falleció el pasado 26 de febrero tras ser una víctima de una violación tumultuaria por supuestos efectivos del Ejército, sea remitida a la justicia civil, pues en tribunales militares los responsables podrían enfrentar un juicio parcial'' (La Jornada, 11/marzo/2007).

La Sedena, por su parte, niega que sus soldados hayan cometido el crimen:

''La Secretaría de la Defensa Nacional sostuvo en un comunicado (...) que continúan las pruebas periciales, los exámenes de investigación policial y criminalística del campo, y exámenes médicos que incluyen una revisión minuciosa de genitales a todo el personal militar que se encontraba en la citada base, pero no se encontró ningún tipo de lesión, lo que sería 'indicativo para establecer que no han tenido actividad sexual cuando menos siete días antes de los hechos que se les imputan''' (La Jornada, 7 /marzo/2007).

Sin comentarios, y aunque me gustaría emitir alguno, me lo ahorro.

El 10 de marzo, La Jornada dio cuenta de la exhumación de los restos de la anciana ante el asombro y el espanto de los lugareños, operación a sus ojos sacrílega: ''El objetivo era despejar muchas dudas que teníamos sobre la necropsia, anunció Cervantes Duarte, de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos".

Las autoridades indígenas, ante quienes se había presentado a cuatro soldados ''...posibles responsables de la agresión sexual a nuestra hermana mayor..." se mostraron indignados al saber que Guillermo Galván, titular de la Sedena, desmintió que hubiese militares arraigados en el área: ''Ahora dicen que no hay culpables. Entonces, ¿a qué juega ese señor?, ¿o pretende engañarnos?"

El Ejército existe para proteger a los ciudadanos, pero ¿qué deben hacer éstos cuando aquél abusa de sus funciones o las desconoce?

 
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