Usted está aquí: martes 13 de marzo de 2007 Opinión Jean Baudrillard (1929-2007) y la seducción

Teresa del Conde

Jean Baudrillard (1929-2007) y la seducción

En esta misma sección, Pablo Espinosa notificó el miércoles pasado sobre el deceso de uno de los más brillantes, controvertidos y admirados posestructuralistas, quien nacido en Reims -en 1929- sucumbió a un proceso cancerígeno el 6 de marzo pasado. Uno de sus más allegados colegas y maestros fue el semiólogo Roland Barthes, fallecido por atropellamiento de autobús al salir del College de France, en 1980.

Escribo este texto porque la reciente película El escándalo, de Richard Eyre, según la novela de Zoe Séller, que versa sobre hipocresía y seducción, me hizo releer uno de sus libros más sugestivos, donde aclara que la seducción es producto de una estrategia, tal y como sucede en el filme con el fallido intento de la principal protagonista, una maestra bastante radical que no sólo ladra, sino muerde, protagonizada con excelencia por Judi Dench (Barbara), quien plantea en su diario lo que ella desarrollará a partir de hechos acontecidos con otros dos seductores, un adolescente y Scheba, la hermosa maestra de arte (Cate Blanchard), que caen en un laberinto cuyos resultados generan un escándalo absurdo.

La orientación del seductor que en la película es casi un niño, obedecería, según criterio de Baudrillard, a la predestinación graciosa y seductora de la maestra, tanto más poderosa cuanto que es inconsciente.

Al comentar ''el placer espiritual de la seducción", basándose en Kierke-gaard, el filósofo-sociólogo dice que este guión es espiritual, hace falta ingenio, cálculo, encanto y el refinamiento de un lenguaje convencional, pero también requiere de la ''ocurrencia", en el sentido contemporáneo.

En la seducción (ejemplificada en la película) es menester que ''todos los signos caigan en la trampa" y la esencia del seductor es la esencia seductora de la mujer, desdoblada en una puesta en escena irónica, una ilusión exacta de su propia naturaleza, en la que ella caerá sin esfuerzo.

Respecto de la película, tal puesta en escena tiene un fuerte componente edípico, pues el amante de la maestra es el opuesto a su hijo, casi de la misma edad, afectado de síndrome de Down.

La seducción no resulta de una fuerza de atracción de los cuerpos, o de una conjunción de afectos, es necesario que intervenga una falsa ilusión que mezcle las imágenes, ''es necesario que un trazo reúna repentinamente cosas desunidas o desuna repentinamente cosas indivisas" (como el matrimonio de Scheba, cuyo cónyuge, ciertamente mayor que ella, es figura paterna en tanto que se trata de su ex maestro).

La astucia del jovencito, que tarde se da cuenta del contexto familiar de su asediada, tiene lugar en la escena en la que ella le ordena dejar el tocado destinado a su hijo, que habrá de tomar parte en una representación teatral. El episodio guarda analogía con una de las teorías de los espejos: ''Un espejo (imaginario) cuelga de la pared opuesta/ ella no piensa en él/ pero sí el espejo en ella". El chico se confunde para ella con ese espejo, en el que se refleja sin pensarlo mientras que el espejo la piensa.

La contrapartida seductora -que no logrará su propósito en la película que me sirve de ejemplo- es producto de la maestra Bárbara, quien se encuentra en etapa de prejubilación. Algo logra, y lo logra también a partir de entretelas parentales, porque la madre de Scheba, resulta ser otro espejo que la victimizará, en tanto que ella buscará en su colega mayor la protección y el diálogo que está lejos de obtener de su progenitora.

Bárbara se vale del simulacro materno, para así introducir desconcierto, se transfigurará en baluarte protectivo y afectivo, pero su transfiguración adopta la forma de un alarde de cálculo estratégico que será descubierto, debido a la implacable seguridad, casi patológica, que esta anciana seductora deposita en sí misma, evidenciada mediante el diario que con constancia escribe.

Se cree dueña del juego, no intuye en lo mínimo lo que es la insaciabilidad del deseo y así, lo que pudo redundar en una relación de amistad perdurable que rompiera el laberinto de la seducción, se convierte en frustración residual que situará a la estratega nuevamente en el mito de Sísifo. Desde el momento en que la estrategia es descubierta mediante una transacción, se convierte en valor de cambio.

Sin embargo, el encanto que una persona puede ejercer sobre el otra, ¿es siempre maléfico? Baudrillard dice que la seducción ''forma parte de una cultura de la crueldad", pero dice también que el colmo de la seducción es no tenerla, y también que seducir es morir como realidad y producirse como ilusión, como acontece con Narciso, quien se pierde en su imagen ilusoria.

Si me he atrevido a recordar a Baudrillard mediante el cine, es porque como bien se sabe, ha sido el maestro que analiza los constructores ideológicos de la ''realidad virtual", tal y como lo hizo ver la nota que dio cuenta de su lamentado fallecimiento.

 
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