Usted está aquí: domingo 4 de marzo de 2007 Opinión La marcha del mercado petrolero

José Antonio Rojas Nieto

La marcha del mercado petrolero

No deja de sorprender que el desplome de las bolsas de valores en el mundo registrado este martes 27 no se hay visto reflejado en un desplome similar en los precios internacionales del petróleo. Si, en verdad -como en algunas explicaciones se dijo-, esta caída expresó el decaimiento o, también, el desplome de la economía de China e, incluso, de la economía mundial, los precios internacionales del petróleo deberían haberse desplomado. Pero no. ¿Qué ha pasado con estos precios? Con excepción de este viernes que cerraron con una baja de 36 centavos por barril, entre lunes y jueves habían subido 86 centavos, con lo que arroja una elevación neta de 50 centavos de dólar por barril.

Sí, el crudo marcador West Texas Intermediate (WTI) cerró el viernes a 61.64 dólares por barril. No olvidemos que a mediados de enero había caído a 51.13 dólares. ¿Qué sucede en el mercado petrolero hoy? ¿Se va a derrumbar por lo de China? ¿Se caerá por la retracción económica que -pareciera que ya se acepta- vive Estados Unidos?

Lo primero que hay que mencionar es que los inventarios invernales continúan siendo bajos, los más bajos registrados desde el invierno 1999-2000, hecho que ya por sí mismo impide el desplome de cotizaciones. Pero también dificulta una baja de precios, una demanda que en este primer trimestre del año da señales de crecer cerca de millón y medio de barriles respecto del primer trimestre de 2006, entre otras cosas porque, efectivamente, febrero fue mucho más frío de lo anticipado. Y que para todo el año muestra indicios de un crecimiento absoluto cercano a los 2 millones de barriles diarios, uno de los más altos después del sorprendente crecimiento de 2004.

Recordemos que en 2006 la demanda creció en 800 mil barriles solamente. Y que en 2005 apenas poco más de un millón. Estos crecimientos contrastan con el de 2004, casi 3 millones de barriles al día, 40 por ciento de los cuales se originaron en los incrementos del consumo anual de China y de India.

Pero recordemos también o, más bien, sepamos además que originalmente se esperaba un incremento superior a los 2 millones de barriles en el consumo mundial de petróleo para este 2007. Ahora bien, además de una demanda estacional (la del frío invernal) sólida y una demanda estructural (la del crecimiento económico) sostenida, ¿qué otro elementos actúan sobre los precio y en qué sentido?

Primero que nada mencionemos la situación de la producción. La OPEP ha sido firme en recortar sus cuotas y en cumplir esos recortes. En este primer trimestre del año sus miembros producen casi un millón de barriles menos que el primer trimestre de 2006. Intentan -con bastante firmeza en este caso- lograr un precio de la canasta OPEP no menor a los 55 dólares por barril, lo que representa cerca de 60 para el marcador WTI y entre 47 y 48 dólares por barril para nuestra mezcla mexicana de exportación.

Se trata de un nivel de pecios altamente probable por las características estructurales de la demanda que he señalado antes. Pero también porque la ampliación de la producción en los productores No-OPEP (México entre ellos) no parece llegar al nivel de 56 o 57 millones de barriles al día, estimado hace cuatro o cinco meses, entre otras cosas -hay que notarlo bien- los costos de exploración, desarrollo, explotación y, en general de producción, han tendido a elevarse de manera significativa.

Esto presiona también a la elevación de precios, al limitar el margen de capacidad para las ampliaciones de la demanda (el famoso spare), como ha acontecido en los recientes tres o cuatro años.

Un último elemento que actualmente coadyuva al sostenimiento de precios en los niveles actuales o, incluso, superiores, es el de los casi permanentes riesgos geopolíticos. En estos momentos hay tres evidentes: 1) el de Irak, que sin duda tiende a agudizarse aún más, entre otras cosas por la profundización del debate en Estados Unidos y en Gran Bretaña sobre la presencia de sus tropas; 2) el de Nigeria, que vive una agitada coyuntura de elecciones presidenciales; 3) y el de Irán por el recrudecimiento de las tensiones vinculadas con el aliento de su programa nuclear.

Todo esto hace pensar que, al menos por lo pronto y quizá durante este año, no hay razones para que los precios caigan. Menos aún para que se desplomen. La situación de la demanda (estructural y estacional); la de la producción y la de los actuales márgenes y ampliaciones previsibles de ésta; la de sus costos; la de los riesgos geopolíticos.

Todas estas circunstancias hacen pensar que es altamente probable que tengamos una cotización cercana a los 60 dólares por barril para el marcador WTI. No menor a 55 para la canasta OPEP. Y de entre 47 y 48 dólares por barril para la mezcla mexicana de exportación, una mezcla que cada día tiene menos contenido de nuestro preciado Maya, el de nuestra mar amada. La de siempre. Sin duda.

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