Usted está aquí: miércoles 14 de febrero de 2007 Política Cuestión de miras

Luis Linares Zapata

Cuestión de miras

Arrinconado por una alta burocracia federal que se retroalimenta con voracidad inaudita, el presupuesto para 2007 que felipe Calderón envió a los diputados lo presenta ante la nación como un Ejecutivo con las miras achicadas. Así las mostró durante la campaña que algunos interesados dicen que ganó. Así se perfila al través de sus primeros pasos en las oficinas de Palacio Nacional y Los Pinos o disfrazado con la ya célebre casaca de militar en dura faena. Y así se desenvolvió en esa su gira inaugural por la Europa de todas sus búsquedas de reconocimiento.

El Ogro en que Fox convirtió a la alta jerarquía de funcionarios federales va mostrando, a su paso, los privilegios y dispendios de los que está revestida. Tanto los salarios como sus múltiples prestaciones seguirán absorbiendo una parte abultada y creciente de los ingresos públicos. La propuesta de Calderón para recortar 10 por ciento los salarios base no es más que una medida escénica que a poco conduce como ejemplo de austeridad y, menos aún, como ahorro efectivo.

Pero lo grave de la cuestión no se extingue en esos terrenos ya mencionados, sino que se extiende hasta prefigurar las reales intenciones de una administración sin arrestos de grandeza. Es en las asignaciones del gasto programado donde puede verse, con toda claridad, lo que, en concreto, ofrece a los mexicanos como un horizonte futuro. No hay rubro presupuestal alguno que apunte hacia la formación de una base sólida y generosa que sustente el crecimiento deseado de la fábrica nacional a ritmo acelerado. Tampoco lo hace en lo tocante a la corrección de un reparto malsano de la riqueza generada. Menos aún es consistente con las repetidas, cansinas promesas de Calderón de ser el presidente del empleo o de aliviar la pobreza y la marginación.

Pero lo que de veras preocupa es que el diseño que descobija el presupuesto aprobado (aun después de los 70 mil millones de pesos adicionados por los legisladores) no contiene programa alguno que pueda ser detonador de un desarrollo sostenido. Nada de ello se insinúa al examinar el renglón energético, en el que tanto Pemex como la CFE podrían ser palancas poderosas para empujar la maquinaria productiva. Al contrario, las asignaciones pautadas son recesivas en este campo, que en otros países son ya clásicos motores de impulso. La infraestructura quedó a la deriva en espera de la iniciativa de los particulares (IP) en lo que será una segunda o tercera oleada de concesiones. La agricultura y sus prolongaciones agroindustriales aparecen, de nueva cuenta, abandonadas a la suerte de los mercados internacionales, asfixiados, por donde se les enfoque, por una competencia desleal y el empleo de masivos subsidios a los que no se les ve fin ni mengua. Recursos vitales como el agua no serán atendidos, sino con remiendos temporales. Las abultadas inversiones que se requieren para asegurar ese líquido no fueron contempladas en el presupuesto de marras.

Muy a pesar del uso y desuso que Calderón hizo del sospechoso estudio atribuido a una correduría neoyorquina (donde la economía del país, para el 2040, se augura, podría ser la quinta del mundo) quedó sin el sustento educativo, cultural, científico o tecnológico que pudiera tantear, entre tanta frustración y complicidades, tan bello horizonte. En lugar de ello, es fácil observar, en el presupuesto, aun en el finalmente aprobado, las carencias en estos cruciales renglones. Las bases de sustentación que tales actividades aportan en esas circunstancias de astringencia presupuestal son por completo endebles, falsas, estériles. Pero Calderón no se detiene en tales consideraciones numéricas, tasadas en pesos, programas o normas, sino que va mucho más adelante en tales limitantes: firma convenios con la causa misma de la postración educativa. Lo es internamente porque perpetúa y acrecienta la injusticia distributiva como lo demuestran investigadores (José Blanco) y estudios (OCDE) que además apuntan la dependencia y el atraso respecto de las sociedades del conocimiento.

Esta semana se le pudo ver, en un despliegue publicitario adicional, pactando con la maestra Gordillo el futuro del país. No hay, por el momento, un personaje como esa maestra: es un resumen concentrado de lo que se debe y tiene que evitar para airear el ambiente de la nación. Todas sus actividades, que son variadas y constantes, transpiran rencores, anuncian trampas, transparentan corrupción y, lo peor, aseguran ineficacia en las reformas ofrecidas. La educación es el sector que debe ser liberado de las férreas ataduras de un sindicalismo atrofiado. No habrá mejoría educativa en el país con esa estructura sindical encriptada en las siglas del SNTE y que mangonea, como todo un capo de tutti capi, la Gordillo.

Calderón tenía que desatender los reclamos de pago que le hizo la maestra por sus ilegales servicios en campaña. No lo hizo. Sus obligaciones como mandatario de los mexicanos lo obligaban a desprenderse de ellas. No importa que, precisamente por esos mismos servicios, fuera investido como el presidente formal de la República. Transar de manera tan cínica con el futuro de México no sólo es señal de la altura de miras que lo adornan, sino una real traición de Estado que, sin duda, habrá de reclamarse.

 
Compartir la nota:

Puede compartir la nota con otros lectores usando los servicios de del.icio.us, Fresqui y menéame, o puede conocer si existe algún blog que esté haciendo referencia a la misma a través de Technorati.