Usted está aquí: martes 16 de enero de 2007 Opinión Feria de paradojas, confusiones y locuras

José Blanco

Feria de paradojas, confusiones y locuras

Un socialismo "del siglo XXI", un socialismo "en nombre del dios de los padres del caudillo y de Cristo ­el mayor socialista de la historia­", un socialismo "bolivariano y republicano". Un socialismo en el que fue invocado Marx y Lenin; un socialismo anunciado por un "comunista" (eso dijo de sí mismo), que dice apoyarse en "la línea de Trotsky: la revolución permanente". Retórica lunática. Un socialismo que será construido con una "ley de habilitación" que lo convertirá en un dictador que gobernará por decreto y permitirá que se relija indefinidamente.

Un dictador robinhoodesco que reparte en cachitos, a necesitados, menesterosos y oprimidos, la crecida renta petrolera de los últimos años, vía por la cual la pobreza extrema ha disminuido, sin que haya dejado de ser un país pobre y de grave desigualdad. Una renta que llega a Caracas por las condiciones de operación de la economía mundial, no porque la origine la fuerza productiva del país, que gobierna el informado presidente que acaba de lamentar públicamente en la ONU no haber podido conocer a Noam Chomsky, dándolo por muerto.

Un cuasi dictador que frente a la paulatina caída de los precios del crudo sostiene altas expectativas apoyado en los 20 mil médicos y profesores cubanos que trabajan para los pobres y en el anuncio de la estatización de las empresas que habían sido privatizadas. Un cuasi dictador que le callará la boca a los medios que no estén de acuerdo con su "socialismo".

Un dictador que llegará a serlo ­por vía de una mayoría electoral, dicen­ mientras en Caracas uno de los debates más agudos es la magnitud de la abstención (el pico oficial ocurrió en agosto de 2005, en elecciones municipales, cuando llegó a 68.6 por ciento), a la que debe sumarse la alta proporción de los ciudadanos no inscritos en el registro electoral. Ello al tiempo que una encuesta internacional reciente mostró que más de 56 por ciento de los venezolanos dijeron estar de acuerdo con una democracia que ha requerido supervisores electorales externos vestidos con chalecos antibalas para hacer su trabajo. Es claro que esa mayoría no estaba refiriéndose a la democracia, sino al reparto del ingreso petrolero. Esas son las condiciones sociales que hacen posible a un caudillo, de pocas luces pero de intrepidez enloquecida, convertirse en un dictador que pronto lo sufrirán también los que continuarán siendo pobres.

Venezuela es una economía con un ingreso per cápita ­medido en poder de paridad de compra, en dólares­, equivalente a menos de 60 por ciento del ingreso per cápita mexicano. Es decir, es un país pobre que va rumbo a un mayor empobrecimiento. De acuerdo con el estudio de la CEPAL (elaborado con base en cifras oficiales: América Latina y el Caribe: proyecciones 2006-2007), el PIB presenta las siguientes cifras: 2005: 9.3 por ciento de crecimiento; 2006: 5.9; 2007: 4.3. En cuanto al consumo, la CEPAL ofrece los siguientes datos, también en tasas de crecimiento: 2005: 14.5 por ciento; 2006: 10.5; 2007: 7.6. Y la inversión: 2005: 20.5; 2006: 8.0; 2007: 3.4. Cifras calculadas antes de los anuncios "socialistas".

En los dos primeros días de las proclamas anunciadas la bolsa de valores cayó 38 por ciento. Pero Chávez no come lumbre: anunció de inmediato que habría las compensaciones correspondientes: por supuesto, no se trataba de que los expropiadores fueran expropiados ­según sentencia socialista, en términos de Marx­, sino una operación mercantil capitalista forzada por el poder no tan omnímodo de Chávez.

En Venezuela existe control de cambios y un perfecto desorden monetario (en 2006 la masa monetaria primaria aumentó más de 50 por ciento, lo que pronto impactará los índices de inflación), pero pese al "control", la fuga de capitales ocurre, sin problemas, a través de la bolsa de valores: las acciones pueden comprarse en la bolsa de Caracas y venderse en la de Nueva York. El control de cambios es una de las farsas más demagógicas de Chávez. Es altamente probable que el retiro de la autonomía al Banco Central todo lo empeore.

Es claro como el agua que Chávez ha dilapidado una renta petrolera que quizá no vuelva a ver en su vida: no sirvió para proyectos de inversión significativos que le diera entrada a un círculo virtuoso de crecimiento. Sirvió para mantener a una burocracia parasitaria y para pavonearse con otros países en apuros y sin petróleo.

En Venezuela, por cada dólar que pierde el precio del petróleo, el Estado pierde unos mil millones de dólares anuales. La semana pasada, la cesta venezolana cayó 3.56 dólares con respecto a la semana anterior. Habría razones para preocuparse, pero Chávez es suficientemente insensato para estar tranquilo con las altas reservas que aún conserva.

Venezuela será una nueva economía capitalista mixta, subdesarrollada, altamente dependiente, desigual, y encabezada por un dictador con la mente desestructurada... Si es que los gringos no le cierran las puertas al que es el cuarto abastecedor de petróleo del imperio.

 
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