Usted está aquí: martes 16 de enero de 2007 Opinión El Sur

Marco Rascón

El Sur

Nunca hubo tanta necesidad de ver al sur, sea como izquierda, como país, como democracia, como perspectiva. Bajo este derrotero, un grupo de intelectuales, compañeros y amigos de reconocida trayectoria democrática, han elaborado una propuesta de llamado a la unidad contra la "proclividad al autoritarismo" que "podría dirigir al país hacia una dictadura".

La convocatoria que hizo la semana pasada el Grupo Sur a la resistencia social y a la unidad de todas las fuerzas progresistas, es muy valiosa en momentos en que la incoherencia, la inconsecuencia, los errores, la intolerancia, la demagogia, el doble discurso, las alianzas espurias y el pragmatismo tomaron por asalto la conducción no sólo de las fuerzas políticas y sociales democráticas y de izquierda en la pasada elección, sino que también tergiversaron los principios, los conceptos éticos en la práctica política y programáticos para luchar contra el continuismo neoliberal, caracterizado hoy por una conducción de "fuerzas de la derecha".

Recordemos a manera de antecedente que este proceso neoliberal, entregado a los organismos financieros internacionales y bajo un férreo sistema corporativo, fue sembrado en México por el priísmo, al cual se le ve hoy ingenuamente como aliado potencial "contra la derecha" y con el cual se votan conjuntamente leyes y reformas desde el Congreso, dejando que desde su tercera posición el PRI se beneficie en su alianza con el PAN.

Es importante el llamado del Grupo Sur porque abre la posibilidad del debate a fin de recomponer principios y planteamientos fundamentales desde la izquierda, que podrían dar fin al ambiente intolerante que se impuso por el lopezobradorismo, tornando cualquier crítica o advertencia en acusaciones de "traición" o de "alianzas con la derecha", impidiendo el mínimo debate sobre contenidos, candidaturas, formas y estrategias a lo largo de la campaña, y que justificaron prácticas fraudulentas, corrupción, clientelismo y corporativismo en el proceso electoral y por todas las fuerzas políticas.

Hay que tomar en serio el llamado del Grupo Sur para abrir y no encubrir, pues hoy lo fundamental para el avance de "todas las fuerzas políticas democráticas" es llevar a cabo un balance crítico y autocrítico, respecto al proceso de 2006. No se podrá unificar ni luchar "contra la derecha" sin antes pasar por el ejercicio de la autocrítica, aceptar los errores y responsabilidades de cada quien.

En ese sentido, el documento del Grupo Sur es débil, pues en su llamado final no menciona la existencia del Frente Amplio Progresista (FAP), que integra a partidos y legisladores, por lo que pareciera saltarse la realidad y la contradicción entre la caracterización del "avance de la derecha" y las votaciones por consenso del FAP junto al PAN y el PRI. De estos mismos legisladores (entre los que hay violadores a los derechos humanos y aprobadores del Foabaproa) salió también la ley Televisa, la exención a las refresqueras y la aprobación del presupuesto por consenso enviado por Felipe Calderón El Espurio. La realidad viene en camino y amenaza atropellar hasta las mejores intenciones.

Guardar silencio frente a la incongruencia básica da quizás sensación de unidad, pero deja abierta la imposibilidad de recomposición y reitera prácticas de simulación. Pierde su valor el llamado a la otra, la APPO y demás fuerzas, si no recapitula no sólo en la soberbia y sectarismo del pasado ni explica los errores del presente.

Es verdad que en el país están pasando cuestiones graves y a gran velocidad, lo cual debe ser preocupación de amplios sectores sociales y democráticos. Hay una ofensiva compleja y mucho más eficiente a favor de los intereses del neoliberalismo, sembrado ya hace 24 años en México. Frente a ello, no parece correcta la vía de la automarginación de la fuerza electoral. Nunca como en 2006 se reunieron tantas posibilidades y condiciones favorables. La pregunta es: ¿cómo fue posible cometer el tipo de errores que se cometieron antes y después de la elección?

A todos aquellos que advirtieron y levantaron una crítica fraternal, se les acusó de "traición", "obsesión" y "resentimiento". Las respuestas de la dirección lopezobradorista crearon odio, sectarismo, el abucheo y la descalificación, prácticas que ahora se atribuyen al patrimonio de la derecha y se considera que llevarían al país a la dictadura.

Por todo ello, el llamado del Grupo Sur es una oportunidad para debatir fraternalmente, abriendo el expediente completo y al mismo tiempo cerrando el camino a la incongruencia, pues aún hoy, desde la idea del "presidente legítimo", se ve en la actual legislatura a la "interlocutora" a la cual se le mandan "iniciativas", lo cual hace suponer que el FAP sí existe y que los diputados y senadores sí son reconocidos y, por tanto, sus votos son parte de una política que desmiente el diagnóstico y caracterización que hace del país el Grupo Sur "contra la derecha".

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