Usted está aquí: miércoles 10 de enero de 2007 Opinión Bajo la Lupa

Bajo la Lupa

Alfredo Jalife-Rahme

El "nuevo plan" de Irak: ¿para atacar a Irán?

El "nuevo plan" de Baby Bush tiene como propósito obtener la "victoria final" que se le ha escurrido de las manos después de casi cuatro años de su ilegal invasión unilateral a Irak, y constituye una alucinante escalada militar acompasada de su flagrante intervención en el Cuerno de Africa.

Se trata de una vulgar copia de la propuesta del 14 de diciembre "Seleccionar (sic) la victoria: un plan para el éxito (sic) en el reporte interino de Irak", de Frederick Kagan, becario del American Enterprise Institute (AEI), el celebérrimo feudo de los fanáticos neoliberales "ofertistas fiscales" controlado por Lynne, la esposa del vicepresidente Richard Bruce Cheney.

Frederick es hermano del hipertóxico belicista Robert: cofundador del pernicioso "Proyecto para el Nuevo Siglo Estadunidense" (por sus siglas en inglés PNAC), y ambos son hijos del lituano-israelí-estadunidense Donald Kagan, neoconservador straussiano y profesor de historia en Yale quien se dio a conocer con su amplio estudio La Guerra del Peloponeso, de la que por lo visto no entendió sus resultados, ya que la aventura militar bushiana sigue los mismos pasos hacia el suicidio militar del almirante Pericles, que llevó a Atenas a su perdición.

Frederick Kagan pretende que el fantasioso incremento de 50 mil soldados en los próximos dos años en Bagdad y en el bastión sunita de la provincia de Anbar someterá a los "terroristas" (Nota: ahora resulta que defender su terruño de la invasión es un acto terrorista), lo que llevaría a la pacificación y estabilización de Irak.

Ya hemos señalado que el incremento militar en Irak constituye una cobertura para prevenir un previsible levantamiento chiíta árabe en Irak como consecuencia del bombardeo de las plantas atómicas de los chiítas persas de Irán, el verdadero objetivo estratégico del nuevo plan bushiano.

Lo que más preocupa a los teóricos del AEI son las elecciones presidenciales en los próximos dos años, por lo que necesitan un golpe espectacular que han esquematizado mediante la santa alianza de Estados Unidos, Israel y la OTAN con los sunitas "moderados" árabes del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), Jordania y Egipto, para derrotar a la teocracia chiíta de Irán. Mata de risa que el país más bélico del planeta defina quién sea "moderado" y quién sea "terrorista".

El CCG está conformada por las seis petromonarquías de Arabia Saudita, Kuwait, Qatar, Bahrain, Emiratos Arabes Unidos y Omán, relativamente débiles en el rubro militar con 36 millones de habitantes y un PIB de 536 mil 223 millones de dólares, mientras Irán, una mediana potencia militar en ascenso, cuenta con más de 70 millones de habitantes y un PIB de 570 mil millones de dólares.

No se nota mucha cohesión en el CCG en relación con Estados Unidos: en Bahrain, su mayoría chiíta acaba de ganar las elecciones; los Emiratos Arabes Unidos se despojan de sus reservas en dólares por otras divisas más promisorias; Qatar apadrinó en la Liga Arabe y en la ONU la exigencia del retiro de Somalia del ejército invasor de Etiopía azuzado por la banca israelí-anglosajona; y en Arabia Saudita, la casa real wahabita se encuentra dividida entre proestadunidenses y nacionalistas.

A los proestadunidenses los encabeza el ex embajador en Estados Unidos Bandar bin Sultan, íntimo del nepotismo dinástico de los Bush, mientras los nacionalistas están representados por los hijos del asesinado rey Faisal bin Abdelaziz Al Saud: Turki, quien dimitió en forma precipitada a su cargo de embajador en Estados Unidos, y su hermano Faisal, el canciller enfermo.

Por cierto, el rey Faisal fue asesinado por un sobrino curiosamente recién desempacado de Estados Unidos, lo que los analistas avezados atribuyen a su osadía de haber decretado el embargo árabe del petróleo en 1973.

Según fuentes en Washington, el bushiano Bandar bin Sultan desea conformar un bloque sunita contra los chiítas de Irán y sellar una "alianza estratégica" entre Arabia Saudita y Estados Unidos.

El 27 de noviembre Cheney visitó al rey Abdalá de Arabia Saudita para convencerlo de su esquema anti iraní y así incitar a una guerra civil religiosa entre sunitas y chiítas, en la que, a nuestro juicio, perderían ambos, para beneficiar en última instancia al unilateralismo israelí-anglosajón.

En medio de la intensa guerra sicológica de los multimedia israelí-anglosajones contra Irán, de las filtraciones del inminente bombardeo preventivo de sus plantas nucleares por Israel, y del brutal desplome del precio del petróleo manipulado obscenamente por Goldman Sachs (Michael Norman, The New York Post, 8/enero/2007), el mayor banco de inversiones del mundo, para afectar los ingresos tan dependientes de la teocracia chiíta persa, llamó la atención que Arnaud de Borchgrave, editor de la UPI (2/enero/2007), haya advertido que la extrema derecha radical jefaturada por Bibi Netanyahu, el hiperbélico ex primer ministro y ahora líder del partido racista Likud, se encuentra detrás del esquema de Cheney: "Los neoconservadores, quienes trabajan estrechamente en lo que podría ser la siguiente fase de una naciente guerra regional en Medio Oriente, dicen (sic) que Bush tiene la autoridad (¡súper-sic!) para eliminar la amenaza nuclear iraní que tiene como único propósito erradicar a Israel. Una bomba nuclear del tipo de Hiroshima e Israel cesaría de existir".

La poderosa propaganda de los extremistas israelíes abulta la retórica surrealista del presidente Ahmadinejad, pero las crudas afirmaciones de Arnaud de Borchgrave perturbaron nada menos que al retirado general Wesley Clark, anterior comandante de la OTAN y candidato presidencial, según el portal de Arianna Hunffington (5/enero/2007), quien lo entrevistó. Clark estaba furioso sobre el bombardeo preventivo contra Irán: "¿Cómo se puede hablar de bombardear a un país cuando ni siquiera se habla con ellos?" El general Wesley Clark juzga correctas las apreciaciones de Arnaud de Borchgrave sobre un inminente bombardeo contra Irán: "basta leer la prensa israelí. La comunidad judía se encuentra dividida pero existe mucha presión canalizada por la gente (sic) del dinero (¡super-sic!) de Nueva York para los buscadores de puestos públicos". ¿Cómo? ¿La "gente del dinero de Nueva York" compra la presidencia, los legisladores y los jueces? No lo dice cualquier mortal.

Wesley Clark no suelta a su presa y en un editorial afirma que el incremento militar "se le revertirá a Bush" (The Independent, 7/enero/2007).

Zbigniew Brzezinski, ex asesor de Seguridad Nacional de James Carter, en su entrevista con The Financial Times (4/diciembre/2006) advirtió que "sería un desastre para Estados Unidos e Israel involucrarse en un conflicto militar con Irán. Cualquiera que sea familiar con la dinámica geopolítica de la región del golfo Pérsico sabe que tal guerra producirá una devastación económica y consecuencias políticas para la economía global y el sistema internacional. También aislaría a Estados Unidos y crearía circunstancias en las que la preminencia global de Estados Unidos se convertiría rápidamente en una cosa del pasado. Y a su vez tendría consecuencias mortales para el mismo Israel".

¿La "gente del dinero de Nueva York" (léase, la banca israelí-anglosajona) ha relegado a los lúcidos estrategas de Estados Unidos? Algo similar sucedió con la Primera Guerra Mundial azuzada por JP Morgan y los Rothschild.

 
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