Usted está aquí: martes 9 de enero de 2007 Ciencias La triste suerte del jabirú: gigante tímido en peligro de extinción

La caza y la falta de un hábitat adecuado amenazan las diezmadas poblaciones de aves

La triste suerte del jabirú: gigante tímido en peligro de extinción

Su sobrevivencia en México, atada a la protección de Sian Ka'an, Centla y Laguna de Términos

JUAN JOSE MORALES ESPECIAL

Ampliar la imagen Las posibilidades de sobrevivencia del jabirú en México dependen crucialmente de que se conserven y amplíen áreas naturales protegidas de gran extensión, como las reservas de Sian Ka'an en Quintana Roo

El jabirú ­jabiru mycteria para los ornitólogos­ se distingue por dos razones: es la mayor ave de México, y el continente americano, y sobre ella pesa la amenaza de la extinción. Se estima que en todo el territorio nacional no quedan ya más de cien ejemplares, de los cuales una media docena en la Reserva de la Biósfera de Sian Ka'an en la costa de Quintana Roo, uno de sus últimos refugios.

Si los ornitólogos manejan cifras tan precisas, es porque el jabirú resulta lo bastante conspicuo como para no pasar inadvertido, aunque quisiera hacerlo, y ello facilita los conteos y observaciones. Tan sólo por sus descomunales dimensiones le resulta imposible ocultarse. Mide tres metros de punta a punta de las alas y con su talla de más de metro y medio prácticamente iguala la estatura de un hombre pequeño. Cuando camina por la llanura se le puede ver claramente a distancias de más de un kilómetro, sobre todo porque su blanco plumaje lo hace destacar contra el verde de la vegetación. Además, habita zonas de sabana cubiertas casi únicamente por pastos no muy altos. Y por añadidura, elige árboles aislados, secos y desprovistos de follaje para construir sus gigantescos nidos de hasta dos metros de diámetro, visibles a mayor distancia que el propio animal.

El jabirú es fácilmente identificable, tiene el cuerpo blanco, excepto las patas, la cabeza y el pico, que son negros, y como rasgo distintivo, la piel del cuello --que está enteramente desprovisto de plumaje al igual que la cabeza-- es de vivo color rojo, como una bufanda. También se distingue por su enorme pico, de aspecto robusto, puntiagudo y ligeramente curvado hacia arriba. Finalmente, se le reconoce por su peculiar hábito de ascender en espiral al emprender el vuelo, y alejarse sólo después de haber ganado considerable altura.

El jabirú está emparentado con las cigüeñas, en la familia de los cicónidos, cuya antigüedad se remonta a unos 50 millones de años y comprende 17 especies en todo el mundo. En América hay tres, dos de ellas en México: el jabirú y el gaitán o cigüeña americana, mycteria americana, también conocido como acolote.

Pájaros mudos

Todos los cicónidos tienen el mismo aspecto general ­cuerpo grande o mediano, largas patas, cuello alargado y pico grande, usualmente puntiagudo­, habitan zonas de pantanos, lagunetas y otros humedales, son mudos ­el único sonido que producen lo hacen castañeteando el pico­, se alimentan básicamente con animales acuáticos, anidan en lo alto de los árboles y en general son gregarios, o sea, forman grupos. Sin embargo, el jabirú es de hábitos solitarios, no frecuenta zonas inundadas sino sólo ronda por sus cercanías, en sabanas de pastos húmedos, y su dieta se compone, además, de reptiles y pequeños mamíferos, incluso tlacuaches y otros animales de mediano tamaño, además de insectos e invertebrados.

Como en feria

Para usar la expresión popular, al pobre jabirú le ha ido como en feria. En Centroamérica y el sureste de México sus poblaciones han disminuido dramáticamente a medida que aumenta la actividad humana en sus antiguos territorios. En Campeche lo han afectado sobre todo la apertura de campos agrícolas y los trabajos de exploración geológica de Pemex en las sabanas aledañas a la Laguna de Términos, que constituía uno de sus principales santuarios en el país. En Quintana Roo, la construcción de centros turísticos lo expulsó de muchos lugares y ya sólo queda ese puñado en Sian Ka'an.

En Belice, aunque todavía existe en considerable número, también fue diezmado por la cacería de que fue objeto durante años para aprovechar los hasta ocho kilos de carne que rinde. En las islas del Caribe ya desapareció, pues hay muy pocas áreas de sabana apropiadas para él y la elevada y creciente densidad demográfica prácticamente no le deja sitios disponibles.

El gran problema de este gigante de los aires es su timidez. A diferencia de su pariente, la cigüeña europea, que tolera muy bien la proximidad del hombre e inclusive anida sobre las casas en el corazón de las poblaciones, el jabirú es asustadizo y rehuye la presencia humana. Jamás se establece en lugares habitados o sus alrededores, y basta que una pareja anidante se sienta hostigada para que abandone los huevos que está incubando. Por otro lado, su tasa de reproducción es muy baja. Cada año pone sólo dos huevos, que el macho empolla durante el día y la hembra por la noche. La incubación dura unos 30 días y después de nacer las crías permanecen un par de meses en el nido antes de iniciar su solitaria vida independiente.

El jabirú es un nómada que realiza viajes de cientos de kilómetros. Las parejas que anidan en las llanuras campechanas, por ejemplo, emprenden durante la primavera un amplio recorrido por la costa yucateca, aunque se desconocen los detalles de esta migración. Tales movimientos, sumados a sus hábitos solitarios, hacen que requiera enormes superficies de sabana relativamente vírgenes, sin alteraciones causadas por el hombre. Por ello sus poblaciones han sido siempre reducidas, y por ello también han declinando aceleradamente en los últimos años.

Sólo en Sudamérica ­donde se le encuentra hasta el norte de Argentina­ quedan concentraciones importantes, especialmente en los llanos del Orinoco en Venezuela y en la región amazónica de Pantanal en Brasil.

Ante este panorama, las posibilidades de sobrevivencia del jabirú en México dependen crucialmente de que se conserven y amplíen áreas naturales protegidas de gran extensión, como las reservas de Sian Ka'an y los pantanos de Centla en Tabasco, y el área de protección de flora y fauna de la Laguna de Términos.

 
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