Usted está aquí: jueves 4 de enero de 2007 Opinión Confesión de un incauto

Sergio Ramírez

Confesión de un incauto

En una fotografía de estos días de Navidad, el ex presidente de Nicaragua Arnoldo Alemán, condenado por el delito de lavado de dinero, aparece al lado de una estatua de bronce del general Augusto C. Sandino que tiene como adorno en una de las salas de su mansión en la hacienda El Chile. La estatua lo dobla en tamaño, de tal modo que sólo alcanza a tocar con la mano la canana de tiros del héroe, quien murió asesinado por órdenes del general Anastasio Somoza García el 21 de febrero de 1934, tras haber librado una lucha de años contra las tropas de ocupación de la marinería de guerra de Estados Unidos. Murió pobre, sin un centavo que heredar, y la mejor frase suya que recuerdo es: "el hombre que de su patria no exige más que un palmo de tierra para su sepultura, merece ser oído y, no sólo ser oído, sino también ser creído".

A Alemán, lejos del sacrificio y el martirio, un juez federal de Estados Unidos acaba de confiscarle 700 mil dólares que había transpuesto desde Nicaragua a un banco estadunidense, parte de un inmenso botín aún desperdigado por el mundo. Y su respuesta, o la de algún familiar cercano suyo ante el hecho, ha sido que se trata de un acto de represalia por las declaraciones que últimamente se ha dedicado a hacer, alabando al presidente Hugo Chávez, de Venezuela, como un auténtico líder nacionalista popular, y a quien califica, además, como íntimo amigo suyo.

A la mansión de El Chile, en las estribaciones de la sierra de Managua, se llega a través de una carretera asfaltada que Alemán mandó construir con fondos públicos en tiempos de su presidencia, y que no le sirve más que a él y a quienes le visitan para solicitar sus consejos, y su protección, sean diputados a la Asamblea Nacional, Magistrado de la Corte Suprema de Justicia, contralores, o magistrados del Consejo Supremo de Elecciones. La tuvo al principio como "casa por cárcel", gracias a la largueza de los jueces obedientes al recién electo presidente Daniel Ortega, quienes luego agregaron otra, concediéndole todo el departamento de Managua como "territorio por cárcel", es decir, un área de más de 3 mil 500 kilómetros cuadrados, un tercio de Puerto Rico.

La extravagante razón del probo juez, es que se trata de una persona en estado valetudinario, término que según el diccionario de la Real Academia de la Lengua se aplica a quien sufre los achaques de la edad, y vive con la salud quebrada, tanto que no puede valerse por sí mismo; condición que el beneficiado se halla lejos de mostrar en los opíparos ágapes y comilonas que ofrece en su hacienda a sus serviciales paniaguados.

Ahora Chávez tiene ya dos amigos íntimos en Nicaragua, el nuevo presidente Daniel Ortega y Alemán, unidos ambos por un pacto político de vieja data que les sigue rindiendo buenos dividendos. La víspera misma de la Nochebuena han mandado reformar, a través de sus diputados fieles, la ley orgánica de la Asamblea Nacional para repartirse mejor el poder de hacer y deshacer, al punto que ahora, aquellos ciudadanos que siendo llamados a declarar ante la asamblea nos neguemos a hacerlo, seremos declarados en rebeldía y requeridos por la fuerza pública. Es decir, iremos presos. Y agregaron otro artículo heroico: cada diputado tendrá el derecho de importar, libre de toda clase de impuestos, automóviles para su uso particular que serán, sin duda, de lujo.

Con todo esto sólo quiero decir que todos aquellos incautos, entre ellos, yo primero, que tras las elecciones del 5 de noviembre pasado pensamos que la democracia tendría una nueva oportunidad, y que valía la pena el beneficio de la duda, lo que estamos comprobando desde ya es que el pacto más bien está remachando con golpes decididos sus clavos, y toma carices represivos. Y no es extraño que una de sus cláusulas secretas establezca que el próximo presidente de Nicaragua será Alemán, el reo valetudinario, porque le toca el turno. Así se proclama el mismo desde ahora, candidato, con la sonrisa ancha y la estatua de Sandino al lado.

Que se trate de un reo condenado a 20 años de presidio por lavado de dinero y perseguido por la justicia internacional, no es más que letra menuda. Si ahora Alemán tiene todo el territorio del departamento de Managua para sí, pues no es más que a través del pacto con Ortega que los jueces extiendan su condición de valetudinario al resto del país.

 
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