Usted está aquí: domingo 24 de diciembre de 2006 Opinión ¿La Fiesta en Paz?

¿La Fiesta en Paz?

Leonardo Páez

Crisis autoprovocada

EL DOMINGO PASADO ­escribe desde Puebla el aficionado y escritor Héctor Budar­, la empresa de la Plaza México presentó un cartel de mano a mano. Para ser sincero te comento que mi primera reacción desde su anuncio fue que este mano a mano, por más que quisieron adornarlo con "el reto" de un torero español (César Jiménez) a la torería mexicana, con toros de Barralva de reciente encaste español (Parladé), no tenía razón de ser, y no porque los actuantes no tuvieran los suficientes méritos, pues bien demostrada está la capacidad torera de Ignacio Garibay, quien aceptó el "reto", sino porque estas confrontaciones históricamente se dan de manera natural mediante un "pique", motivado por el celo profesional y el contraste de estilos en sucesivas comparecencias. No era éste el caso.

¡AH!, PERO EN el cartel estaba el condimento especial: el toro, amo y señor de la fiesta, y materia prima del espectáculo, por lo que el aficionado acudió a la plaza. No hizo la entrada que los empresarios deseaban, porque aún hay desconfianza, luego del marcado contraste entre la feria torista de mayo y el promedio de los encierros lidiados, pero el jalón lo dio el toro.

LOS TAUROADICTOS QUE asistimos con la esperanza de volver a ver al toro con auténtica bravura, edad y respeto, disfrutamos de una corrida que fue a los caballos con alegría y codicia, aguantando faenas largas y emotivas, porque además había dos toreros que estuvieron dispuestos a jugarse la vida, y se la jugaron.

ESTO DEBE MOTIVAR la reflexión de los empresarios, porque mientras el toro bravo con el trapío que da la edad esté en el ruedo, apoyado por una mercadotecnia acorde al tiempo que vivimos, el público irá a las taquillas en busca de la emoción que sólo puede dar la fiesta de toros, no de toreros ni de mafias de apoderados.

SEÑORES EMPRESARIOS, NO más toros bobalicones a los que han dado en llamar nobles; la nobleza está en las cortes, en el ruedo debe haber sensación de peligro.

CUANDO NOS DEJEMOS de dar coba con el toro de "dulce" y a los toreros se les respete y se les dé la importancia que su profesión requiere, sin el compasivo término de "oportunidad", que más bien empobrece a la tauromaquia, los toreros, que por su edad ya cumplieron con su ciclo profesional, tendrán que pelear en desventaja por el sitio que han dejado atrás a los jóvenes que vayan destacando, porque la fiesta es evolutiva, y aquellos que insistan en permanecer pasarán a las páginas de la historia y no necesariamente bien librados.

POR LO TANTO, el único apoyo para la fiesta es el del público, que por siglos la ha mantenido vigente y la seguirá manteniendo con su participación económica. Que ahora no traten de ofender la inteligencia de los verdaderos aficionados con la mal llamada Asociación Mexicana de Tauromaquia, AC, de sospechosa aparición, buscando apoyos gubernamentales no menos sospechosos mediante la Confederación Deportiva Mexicana ­concluye Budar.

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