Usted está aquí: sábado 23 de diciembre de 2006 Política Yucatán: el partido rémora y los tiburones de la derecha

Enrique Montalvo Ortega

Yucatán: el partido rémora y los tiburones de la derecha

La rémora es un pez de aguas tropicales que, en vez de contar con aleta dorsal propia para nadar por su cuenta, tiene una ventosa ovalada con la que se adhiere a peces mayores, como los tiburones. En virtud de que se adhiere también a los cascos de los barcos se llegó a pensar, por supuesto que falsamente, que era capaz de cambiar su dirección o inclusive de impedir que navegaran.

El PRD yucateco ha venido funcionando como un partido rémora y hasta algunos de sus dirigentes se regodean en afirmarlo. Cuando se acercaba el cambio de gobierno pasado, la dirigencia estatal preparó su ventosa para pegarse al tiburón panista con el pretexto de que habría que terminar con el cacique Cervera Pacheco. Como era previsible, el referido tiburón dio cuenta del viejo cacique y desterró al PRI. La rémora perredista se felicitó por su "triunfo" y su dirigencia se alimentó de las sobras que le proporcionó el tiburón panista a lo largo del sexenio, algunos puestecitos menores y, según algunos militantes, financiamiento para que los aliados del PAN pudieran mantenerse en la dirección del sol azteca y hacer florecer sus negocios. Mientras tanto el blanquiazul erigió un gobierno todavía más empresarial y corrupto que el de Cervera Pacheco, y articuló un clientelismo muy similar.

Ahora que se acercan las elecciones de nuevo se escuchan las voces que apuntan a continuar en la misma posición, pero, eso sí, cambiando de tiburón. Tal vez por ello el ex presidente estatal Eduardo Sobrino dijo que aunque a escala nacional "el PAN y el PRI van de la mano, a nivel estatal el PRD no descarta una alianza con el segundo, siempre y cuando haya candidatos con posibilidades de obtener la victoria". Por su parte, la ex diputada Marbella Casanova, aunque más cuidadosa, dejó abierta la puerta: en el ámbito local "los perredistas no están cerrados a establecer acuerdos o alianzas con otras fuerzas políticas, aunque lo ideal es que el PRD pueda postular a sus propios candidatos". Y agregó que no "se trata de aliarse con cualquiera, sino con aquellos que garanticen respeto a los acuerdos y mayores posibilidades de triunfo" (ambas declaraciones en diario Por Esto!, 30/11/06). La pregunta es hasta qué punto está el PRD yucateco en condiciones de hacer respetar los acuerdos que pudiera realizar con los tiburones pues, como él mismo acepta, el PAN lo traicionó. ¿Cómo podría impedir que lo traicionara ahora el PRI?

Parece entonces que prevalece la ridícula mentalidad de rémora, consistente en negarse a nadar por cuenta propia en los mares de la política y buscar la protección de un pez mayor. O sea que su acción se limitaría a apoyar cada seis años a uno de los dos tiburones, creyendo ilusoriamente que así estarían contribuyendo a orientar la vida pública. ¡Valiente revolución democrática!

El problema de la actitud rémora es que el partido que la asume se ve condenado al enanismo perpetuo. Como no ejercita el nado por cuenta propia, se le atrofian las aletas, mientras se le hipertrofia la ventosa y se ve obligado sexenalmente a cambiar de pez. Además, como vive de lo que le deja el partido al que parasita y no de su propia relación con la sociedad, nunca puede crecer. Pero eso sí, cree firmemente que se mantiene como perpetuo "triunfador". La cuestión a este respecto no es negar dogmáticamente las alianzas, sino que éstas se formulen a partir de lo que puedan aportar al proyecto que defiende el partido y no de una visión pragmática.

Un ejemplo claro de este tipo de partido lo constituyó el Popular Socialista, que cada sexenio podía ufanarse de haber salido triunfador, pues siempre se sumaba, como rémora, al PRI, indiscutible ganador, manteniendo, eso sí, la ilusión de que podía dirigir su movimiento o inclusive impedir su navegación. A pesar de eso, o más bien por semejantes "triunfos", terminó convertido en mero membrete.

Queda otra opción al PRD yucateco: alimentarse del apoyo social y popular; identificar las múltiples demandas y necesidades de la mayoría (no es difícil, son muchísimas), y constituirse en sus abanderados para que se solucionen. A su vez tendría que señalar las incongruencias de esos partidos, especialmente del que está en el poder (como el clientelismo que perdura y se multiplica, la corrupción, la doble moral panista, su actitud represiva, sus acciones antipopulares, etcétera); preparar un programa propio y demostrar que con él todos podemos vivir mejor. Lo fundamental es que tiene que aspirar a crecer y a construirse una identidad propia.

Para ello, por supuesto, necesita asumir la actitud valiente de renunciar a la posición de rémora y optar por la de un partido sólidamente insertado en la sociedad, que mira más allá de las mezquinas cuentas inmediatas de votos, aspira a una verdadera transformación social y está dispuesto a jugársela para ello.

Resultaría paradójico que precisamente ahora, cuando en el ámbito nacional el PRD está desplegando una lucha sin cuartel contra la santa alianza neoliberal que representan el PRI y el PAN, en Yucatán el PRD decidiera someterse al juego perverso de ambas organizaciones políticas y renunciara, por otros seis años, a representar dignamente a la sociedad, a construir sobre esa base su propia identidad y con ello abonar el camino al triunfo de un proyecto de izquierda.

 
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