Usted está aquí: jueves 21 de diciembre de 2006 Opinión Trident

Miguel Marín Bosch

Trident

El pasado 5 de noviembre el primer ministro Tony Blair planteó al parlamento la necesidad de modernizar el sistema de armas nucleares de Reino Unido. El arsenal nuclear británico y sus vectores son muy modestos comparados con los de Estados Unidos y Rusia. Se trata de un sistema de disuasión nuclear compuesto por cuatro submarinos con proyectiles balísticos de alcance intercontinental portadores de cuatro ojivas cada uno. Los submarinos son de la clase Trident.

Con ello puso sobre el tapete político de Reino Unido un asunto que ha provocado un muy sano debate nacional. No era la intención de Blair que el tema de la modernización del sistema de armas nucleares británico despertara tanto interés en la opinión pública, pero así está ocurriendo. Jamás pensó que, enredado como está en la guerra en Irak y en vísperas de dejar el poder, se iría del número 10 de la calle Downing en medio de un feroz debate público sobre una propuesta que quería que la Cámara de los Comunes aprobara sin mucha discusión. La Cámara habrá de tomar una decisión en marzo y Blair cuenta con el apoyo decidido del partido conservador, mas no de todos sus laboristas.

Un sinnúmero de organizaciones de la sociedad civil británica se han movilizado para participar en el debate sobre el futuro de Trident. Estas incluyen, entre otras, el Acronym Institute for Disarmament Diplomacy, el British American Security Information Council, el Oxford Research Group y el WMD Awareness Programme.

Cada proyectil del sistema Trident mide 13 metros de largo con un diámetro de unos dos metros y pesa 58 mil kilos. Tiene un alcance de 7 mil 400 kilómetros y un costo de 30 millones de dólares. Su poder destructivo equivale a ocho Hiroshimas.

Cada uno de los cuatro submarinos mide 150 metros de largo, es decir, dos veces el tamaño de un avión B-747. Entraron en servicio en 1994 y se calcula que su "vida útil" terminará hacía 2020. De ahí la necesidad de tomar una decisión que permita reemplazar a tiempo dichos submarinos. Esa es la opción que prefiere Blair, quien insiste en que Londres mantenga y mejore su capacidad de disuasión nuclear. Argumenta que el arsenal nuclear es necesario para defender al Reino Unido de grupos terroristas y de países que Washington califica de estados al margen de la ley. Lo que no dice es que, al igual que Francia, el arsenal nuclear de Reino Unido le otorga cierto peso político en el concierto de naciones.

Existen otras opciones para un primer ministro que se ufana de las posiciones de vanguardia que ha adoptado en materia de cambio climático y la lucha contra la pobreza en el mundo. Empero, no las quiere contemplar. Quiere un nuevo sistema de disuasión nuclear basado en un Trident último modelo. Pero, ¿a quién pretende disuadir?

La construcción del Trident fue comisionada en 1980 para "disuadir" a la entonces Unión Soviética. Sin embargo, cuando entró en servicio el primer submarino la guerra fría había terminado. No ha surgido una nueva amenaza estratégica comparable a la soviética. Desde entonces Londres ha emprendido importantes operaciones militares en Bosnia, Kosovo y Sierra Leona. Además, soldados británicos participan en las prolongadas guerras en Afganistán e Irak. En ninguno de esos conflictos se pensó en la utilidad de las armas nucleares.

Es más, las percepciones de seguridad han cambiado. El propio Tony Blair ha abogado por una doctrina de intervención por razones humanitarias. Su gobierno ha proclamado la tesis de la "responsabilidad de proteger". De ahí que la mejor y más dramática opción sería que Reino Unido anunciara que, una vez concluida la vida útil del actual sistema Trident, iniciaría un proceso unilateral de desarme nuclear. Ello asusta a muchos políticos que recuerdan el precio que pagó el Partido Laborista hace 30 años cuando insistía en ese tipo de desarme.

Pero los tiempos han cambiado. La pregunta clave es: ¿para qué quiere un nuevo arsenal nuclear cuya "vida útil" se prolongará hasta bien entrado el presente siglo? Si el parlamento se lo aprueba, Londres estará enviando un mensaje claro al mundo: tiene la intención de mantener su arsenal nuclear y de ignorar sus compromisos en materia de desarme nuclear. ¿Qué dirán aquellos países que ahora quieren jugar la carta nuclear? O todos coludos o todos rabones. El flagelo de la proliferación nuclear sólo se empezará a combatir cuando los países que tienen armas nucleares prediquen con el ejemplo y eliminen sus arsenales.

Son rarísimas las ocasiones en que la sociedad civil puede incidir en la toma de una decisión gubernamental de gran trascendencia. La historia no suele ser muy generosa para brindar esas ocasiones. Pero lo ha sido ahora en Reino Unido cuando el primer ministro ha puesto en la agenda del parlamento la necesidad de modernizar el arsenal nuclear británico.

Lo que está ocurriendo en el Reino Unido seguramente no podría repetirse en otros países poseedores de armas nucleares. ¿Se imaginan un debate público en Francia sobre el futuro de su force de frappe? De todos los estados con esas armas, Francia quizás sea el que las tenga más envueltas en el ego nacional. Los franceses sencillamente no lo discuten. Es como su veto en el Consejo de Seguridad de la ONU. Es parte de la vara con que miden su estatus en el mundo.

Cual Neptuno, Blair va en busca de un nuevo tridente. Ojalá que abandone esa búsqueda para así pasar a la historia como el individuo que encaminó al mundo hacia la eliminación de las armas nucleares.

Ahora es cuando debería hacerse valer en Londres la opinión de países como México que durante medio siglo han abogado por la eliminación de las armas nucleares. Hay que animar al primer ministro a que salga por la puerta grande.

 
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