Usted está aquí: lunes 11 de diciembre de 2006 Deportes Brillante faena de Rincón y apurado trasteo de Jorge Gutiérrez, ayer en la México

TOROS

Nuevo petardo de empresa y autoridad y pobre juego del hierro de Campo Real

Brillante faena de Rincón y apurado trasteo de Jorge Gutiérrez, ayer en la México

Torpe estrategia de los taurinos

Angelino ya no debe volver

Un cuarto de entrada

LEONARDO PAEZ

Ampliar la imagen Así, tendido en la plaza, el matador José Luis Angelino esperó al sexto de la tarde Foto: Jesús Villaseca

No tiene remedio. En el subdesarrollo, el sentido común se vuelve ciencia, de tal manera que si un empresario sube el precio de entrada a su espectáculo sin subir la calidad del mismo, la gente deja de ir. Así de complicado.

Empero, todo parece indicar que este abuso sistemático ­novillotes bobos por toros bravos y figurines exigentes por toreros valientes­ lleva un claro propósito: acabar de hundir la actual estructura de la fiesta brava en el país para que, victoriosa y postmoderna, autorregulada y subsidiada a la vez, la Asociación Mexicana de Tauromaquia (AMT), solapada con entusiasmo y patriotismo por la Confederación Deportiva Mexicana, AC (Codeme), "rescate" de una vez por todas a la tradición taurina de México de aquellos que la han hundido.

Sólo que la fantasmagórica AMT está integrada por operadores de quienes hace más de una década ensucian la fiesta de los toros y dan al público gato por liebre. Pero el plan, amén de demagogo e ilegal (ver en la columna de al lado los señalamientos del Consejo Nacional de Asociaciones, Peñas y Aficionados Taurinos de México, AC.), tiene el doble sello de la casa: torpeza y desvergüenza.

Habrá que ver si la Comisión Nacional del Deporte (Conade), que recién encabeza Carlos Hermosillo, impide esta nueva embestida de los taurinos balines pero audaces o respalda sus afanes autorreguladores disfrazados de falsa normativa federada a cargo de la influyente pero ineficaz Codeme.

Mascullaba lo anterior mientras, refugiado en un palco de la plazota, veía desfilar el anovillado encierro de la debutante ganadería de Campo Real, adquirida por la "nueva" empresa Renovación Taurina 2006 y, lo peor, aprobada por el flamante juez Roberto Andrade, recomendado por la cauta Comisión Taurina del Distrito Federal. "Señor juez, ¡es usté un pendejo!", gritó uno de esos maldosos hartos de tanta complicidad impune cuando salió el segundo chivo de la tarde.

Jorge Gutiérrez, con apenas 29 años de alternativa y cuyo pundonor alcanzó apenas para que fuese incluido en la corrida del 4 de febrero próximo en su tarde de despedida, mal anduvo con el que abrió plaza.

Con su segundo, con más cabeza, abierto y cornivuelto, que tomó una vara, Gutiérrez quitó por navarras eléctricas y revolera sin reunirse para luego instrumentar hartos derechazos abusando del pico a uno pasador y bobo, siempre con la cabeza a media altura. Vinieron más tandas por ambos lados y por fin una serie de muletazos por bajo con la zurda que sacaron a la escasa concurrencia del letargo. Dejó media estocada y usía, preocupado por las protestas y mentadas, diligente soltó la oreja.

El talento tauromáquico del maestro colombiano César Rincón ha sido inversamente proporcional a su administración en la Plaza México. Siempre en carteles disparejos y con el impresentable ganado que exigen los que figuran, ayer no fue la excepción.

Malogrado todo intento de faena por el escaso trapío de su primero, unánimemente protestado ­en el primero de los petardos del juez Andrade­, con su segundo, mansurrón pero repetidor y con algo de alegría, Rincón toreó muy bien a la verónica, llevó el toro al caballo por chicuelinas andantes, apenas si dejó que fuese picado, y estructuró una faena ceñida, variada y sólida con ambas manos, salpicada con adornos oportunos. Se salvó César de la cornada cuando el toro lo prendió por el muslo, cayó a horcajadas en el cuello y fue despedido con violencia. Dejó una estocada algo trasera y con buen criterio ordenó a los peones que no intervinieran-molestaran a la res y esperó a que doblara. Muy merecidas dos orejas se llevó este gran torero, triunfador en España y a merced de los taurinos de México.

Tras su tercera actuación, José Luis Angelino ya no debe volver a la plazota, aunque el empresario sea su apoderado. Su toreo necesita el toro bravo, no el de la ilusión, y su estilo requiere afinación y oficio.

Luego de hacerse de su huidizo primero y lograr algunas buenas tandas mató pésimo y petardeó al alimón con el juez Andrade, que si bien le tocó dos avisos no impidió que Angelino usara la espada de descabellar sin que el toro estuviese herido de muerte. Con el último de la tarde José Luis toreo mal de capa pero banderilleó con gran lucimiento. Cuidado pues con malograr a este torero.

 
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