Usted está aquí: sábado 4 de noviembre de 2006 Opinión Cumbres iberoamericanas improductivas

Editorial

Cumbres iberoamericanas improductivas

La ciudad de Montevideo, Uruguay, es la sede de la 16 Cumbre Iberoamericana, la cual comenzó ayer viernes y culminará el 5 de noviembre. En esta ocasión el tema central es la migración, asunto que ha cobrado especial vigencia a raíz de la decisión del gobierno estadunidense de construir un doble muro en la frontera común con México. Sin embargo, dados los nulos resultados obtenidos en anteriores citas, cabe preguntarse: ¿cuál es la utilidad de tales encuentros?

La primera cumbre de la región iberoamericana se organizó por iniciativa del entonces presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari en la ciudad de Guadalajara, en 1991, pero estos mecanismos nacieron bajo el signo de la globalización y de la negociación de los incipientes tratados de libre comercio con Estados Unidos. En ese contexto, el tratado suscrito por Canadá, Estados Unidos y México ha sido punta de lanza de la estrategia comercial hemisférica de Washington, cuyo objetivo final es lograr el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

Hay que señalar que Salinas de Gortari fue uno de los artífices del TLCAN y uno de los principales promotores de la globalización en América Latina, proceso que cobró auge en diciembre de 1994, durante la primera Cumbre de las Américas, celebrada en Miami, en la que se abogó por la reducción gradual de las barreras arancelarias, entre otras medidas.

Sin embargo, a 15 años de que comenzaron dichas cumbres, no se han traducido en acuerdos multilaterales que transformen la realidad de pobreza, marginación y escaso desarrollo político, económico y social de los pueblos latinoamericanos, quizá porque no es ése en realidad el objetivo de las convocatorias, sino parte de la demagogia que requiere la globalización. Es decir, sólo han servido para suscribir programas de cooperación de escaso impacto. Uno de los mayores problemas es que los compromisos surgidos de estas citas no tienen carácter vinculante, por lo cual las resoluciones carecen de fuerza.

Adicionalmente, el movimiento de globalización en el hemisferio ha perdido fuerza debido al rechazo del Mercosur ­en el que participan Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, y con Chile y Bolivia como países asociados­ hacia el ALCA. Estas naciones alegan que todavía no están dadas las condiciones para establecer un área comercial continental que tome en cuenta las diferencias en los niveles de desarrollo y el tamaño de las economías de las naciones americanas.

El ALCA, pues, se encuentra paralizada y por ello las cumbres iberoamericanas han perdido su principal razón.

Esta pérdida de fuerza ha derivado también en falta de interés por estos encuentros, como demuestra el hecho de que en esta ocasión ocho jefes de Estado cancelaron su participación, entre ellos los mandatarios de países líderes en la región, como Luiz Inacio Lula da Silva, de Brasil.

Otros presidentes de otras naciones latinoamericanas, como Oscar Berger, de Guatemala, y Leonel Fernández, de República Dominicana, desairaron la reunión.

Además, en las cumbres los problemas bilaterales menores han acaparado la atención y han desembocado en desencuentros entre las naciones del hemisferio, en detrimento de una visión multilateral de la región (en el inicio de esta cita en Montevideo, la disputa entre Argentina y Uruguay por la construcción de una empresa papelera en un río fronterizo común ha atraído todas las miradas).

Queda claro, pues, que las cumbres iberoamericanas se han convertido en reuniones sin ningún beneficio, con declaraciones conjuntas de buenas intenciones, pero nada más, situación que plantea la posibilidad de cancelar estos encuentros, que sólo sirven para que los jefes de Estado se tomen la foto del recuerdo.

 
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