Usted está aquí: viernes 3 de noviembre de 2006 Opinión PENULTIMATUM

PENULTIMATUM

Marilyn, irremplazable

CUANDO BERT STERN entregó a los editores de la revista Vogue el fruto de 12 horas de trabajo fotográfico continuo con Marilyn Monroe, le dijeron que los desnudos eran ''demasiado planos" para esa publicación. Le sugirieron que realizara otra sesión donde ella apareciera con más ropa y maquillaje. Un día después de que la diva del cine estadunidense muriera en agosto de 1962, la revista publicó nueve páginas con algunas de las fotos que Stern le tomó en el segundo encuentro, realizado, como el primero, en una suite del hotel Bel-Air, en Los Angeles. Cuenta Stern que el sueño de su vida había sido fotografiar a Marilyn y que por eso se sorprendió cuando la estrella aceptó posar desnuda. Hasta el final dudó de que cumpliera. Marilyn llegó a su primera cita con él, apenas con cinco horas de retraso y acompañada únicamente por su respresentante.

FUERON 2 MIL 571 fotos las que tomó Stern en las dos sesiones, pero decidió escoger sólo unas cuantas para hacerlas públicas. Para cada exhibición seleccionaba un lote distinto. En 1982 reunió 59 imágenes para un museo de Estados Unidos. Puestas después en subasta por Sothebys, las compraron los coleccionistas neoyorquinos Michaela y León Constantiner. Esas 59 fotos toman nuevo aire desde que el museo Maillol, en París, las expone desde septiembre pasado con el título La última sesión.

EL EXITO DE asistencia ha sido sorprendente, igual que el catálogo, debido a Olivier Lorquin, director del Maillol y curador de la muestra. Los críticos estiman que las mejores fotos, las más reveladoras del alma de la actriz, son precisamente los desnudos que desecharon por ''planos" los editores de Vogue. En ellas, Marilyn aparece sin maquillaje corporal que impida ver los detalles mínimos de su piel, blanca y pecosa. Apenas las cejas y los ojos suavemente delineados con un color oscuro. Marilyn se le ofrece amorosa y pícara a la lente del fotógrafo, protegida a ratos con una seda transparente o con una pequeña malla con las que juega a ocultar sus senos. En otras, plácidamente, boca abajo, se solaza en la cama mientras juega con un hermoso collar de perlas. La modelo no hizo el menor intento por ocultar la enorme cicatriz bajo el costillar derecho que le infligió un torpe cirujano y que solamente sus íntimos llegaron a ver.

STERN HABIA CAPTADO tres meses antes en Roma a Elizabeth Taylor, en su papel de Cleopatra, maquillada al extremo y con joyas y ropa propias de la legendaria reina de Egipto. El contraste entre ambas figuras era impresionante, contó después Stern.

NUEVE AÑOS ANTES de esta última sesión, Marilyn había posado, también desnuda, para engalanar la portada y las páginas centrales de la revista que significó desde su inicio un nuevo punto de partida sobre el sexo entre los estadunidenses: Playboy. Entonces las fotos fueron ''maquilladas", pero sin que la modelo perdiera el encanto y la sensualidad que la acompañaron siempre. Tampoco existe duda de que, a diferencia de las estrellas kleenex, Marilyn es referencia permanente, icono irremplazable.

 
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