Usted está aquí: viernes 13 de octubre de 2006 Opinión La agricultura que no entendió el foxismo

Víctor M. Quintana S.

La agricultura que no entendió el foxismo

Pobreza tozuda, pertinaz , la del campo mexicano. Por más maquillajes y postergaciones en la publicación de estadísticas, el régimen tiene que aceptarlo: la pobreza afectó en 2005 a mayor número de personas que un año antes. Más de un millón 40 mil personas se agregaron a nivel nacional a la pobreza alimentaria y 270 mil a la de patrimonio. Pero, al desagregar las cifras aparece que tan sólo en un año un millón 600 mil personas del medio rural se incorporaron a quienes sus ingresos no les alcanzan ni para comer y un millón 680 mil más a quienes no les permite cubrir el consumo básico de alimentación, vestido, calzado, vivienda, salud, transporte y educación. La gran contribución al incremento de la pobreza viene, pues, del medio rural.

No es que las cosas le hayan funcionado mal al gobierno de Vicente Fox en lo que se refiere a la pobreza en el agro. Es precisamente porque las cosas le funcionan bien que la pobreza en este medio se incrementa. Porque la verdadera política que genera riqueza o pobreza en nuestro campo no son los programas compensatorios como el Oportunidades. El presente y el futuro de la agricultura mexicana no se deciden en la Secretaría de Desarrollo Social, sino en el conjunto de políticas económicas, comerciales y presupuestales que manejan Hacienda, la Secretaría de Economía y la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural (Sagarpa). Y en todas ellas hace 24 años que las decisiones se toman, no en función de las agriculturas familiares, es decir, de los campesinos, indígenas y pequeños productores, sino a favor de las grandes empresas nacionales o trasnacionales, que cada vez más dominan nuestro agro y concentran la mayor parte de las exportaciones del sector.

Por eso, luego de una breve mejoría coyuntural, la disminución de la pobreza en el medio rural ha vuelto a retomar su tendencia estructural al incremento. De muy poco sirvió que el año pasado tuviéramos un crecimiento económico de los mayores del sexenio y más de 20 mil millones de dólares en remesas provenientes del extranjero, y precios del petróleo al alza como nunca. A pesar de todos estos factores económicos favorables, el campo mexicano se hizo más pobre.

¿Será que el empobrecimiento, la destrucción de las agriculturas familiares y su emigración son el destino fatal para el medio rural de cualquier país?

¿No fue éste el caso de los cientos de miles de granjas que quebraron en Estados Unidos bajo el impacto de las políticas económicas de ajuste del reaganismo a principios de los ochenta? ¿Tendrán razón los tecnócratas salinistas y sus discípulos panistas cuándo afirman que sobran cuando menos quince millones de gentes en el campo mexicano y hay que sacarlos de ahí a golpes de pobreza?

No, incluso sin salirse del marco estrictamente capitalista de la agricultura, hay otras opciones que la concentración de la producción y el ingreso rural en unas cuantas megaempresas. La Unión Europea ofrece un ejemplo por demás interesante: en los 12 países que la componían en 1993, 15 millones de personas trabajaban en 7. 2 millones de explotaciones, en 93.6 por ciento la mano de obra familiar representaba 93.6 por ciento del total de las explotaciones, y aportaba 88.2 por ciento de la fuerza de trabajo en el sector. Las agriculturas familiares son las que aseguran la cobertura de las necesidades alimentarias de Europa y las que han colocado a ésta en una posición de fuerza en el concierto agrícola mundial.

Las condiciones que han permitido la consolidación de las agriculturas familiares en Europa, según Bernard Roux, son: la existencia de un campesinado numeroso con una relación estable con la tierra; el adelanto técnico basado en la capacitación de los hombres y las mujeres del campo; la participación de los agricultores en los intercambios comerciales a partir de la economía doméstica, cuya función básica es la subsistencia familiar; las prácticas solidarias de los productores no sólo en lo productivo, sino en la formación de cooperativas, sindicatos agrícolas y espacios de influencia en las políticas públicas. (Bernard Roux, La agricultura familiar en Europa.)

Por supuesto que esto nunca lo entendió la administración de Vicente Fox. Pero sí lo han entendido las organizaciones campesinas independientes. De nuevo van dejando atrás sus diferencias. Y están preparando una serie de propuestas alternativas de política sectorial para el sexenio 2006-2012 y para el presupuesto rural de 2007. De lo que aquí concluyan y de la fuerza política que desarrollen dependerá si se quiebra estructuralmente la tendencia ascendente de la pobreza rural. De ellos y no de la miopía hacia la agricultura campesina que heredará el gobierno espurio.

 
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