Usted está aquí: sábado 7 de octubre de 2006 Opinión Los de Abajo

Los de Abajo

Gloria Muñoz Ramírez

A 23 kilómetros de la ciudad de Ensenada, camino a Tijuana por la carretera escénica, se observa la construcción de una planta regasificadora que, si los ciudadanos lo permiten, provocará severos impactos ambientales, además de graves violaciones al estado de derecho y, en resumen, una amenaza más a la soberanía nacional.

La península de Baja California, la segunda más grande de todo el mundo, rica en biodiversidad y belleza natural, está amenazada. Leticia Ramírez, del Comité Ciudadano Estatal-Ensenada contra la Instalación de las Regasificadoras y Termoeléctricas Trasnacionales, explica -para los que somos ignorantes en el asunto- que una regasificadora sirve para descongelar el gas, que es trasladado por barco a México desde Indonesia (donde están destruyendo comunidades enteras para extraerlo) y Bolivia.

El gas es descongelado con agua de mar y luego, ya contaminada con químicos, se vuelve a verter al océano, ocasionando con esto irreversibles daños a la fauna marina.

En la Costa Azul de Ensenada, a pesar de las interminables protestas ciudadanas, avanza la construcción de dos grandes tanques de esta regasificadora propiedad de Sempra Energy, compañía trasnacional encargada del proyecto.

Actualmente la península de Baja California alberga un patrimonio natural mundial, tres reservas de la biosfera, nueve áreas nacionales protegidas, hábitat esenciales para tortugas y zonas de reproducción para la ballena gris. Todo esto, y más, corre el peligro de desaparecer.

El proyecto incluye que el gas descongelado se traslade a Estados Unidos por gasoductos de Ensenada a Tijuana, y de ahí a Mexicali, a la planta generadora de energía, también propiedad de Sempra. Esto quiere decir que ni el gas ni la energía son para consumo nacional. Se trata de "maquilarle" la energía a Estados Unidos, explica.

La cadena es ideal para las trasnacionales, las cuales obtienen permisos para trabajar en México con mínimas medidas de seguridad, además de mano de obra barata y toda la disposición de los gobiernos locales y federal para apoyarlos.

El proyecto en Costa Azul es sólo uno de los cuatro que prevé el plan general para la zona fronteriza, y en él se han despreciado los impactos negativos en la vida silvestre, se ignoraron las iniciativas de conservación y uso de suelo, no se hizo un estudio serio de alternativas de localización y, por lo mismo, es muy alto el riesgo de incendio para el ecosistema y la vida humana, pues el gas ya descongelado multiplica 600 veces su volumen y al hacer explosión no se dispersa, sino se convierte en una nube que sigue la dirección del aire.

Todo en este proyecto es ilegal e ilegítimo. Los permisos los otorgó el presidente municipal panista sin consultar al cabildo, y menos a la ciudadanía. "Nadie en Ensenada quiere este riesgo", asegura Leticia, quien con el Comité Ciudadano bloqueó la entrada a la construcción todos los sábados durante nueve meses de 2005. Marchas, plantones, foros y lo que falte, pero "no los vamos a dejar. Ya probamos de todo y ahora sólo confiamos en nosotros mismos".

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