Usted está aquí: domingo 1 de octubre de 2006 Opinión La sombra parlante del que fue

Guillermo Almeyra

La sombra parlante del que fue

Ruego al lector que haga un ejercicio: en las largas páginas "peatonales" de Marcos dadas a conocer hasta ahora (amenaza con más), cuente el número de veces que el autor menciona la autonomía, autogestión, autoorganización, las juntas de buen gobierno, Bolivia, Cuba, guerra preventiva, imperialismo, Asamblea Constituyente o habla de algunos de los principales problemas del país (salarios, trabajo, emigración, agua, energéticos). No hay nada de eso. Verá además que, como en las otras decenas de páginas que durante la otra campaña llenaba con vacío o con lugares comunes (la oposición entre ricos y pobres, por ejemplo), en este folletín por entregas que pretende ser un balance de la otra campaña no hay una idea positiva que ayude a los explotados a entender la situación y organizarse, pero se encuentra uno a cada rato con el racismo (los mestizos son mañosos y agandalladores), el autoritarismo (aquéllos organizan asambleas deliberativas y resolutivas -que votan lo que a Marcos le disgusta- en vez de hacer asambleas simplemente informativas y de escuchar lo que se les dice), el sectarismo (preanuncia la exclusión de los que creen que en la otra campaña se pueden discutir sus decisiones verticalistas) y hay siempre una estrecha visión provincial (lo que sucede en México estaría totalmente desvinculado del resto del mundo).

Para Marcos, la otra campaña (es decir, él) es el eje del mundo: todos los intelectuales, que antes lo apoyaban, lo atacan porque no tienen otra preocupación principal y no porque disientan; La Jornada, que le dedicó extensísimas páginas, supuestamente lo censura y lo acalla, las luchas en Oaxaca estarían dirigidas por la otra campaña, las que se libraron y se libran en Atenco son también obra de ésta, y nadie puede permitirse intervenir en la propaganda por la liberación de los presos porque éstos son "sus presos".

En las interminables entregas pedestres no hay tampoco la menor autocrítica: ¿Qué pasó con la partida tragicómica en moto, con pollo incluido, para llegar hasta Tijuana? ¿Qué sucedió cuando en La Parota declaró que si tocaban ese movimiento -que se esforzaba por permanecer en la legalidad y votó por AMLO- sería la guerra, centrando la represión sobre los guerrerenses? ¿Qué resultados dio la amistosa conversación con Loret de Mola, fumando la pipa y repantigado en un sillón de Televisa, sin siquiera criticar allí al medio tan hospitalario? ¿Por qué no trasladó su mitin de Tlatelolco a Atenco ya que la línea oficial era no tocarle ni un pelo y, en cambio, mandó pequeños contingentes de jóvenes impreparados que fueron víctimas del ensañamiento policial? ¿La resistencia que encuentra es porque es un militar, como dice, o porque es un mal político y, además, autoritario y presuntuoso? Lo peor de todo es que, en las cuatro entregas que hasta ahora he leído, Marcos desarrolla con pormenores qué dijo e hizo cada uno de los "de arriba" pero no dice nada de lo que pasa "abajo".

Cuando mucho concede que hay "movilizaciones" que podrían "transformarse" en "movimiento" (las cuales serían "mucho menores de lo que se dice" y en las cuales participarían "acarreados, buscadores de chambas", pero también algunas "personas honestas") y menciona brevemente la lucha en Oaxaca sin ver en ella ni la autonomía ni el desarrollo de un doble poder frente al gubernamental, ni la relación entre el movimiento y las elecciones (la misma gente movilizada votó dando el triunfo al PRD). Niega constantemente la existencia del movimiento social más importante en 70 años y se limita entonces a decir que la otra campaña reconoce que hubo un fraude escandaloso, pero que no participa en "la movilización" por "respeto" a la "gente honesta" que está en ella nadando entre tiburones salinistas y siguiendo a un peje-tiburón salinizado.

Su visión de la convención nacional democrática (CND) y del movimiento social es simple: AMLO es sólo un flautista de Hamelin que encanta a millones de no-pensantes con su música demagógica. Ofrece la versión, supuestamente de izquierda, de las acusaciones de la derecha internacional sobre el "populismo" AMLOchavista.

Marcos no es el único en esta línea. El llamó a no mirar hacia Bolivia y no menciona el esfuerzo heroico que para llevar a cabo la Asamblea Constituyente y cambiar el país -en medio del sabotaje nacional e internacional y del secesionismo de la oligarquía- realiza allí un gobierno popular de indios y mestizos que carece de medios y de cuadros bien preparados.

Otros, que gustan ostentar un rojo gorro frigio libertario, como muchos infantiles bolivianos o, en particular James Petras, critican ferozmente a Evo Morales -¡justo ahora, cuando la derecha organiza la guerra civil y Evo llama a imponer la mayoría y la voluntad popular en la Constituyente y en el campo y las calles!- y subrayan sus límites y errores sin siquiera preocuparse por el contexto.

Como se sabe, los niños nacen cubiertos de sangre y de impurezas: ahora bien, para esa gente tan exigente y exquisita lo importante no es la nueva vida que pugna por desarrollarse sino lo que la cubre y hace antiestético el nacimiento. En vez de proponer ideas, proyectos, medidas o, simplemente, de reflexionar sobre cómo desarrollar el movimiento social, lo identifican con su dirección actual y lo desconocen o lo dan por perdido. Quien no ve los movimientos sociales -sobre todo si, como el de los "renegados" mexicanos, pueden cuajar en una real CND que organice amplios sectores de masa- está condenado a aislarse y su base, que además se restringirá, será más fácilmente presa de la represión de la derecha. Apoyar la CND, para la otra campaña, digan lo que digan los organizadores de derrotas, es por eso antes que nada cuestión de sentido común.

 
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