Usted está aquí: viernes 8 de septiembre de 2006 Espectáculos EL FORO

EL FORO

Carlos Bonfil

Días de Santiago

Ciudad sin oportunidades

Ampliar la imagen Fotograf�a de la producci�n peruana

DIAS DE HARTAZGO. Santiago Román (Pietro Sibille) es un ex combatiente peruano de 23 años, quien a su regreso de un doble frente de combate (cruzada antisubversiva y guerra contra Ecuador) se descubre en Lima desempleado, deprimido, engañado, privado de todo reconocimiento por parte de una comunidad que lo considera un paria social.

EN DIAS DE SANTIAGO, su primer largometraje, el peruano Josué Méndez propone el recorrido existencial de este joven por la ciudad vacía de oportunidades laborales. Paulatinamente describe el deterioro mental de Santiago a medida que éste va descubriendo la grave disfunción familiar que lo rodea: la pedofilia del padre, el violento machismo del hermano, la indefensión materna y su propia incapacidad de relacionarse con su esposa.

CADA PARIENTE SE vuelve una presencia hostil, amenazadora, hasta esbozarse en poco tiempo el retrato clínico de un ser paranoico, arrinconado en una ciudad enemiga. Para expresar de modo sugerente el conflicto sicológico que vive Santiago, su distanciamiento de la realidad y de su entorno afectivo, el realizador recurre a un procedimiento un tanto elemental, aunque por momentos eficaz: secuencias de color en alternancia con otras en blanco y negro, aludiendo a la violencia vivida en el frente, retomando luego el ritmo, no menos siniestro, de la realidad cotidiana.

EL LENTO PROCESO de desquiciamiento no culmina en un delirio homicida, como en el antecedente más evidente, Taxi driver, de Martin Scorsese. Santiago Román no es una versión limeña de Travis Bickle (De Niro), aunque esporádicamente comparta con él un oficio de taxista y la afición por una núbil compañía femenina.

SU PUNTO DE LLEGADA es la morosidad y el desencanto. No hay un perfil excepcional ni una talla de antihéroe en Santiago, un desempleado más en una capital de racismo y miseria. Un grado mayor de malicia y buen humor lo emparentaría con el grupo de desempleados de Los lunes al sol, la cinta del español Fernando León.

PERO LAS EVASIONES festivas, las coartadas del ánimo melancólico volcado a la picardía están definitivamente fuera de su alcance. Josué Méndez se atiene a las imágenes de una derrota personal que es paralelamente reflejo de una generación sin grandes perspectivas.

EL CHOLO MENDEZ no encuentra inserción alguna en la sociedad, que sólo conjuga nociones de responsabilidad compartida y eficacia neoliberal. Una secuencia como la fallida compra a crédito de un refrigerador es, en su laconismo dramático, la mejor ilustración del desamparo social absoluto que vive el triunfador de tantas épicas ajenas.

MENDEZ, EL NACO limeño, es el desclasado por excelencia, con raros momentos de gratificación sensorial (la complicidad afectiva que tiene con un grupo de jovencitas de ánimo festivo), que pronto derivan en nuevas constataciones de vulnerabilidad social. Un acierto del director es no recurrir a las facilidades del melodrama social y brindar, en cambio, una mirada sobria y desapasionada de esta realidad peruana, concentrada y matizada en la notable actuación de Pietro Sibille.

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