Usted está aquí: viernes 1 de septiembre de 2006 Cultura Europa: entre el impulso a la cultura y el libre mercado

Europa: entre el impulso a la cultura y el libre mercado

Ampliar la imagen El fomento a la lectura, principal bandera de los simpatizantes del precio único del libro * José Antonio López

Madrid, 31 de agosto. Los países europeos, precursores de la industria editorial en el mundo, mantienen desde el siglo XIX un debate silencioso pero intenso sobre el modelo a seguir en la comercialización del libro. En pugna hay dos grandes modelos: el "continental", que por ahora va ganando la batalla y que establece el precio fijo o único del libro como piedra angular de la mejor y mayor difusión de la cultura. Y, el segundo, es el llamado "modelo anglosajón", que defiende los criterios del libre mercado y la liberación absoluta de los precios.

El negocio del libro ha suscitado una pugna permanente entre los economicistas de la cultura y los defensores de la diversidad y riqueza literarias. Ambas tendencias constituyen, a su vez, formas antagónicas de entender al libro como tal.

Los partidarios del precio único o "modelo continental" son Francia, Italia, España, Alemania, Grecia, Dinamarca, Noruega, Austria, Suiza, Holanda, Portugal y Hungría. Estas naciones defienden las virtudes del precio fijo: se asume el libro como un "bien cultural que requiere de cierta protección del mercado frente a los envites imprevisibles del mercado; se incorpora al libro como una manifestación de la diversidad cultural, al que hay que cuidar como una parte singular de la memoria histórica y artística de los pueblos; el precio único garantiza el acceso igualitario a la cultura, y, por último, se garantiza la existencia de pequeños libreros y difusores minoritarios de la cultura".

Por otro lado, el "modelo anglosajón" se aplica únicamente en Reino Unido, Irlanda, Luxemburgo, Suiza y Bélgica, donde desde la incorporación de esta filosofía al mercado editorial han disminuido sensiblemente las pequeñas librerías y los títulos de libros, además de que el precio del producto es más caro que el de los países que optaron por el precio fijo. El principal argumento de los apologistas del "modelo anglosajón" es de carácter economicista, al defender el ideario neoliberal de las ventajas colectivas del libre mercado en todas las áreas, así como su frontal oposición a cualquier tipo de subsidios a la industria editorial o de medidas proteccionistas para salvaguardar la cultura.

Francia, modelo a seguir del precio fijo

El ejemplo más nítido de la evolución en Europa del debate sobre el mercado editorial es Francia, un país que desde el siglo XIX ha adoptado los tres esquemas más conocidos para la comercialización de los libros. Que son: el del precio fijo; el denominado "aconsejado", que permitía al editor proponer el precio del libro, pero dejando al distribuidor la libertad de decidir el valor final de venta al consumidor, y, finalmente, el que permitía la libertad absoluta, tanto para fijar el precio de salida como de venta en las librerías. A mediados del siglo XX Francia adoptó el mercado libre por unos años, lo que provocó que poco tiempo después la industria editorial gala viviera una de sus crisis más profundas, que obligó al Estado a aplicar medidas de apoyo para salvar a las librerías y a las propias editoriales. Posteriormente se experimentó con el sistema del "aconsejado", pero también fracasó.

Así que, finalmente, en 1981 se aprobó la llamada Ley Lang, todavía vigente, que fijó por primera vez con carácter legislativo en Europa un precio único del mercado de libros. Esta normativa, convertida en poco tiempo en referencia en el resto de los países europeos, obliga a los editores e importadores de libros a fijar el precio minorista en la contraportada, además de que el distribuidor minorista no puede alterar este valor en la venta al público. El límite temporal de estas restricciones es de dos años, si bien otra cuestión de vital importancia para su cumplimiento fue que, también por primera vez, se incorporaron sanciones penales a los que no cumplieran con esta legislación.

El caso de la Ley Lang francesa significó un parteaguas en la forma de entender la comercialización de los libros en Europa, al convertirse en referente de los países que con el paso de los años incorporaron a su legislación normas similares, como los casos de Italia, España, Alemania y Portugal.

Pero el modelo del precio fijo o único se ha estado aplicando en Europa desde el siglo XIX, como ha ocurrido en Alemania, donde en 1888 los editores y libreros alemanes firmaron un convenio colectivo en el que se comprometían a respetar y garantizar al consumidor el precio fijo del libro. Este modelo subsistió hasta el año 2002, cuando finalmente las autoridades germanas decidieron legislar en esta materia, adoptando una normativa similar a la francesa.

Otros países, como España, se encuentran en estos momentos en el preámbulo de la aprobación de una legislación particular sobre la comercialización y distribución de libros, con el objetivo de llenar un vacío legal en esta materia. En España la norma que vigila que se aplique el precio fijo en el país data de 1972, en las postrimerías de la dictadura franquista, cuando se aprobó el artículo 33 de la Ley del Libro que garantizaba que el precio de los textos al por menor y por mayoreo lo fija el editor y tiene que aparecer en el propio producto. La única reforma relevante que se aprobó en los años recientes fue la adoptada por el anterior gobierno, del derechista José María Aznar, que permitió el descuento en textos escolares, lo que resultó "muy contraproducente para los libreros", explicó a La Jornada Rafael Martínez Alés, ex editor de Debate y uno de las máximos expertos en esta materia del país.

"También es importante el precio único para preservar el equilibrio ecológico de la cultura, para que haya más librerías y todas puedan competir en igualdad de condiciones. En México, donde hay tan pocas librerías, cualquier regeneración de estos negocios pasa por la adopción de un modelo de precio único. A pesar de que desde algunas posturas economicistas se sostenga que el precio fijo encarece el libro, es una discusión que ha habido siempre. Pero es completamente falsa y es una política engañosa", explicó Martínez Alés.

El caso del Reino Unido es opuesto al francés, al alemán o al español. En este país, después de vivir durante más de un siglo con el modelo tradicional que garantizaba que los libros se tenían que vender al mismo precio en todos lados, se optó por derogar esta ley hace seis años. Así, Inglaterra siguió la senda del mercado estadunidense, lo que ha provocado que en este tiempo hayan desaparecido prácticamente todas las librerías independientes y pequeñas, que la industria editorial se encuentre a la baja y que los precios de los libros al consumidor sean hasta 50 por ciento más caros que en Francia.

Armando G.Tejeda, corresponsal

 
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