Usted está aquí: jueves 13 de julio de 2006 Opinión Woyzeck

Olga Harmony

Woyzeck

Es muy sabido que este texto fue encontrado tras 75 años de la muerte de George Büchner en forma de escenas sueltas que fueron ordenadas por Emir Lazos, lo que da origen a una estructura muy especial a la que muchos atribuyen el origen del expresionismo, amén de ese determinismo entre lo social y lo orgánico que revelan los conceptos de principios del siglo XIX y que muestra a los personajes más como prototipos que como seres pluridimensionales. Para otros, Woyzeck es el inicio del realismo social, tomada la historia de una nota roja. Büchner en su juventud perteneció a un grupo revolucionario de Grenien que intentaba unir a los estudiantes revolucionarios con las masas revolucionarias y publicó una revista -que tuvo un solo número- con el lema ''paz a las chozas, guerra a los palacios'' por lo que tuvo que huir a Suiza. No es extraño, entonces, que muestre a los pobres de manera muy manifiesta, porque aunque Fígaro venció al conde de Almaviva muchos años antes, por primera vez en la dramaturgia las reiteradas alusiones a la injusticia social van muchísimo más allá de lo que propuso Beaumarchais en sus alegatos contra la nobleza.

La ópera de Alban Berg mantiene en los escenarios esta obra y entre nosotros Rodolfo Obregón la dirigió en una escenificación que se ha vuelto memorable entre quienes la vieron. Agustín Meza hace una versión muy interesante de la obra original, respetando en todo los parlamentos, pero suprimiendo algunos personajes cuyas palabras en muchas ocasiones adjudica a otros, como ese vagabundo -en el programa llamado ujier- que da la perorata del muchacho en la taberna y las palabras finales del agente de policía, o el cuento de la abuelita a las niñas (ni la una ni las otras aparecen) que se adjudica a Marie relatándolo a Christian. En su montaje, Meza añade un personaje, esa Mina que es una visión del afiebrado Woyzeck en forma de niña, casi representación de la muerte que lo acecha y que se lo llevará al final y hace del pregonero en la barraca de feria una presencia casi constante y pesadillesca, con lo que acentúa el delirio del protagonista.

Agustín Meza juega con el expresionismo casi todo el tiempo y con el realismo en las escenas del médico -con un gato de verdad en su momento- y con el vestuario de María Ros, pero añade su propia visión de la obra que fue elaborando a lo largo de dos años. La escenografía es del mismo director, con iluminación de Blanca Fozán. En un cuadrilátero de marco de madera, relleno de virutas también de madera y con el público colocado en dos de sus lados, se muestra en el centro un receptáculo de plástico lleno de agua, que será el símbolo omnipresente de la laguna y que servirá para algunos de los juegos más notables de la escenificación -como ese barquito de papel incendiado cuyo fuego sube por un hilo pendiente del telar hasta que se consume- y un artefacto de madera oscura que sube y baja con goznes de metal, que en un principio muestra un carrusel, un caballito y un mono de juguete, que serán los elementos del momento de la feria. Completan la escenografía un móvil de tubos de metal que suenan como campanas, los barriles en las esquinas en que se sientan los actores y una pequeña pared encristalada en que se abre una puerta practicable y que se coloca un par de veces.

Este espacio da todos los escenarios pedidos por Büchner, aunque a veces el piso de virutas sustituya la casa de Marie, como la escena en que juegan Christian y Karl, sembrando el arbolito. El artefacto, cuando está bajo es el lecho de Marie, cuando está alto sirve para varias otras escenas, entre otras el camino del crimen que es dado de una manera excelente, como un baile de enamorados que culmina con la muerte de Marie. También la escena erótica entre la muerte y el tambor mayor está solucionada como un sensual baile y hay muchos otros detalles de dirección que refrendan el talento de Agustín Meza con un elenco de jóvenes actores que lo mismo muestran juegos corporales que expresan una gran gama de sentimientos y entre los que resalta Tomás Rojas como el protagonista, seguido de Ireli Vázquez como Marie, Mario Balandra como el capitán, Llever Ariza como el doctor, Erwin Veytia como tambor mayor, César Ríos como Andrés, el pregonero de Ramón Solano, el judío y el ujier de Mario Balandra, César Ríos como Karl, la Mina de Adriana Segura y el niño Diego Oropeza.

 
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