Usted está aquí: miércoles 14 de junio de 2006 Opinión México SA

México SA

Carlos Fernández-Vega

Amenaza de "huelga fiscal" de empresarios

Estudio del CIDE señala que las exenciones cuestan al país 2.1% del PIB

Ampliar la imagen Roberto Hernández, integrante del consejo de administración de Citigroup Foto: La Jornada

Ampliar la imagen Andrés Manuel López Obrador, candidato a la Presidencia por la coalición Por el Bien de Todos, en campaña en Chiapas Foto: Carlos Ramos Mamahua

Las cabezas visibles del empresariado nacional de primer nivel se muestran "indignadas" por los señalamientos del peje candidato, en el sentido de que "los de arriba no pagan impuestos", y para demostrar que sí lo hacen, amenazan con una "huelga fiscal" en caso de que Andrés Manuel resulte vencedor en los comicios del próximo 2 de julio.

Entre esas cabezas, Alberto Fernández Garza, presidente de la siempre democrática y plural Cámara de la Industria de la Trasformación (Caintra) de Monterrey y ex presidente de la diócesis conocida como Coparmex, de plano no se pudo controlar: "Nos indigna que diga que somos culpables de no pagar impuestos, porque es lo único que hacemos", declaración que de inmediato fue avalada por empresarios bursátiles como Roberto Hernández y demás barones de la especulación.

El Consejo Coordinador Empresarial fue la primera institución del gran capital en hacer público su rechazo a las declaraciones del tabasqueño ("los empresarios aportamos a Hacienda 62 por ciento de lo recaudado por el fisco el año pasado"), pero Fernández Garza fue más allá: "En el caso de México lo que se está generando como impuestos es lo que pagan los empresarios, es lo único que se está gastando; exigiríamos que nos reconozca como generadores de empleos y de impuesto. En caso contrario haríamos una huelga de impuestos para que se nos con reconozca ese papel".

Garza no midió el efecto de sus palabras, porque si es por medio de la generación de empleo como debe medirse el pago de impuestos que hacen los empresarios, entonces éstos merecen orejas de burro, más allá de la decidida intervención de la Secretaría de Hacienda porque la creación neta de plazas laborales a lo largo del "cambio" es verdaderamente ridícula.

Pero más allá del tango armado por los rostros visibles del empresariado de primer nivel, debe atenderse el más reciente estudio (Evasión fiscal del impuesto sobre la renta de personas morales) que el CIDE elaboró para el Servicio de Administración Tributaria (SAT), y cuyas conclusiones parecen no coincidir con aquello de que "lo único que hacemos" es pagar impuestos.

En este sentido, advierte que el nivel de evasión del impuesto sobre la renta de las personas morales para los años 2002 y 2003 se ubicó en rangos de entre 32.6 y 39.5 por ciento del potencial del impuesto. Además, las exenciones fiscales -que gozan muchos empresarios de primer nivel- le cuestan al país alrededor de 2.1 por ciento del producto interno bruto. El resultado del citado análisis "sugiere que este tratamiento beneficia a personas morales de gran magnitud, que lo utilizan para eludir" sus responsabilidades fiscales.

Una de las principales implicaciones del estudio es que existe demasiado tratamiento especial que facilita la evasión y elusión, además de representar grandes pérdidas fiscales al erario, en un país con grandes necesidades sociales y de infraestructura.

De acuerdo con el CIDE, la habilidad del contribuyente para eludir (e incluso para evadir) el cumplimiento de la ley depende, en gran medida, de la percepción que tenga de ser detectado y efectivamente sancionado por la autoridad fiscal. En este sentido, con el crecimiento de la presencia de las empresas trasnacionales en el país desde la segunda mitad del siglo pasado, en un entorno de apertura a las inversiones y el comercio internacional, las empresas mexicanas encontraron esquemas de elusión para disminuir la base gravable del impuesto sobre la renta, o incluso para generar montos considerables de pérdidas fiscales (léase Diego Zavala) por medio de la transferencia de utilidades hacia el extranjero. Esta transferencia se daba a través de esquemas tales como los precios de transferencia, los paraísos fiscales y la llamada capitalización delgada o insuficiente, y México se encuentra entre los países que más presentan este fenómeno en relación con el comercio con Estados Unidos, su principal socio.

Otra práctica elusiva muy común para diferir o eliminar la carga fiscal, se refiere a la transferencia o generación de utilidades en empresas o entidades sujetas a regímenes preferenciales o jurisdicciones de baja imposición fiscal.

Resulta aventurado asegurar que todos los empresarios evaden o eluden al fisco, pero lo cierto es que las grandes fortunas -vergonzosamente voluminosas, aunque no numerosas- se han amasado haciendo negocios con y desde el poder, y en este sentido el asunto de los impuestos forma parte de ellos.

Ahora que si las cabezas visibles del empresariado mexicano de primer nivel están "indignadas" por el señalamiento, bien podría Roberto Hernández salir al quite y pronunciarse sobre la evasión y elusión fiscales en México.

Las rebanadas del pastel:

Aferrado, el Partido Acción Nacional asegura que los privilegiados contratos obtenidos por el cuñado incómodo "han sido desmentidos" por la Secretaría de Energía, Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad, pero se le olvida lo mero principal: que el propio Diego Zavala ha confirmado que en tiempos del Feliproa en la Sener recibió lo suyo.

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