Usted está aquí: lunes 29 de mayo de 2006 Estados Amenaza el hambre a la sierra de Chiapas; el cafe dejó de ser opción

Se agotan las alternativas para sobrevivir al aislamiento en la temporada de huracanes

Amenaza el hambre a la sierra de Chiapas; el cafe dejó de ser opción

Las tormentas del año pasado arruinaron cosechas y tierras de las que viven 10 mil familias

ANGELES MARISCAL CORRESPONSAL

El Porvenir, Chis., 28 de mayo. El hambre es una realidad que amenaza con asentarse en los poblados de este municipio de la sierra del estado, donde la economía basada en la siembra de café quedó truncada por las lluvias del ciclón Stan, en octubre pasado.

Catarino Hernández Vázquez, habitante del barrio Nuevo Ixtepec, sabe que en estos terrenos de pendientes pronunciadas pocos cultivos podrían ser una alternativa y trabaja afanosamente en sembrar unas plantas de aguacate.

De sobrevivir este fruto en la región podría empezarse a producir en dos años y ser el salvavidas de unos 60 campesinos y sus familias.

Sin embargo, no todos tienen esta fortuna. Hay unas 10 mil familias que habitan en comunidades aisladas en la sierra, de donde bajar requiere siete horas de camino, la mayor parte a pie, y dinero, del cual carecen.

Leobarda Santiz bajó al poblado Belisario Domínguez, proveniente del ejido El Toronjil, municipio de Motozintla. Caminó entre peñascos durante tres horas para rodear un camino vecinal acabado hace ocho meses, y luego tomó un transporte colectivo para finalmente llegar a este lugar.

En su bolsa lleva 230 pesos, con los que espera comprar sal, azúcar y jabón para los próximos tres meses, porque sabe que ahora que empezó la temporada de lluvias quedará aislada en su comunidad, como en años anteriores.

La diferencia ahora es que sus sembradíos fueron arrasados por las lluvias de Stan y no obtuvo recursos por la venta del café. Sus cultivos de traspatio -frijol, tomate y un poco de maíz- tampoco se salvaron.

La mujer regatea en las tiendas de Belisario Domínguez mientras su esposo busca a los encargados de las constructoras que trabajan en la zona para trabajar unos días y comprar víveres.

Ambos planean regresar antes de que las lluvias cierren el paso a su poblado porque dejaron a sus hijos encargados con un familiar.

La historia de Leobarda y su esposo se repite en toda la zona. Efigenio Morales Carbajal, comisario ejidal en el municipio de Escuintla, fue nombrado para intentar conseguir recursos del gobierno para la compra de despensas y animales de traspatio, como gallinas y conejos.

''Estamos sobreviviendo con mucho esfuerzo, ganando salario mínimo en las constructoras. Ahorita se mitiga el hambre porque muchos se han tenido que ir a Estados Unidos'', relata.

''Durante el primer mes y medio luego de la tragedia recibimos despensas, pero ahora ya no se tienen apoyos para la comida. La gente tiene que buscar en el monte su sustento; está comiendo hierbas... Ya se ve desnutrición en los niños'', advierte.

El campesino explica que si no consiguen víveres ahora, más tarde sólo podrán enviárselos por vía aéres. ''Hay quienes tienen que caminar 15 kilómetros cargando 20 kilos de Maseca. En unos días más ni eso será posible.

''No queremos dádivas, sino garantizar la alimentación de la población'', señala molesto, luego de que le explican que debe llenar varios formatos legales para que autoridades locales analicen su caso y les aprueben recursos.

Kilómetros más adelante, Catarino Hernández baja de un camión unas 200 matas de aguacate. La organización que preside, La Nueva Imagen, gestionó poco antes de la devastación de Stan un proyecto con este cultivo, en el que participan unos 27 campesinos. ''Gracias a Dios ahora nos están mandando las matas'', explica.

La siembra de aguacate, que empezará a producir en dos años, es una esperanza a la que Catarino se aferra. Comenta que productores de El Toronjil, Barrio Nuevo Ixtepec, Miguel Alemán, San Fernando, Ejido Cabañas y Villahermosa perdieron su parcelas de café.

''Son propiedades pequeñas, de entre 3 y 10 hectáreas. Ahí la pérdida fue total porque las laderas se vinieron abajo y sólo quedó un lodazal'', explica.

Comenta que en una reunión con productores de esas localidades se propuso preparar una concentración de víveres, pero ''ellos contestaron que de dónde, si no hay ni para comprar sal y jabón'', por lo que intentarán vender sus tierras, ''aunque no vemos quién quiera comprarlas y se arriesgue a vivir allá''.

El campesino dice que, según un censo de la Secretaría de Desarrollo Rural, las pérdidas de café ascendieron a 4 mil pesos por hectárea, pero sólo les proporcionaron apoyos emergentes de entre 500 y mil 500 pesos, pese a que las pérdidas fueron totales por el deslave de las parcelas y la pérdida de tierras fértiles.

Otros campesinos que acudieron a esa reunión en Belisario Domínguez, agrega, propusieron ''cultivos alternos al café'', como hortalizas o granjas de pollos, pero solicitaron que los proyectos ''no sean en la cabecera municipal, sino donde está el hambre, pues sólo así podremos subsistir''.

 
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