Usted está aquí: domingo 21 de mayo de 2006 Espectáculos 59 Festival de Cannes El turno de las cineastas y un porno gay

Leonardo García Tsao

59 Festival de Cannes El turno de las cineastas y un porno gay

Ampliar la imagen Arribo de la actriz francesa Melanie Doutey a la presentación de la película Selon Charlie, en la 59 edición del Festival Internacional de Cine en Cannes Foto: Reuters

Cannes, 20 de mayo. Hoy fue el día de la competencia femenina, pues las proyecciones oficiales se dividieron entre Selon Charlie y Red Road, realizaciones de Nicole García y la debutante Andrea Arnold, respectivamente. Las imágenes iniciales de una excavación en tierras árticas, donde los exploradores parecen sufrir una especie de amenaza desconocida, sugieren un remake francés de La cosa. Vanas esperanzas, pues se trata del cuarto largometraje de la otrora actriz García, cuyos anteriores Place Vendôme y El adversario no provocaron entusiasmo. Selon Charlie (Según Charlie) se centra en siete personajes masculinos, habitantes del mismo pueblo, quienes alcanzan un punto crítico en sus vidas. Se trata de la ya trillada estrategia de narrar cada historia por separado hasta que empiezan a entrecruzarse dentro de un crescendo dramático. Cada personaje sufre la soledad y la decepción existencial a su modo y, aunque algunos son interpretados por buenos actores -Jean-Pierre Bacri, Benoit Poelvoorde-, la mirada superficial de la directora no consigue trascender una serie de lugares comunes.

En cambio, la directora inglesa Andrea Arnold promete desarrollar una carrera más interesante. Ganadora de un Oscar por su corto Wasp, Arnold ha hecho con Red Road (Camino rojo) un primer largometraje que se antoja un promisorio ejercicio estudiantil y no una película digna de competir en un festival de primera. Es uno de esos proyectos conceptuales en que se mantiene al espectador ignorante de lo que está transcurriendo en pantalla hasta una revelación ocurrida en los momentos finales. No debe sorprender que se trata de otro experimento ideado por el danés Lars Von Trier, un gimmick publicitario llamado Advance party (Grupo de avanzada), en el que tres películas serán filmadas en Escocia con los mismos personajes, interpretados por los mismos actores, cumpliendo un argumento ideado por Lone Scherfig y Anders Thomas Jensen.

Por lo pronto, la aportación femenina al concurso no ha despojado a Volver, de Pedro Almodóvar, del primer sitio en las preferencias de la crítica. Queda Sofía Coppola y su Marie Antoinette como opción final de redimir al gremio.

Hablando de Von Trier, su compañía Zentropa también estuvo detrás de la película inaugural de la Quincena de Realizadores, Princess (Princesa), opera prima del animador danés Anders Morgenthaler, una truculenta historia sobre un ex sacerdote que se propone vengar a su hermana muerta, estrella del porno, con la hija de ésta, una niña criada en un prostíbulo. Con un diseño influido por la historieta europea y la animación japonesa, Morgenthaler hace una fácil provocación tocando temas escabrosos que hubieran sido difíciles de abordar en una película de acción viva.

Por cierto, tanto el porno como la animación están muy solicitados en este festival, con varios títulos de uno y otra repartidos en las diferentes secciones. (Es recomendable que los lectores menores de edad se salten este párrafo). Hoy se estrenó en función especial de medianoche Shortbus, del estadunidense John Cameron Mitchell, que abre con varias escenas de sexo incluyendo un acto de autofelación y varias eyaculaciones. El Shortbus del título es un club sexual a donde acude una pareja homosexual con problemas, una sexóloga incapaz de alcanzar el orgasmo y una dominatriz, así como una bola de perversos polimorfos (el término es de Freud) en plan orgiástico. Debe tratarse de la primera película en la sección oficial con escenas de porno gay de vena hardcore. Por ahí hasta se organiza un triángulo erótico en que uno de los participantes entona el himno nacional gringo en el ano de su alternante. Sin embargo, el asunto se vuelve flácido, valga la expresión, cuando los personajes se ponen a echar rollo liberador -el guión se improvisó sobre la marcha durante los ensayos con los actores-, y todo culmina en un autocomplaciente número musical, una especie de comercial de Pepsi para celebrar la diversidad sexual.

Por suerte, hubo una función de prensa de Shortbus a mediodía, y no hubo necesidad de desvelarse por tan poca cosa que, no obstante, tendrá problemas para exhibirse en su propio país, dado el actual clima de neo puritanismo.

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