Usted está aquí: sábado 20 de mayo de 2006 Opinión ¿Vivimos una situación de emergencia nacional?

Gustavo Gordillo

¿Vivimos una situación de emergencia nacional?

1. Recapitulemos sobre los acontecimientos más relevantes de las últimas semanas. Conflictos en Las Truchas y Atenco que expresan condensadamente un ambiente de exacerbación social que desemboca en confrontación. Violencia verbal de los tres principales contrincantes en las elecciones presidenciales bien sea por medio de la acusación de una inminente "elección de Estado" o de la denuncia de una deliberada "provocación" para romper el orden social que tiene como efecto la crispación política. Una retahíla de rumores y verdades a medias orientada a exhibir a los contendientes políticos como individuos corruptos y oportunistas que genera un ambiente generalizado de desconfianza. Una grave actitud hostil del gobierno de Estados Unidos contra nuestro país en la frontera norte en un aparente juego de su política doméstica .

2. Conflicto social, crispación política, desconfianza y ambiente de amenaza externa. Todo conspira para generar una impresión que vivimos un momento de emergencia nacional. Las preguntas relevantes son: ¿vivimos realmente un momento de emergencia nacional?, ¿cómo es que llegamos a esta situación? y ¿cuáles son sus posibles desenlaces?

3. Hace algunos meses me refería a una triple crisis para caracterizar este clima político. Por una parte, una crisis de expectativas respecto de lo que pudieron significar para los ciudadanos cambios en las formas de gobernar y en sus contenidos. Por otra parte, una crisis en el concepto de espacio público como resultado de los efectos combinados de la inseguridad ciudadana y de la percepción de una inequidad en las decisiones públicas. Y, en tercer lugar, una crisis moral a raíz de escándalos por corrupción o de distintos tipos de intercambios y traiciones partidistas. Esta triple crisis se expresa, en mi opinión, en un dilema central entre el ejercicio de la política como mercancía y como patrimonio monopólico o el despliegue de la política como convicción y como construcción de los ciudadanos.

4. La visión dominante define la política mediante una metáfora. La política es un mercado político en el cual se intercambian ofertas electorales ante demandas ciudadanas diversas. Los partidos políticos se comportan como empresas que buscan maximizar sus ganancias. En vez de programas coherentes presentan listas de ofertas -a la manera de listas de mandado para el supermercado- que buscan captar a la variada gama de consumidores organizados en conglomerados o nichos electorales. El producto que se vende es la política, para lo cual se requiere dos fundamentales instrumentos mercadotécnicos: la publicidad electrónica y las encuestas. Las empresas que proporcionan ambos servicios constituyen monopolios del saber político. Su paradigma es el mismo aunque sus métodos pueden variar un poco: preservar un definición de la política que favorece su autoreproducción. Por esto no se trata de un mercado competitivo sino de un mercado imperfecto. Para corregir las fallas de este mercado es necesario aplicar medidas intervencionistas. Pero como se trata de un bien de uso común: la política, estas intervenciones pueden provenir bien sea de los reguladores estatales y/o de la autorregulación de los propios actores políticos.

5. Algunas conclusiones de lo anterior. La política como mercado monopólico está compuesta por varios grandes bloques. La burocracia de los partidos mayoritarios, algunos grandes grupos empresariales y el que surge de las agrupaciones corporativas. Este juego en el mercado monopólico se alimenta y tiene su coherencia sólo por medio de la metáfora del mercado y de sus principales usufructuarios. El mercado monopólico no busca la participación amplia de los ciudadanos. Por el contrario, fomenta el abstencionismo, el cinismo y un comportamiento selectivo por medio de la segmentación de los mensajes políticos a distintos nichos ciudadanos. Por eso, este clima de exacerbación es más un producto de una determinada lógica del funcionamiento de la política como mercado, que un acto de conspiradores como se han dicho o insinuando desde varios campos políticos.

6. Enfrentar al mercado monopólico de la política requiere construir una coalición ciudadana cuyo principal eje gire en torno a la política como bien público. Es decir, la política como medio de producción de soluciones para la convivencia pacífica. Para corregir el mercado desde la sociedad lo primero es oponer otra concepción y otra práctica de la política.

7. La política como actividad ciudadana busca regresar a los orígenes como una acción cooperativa para resolver problemas comunes de convivencia através de la plasticidad orgánica, es decir, mediante la capacidad de adaptarse a condiciones cambiantes. En el contexto discursivo de la sustentabilidad y de los ecosistemas se le conoce a está capacidad con el término de resilience.

8. Pero el mensaje político también requiere cambios. Se busca deliberadamente la polémica para marcar diferencias, pero sobre todo para construir consensos basados en la deliberación y no en el acomodo y la hipocresía. Los temas más polémicos deben ser asumidos desde el primer momento, no eludidos. Se trata de una pedagogia para la construcción de una ciudadanía no un manual de artimañas para forjar nuevos simuladores.

9. Frente a la incitación al voto del miedo es necesario oponer la convocatoria al voto de convicción.

 
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