Usted está aquí: miércoles 3 de mayo de 2006 Opinión El principio de una reflexión colectiva

Javier Aranda Luna

El principio de una reflexión colectiva

Las multitudinarias manifestaciones de hispanos en Los Angeles, Chicago, Nueva York, Atlanta, Houston contra la Ley Sensenbrenner que pretende criminalizar a los migrantes indocumentados muestra, una vez más, que cuando los políticos no hacen su chamba, la gente actúa de manera directa.

A estas alturas da igual si un millón y medio de personas o dos millones se manifestaron de costa a costa este primero de mayo en aquel país. Importa que cientos de miles decidieron salir de nuevo a las calles para reclamar sus derechos. Cientos de miles que, por cierto, pagan impuestos: el Departamento del Tesoro emite unas cédulas para que los ilegales paguen impuestos, pero esa misma credencial no les permite ejercer sus derechos. Y esos fondos irrecuperables sirven para pagar la nómina y gastos médicos de los jubilados anglosajones.

Más de 50 por ciento de la producción diaria de uva, tomate y lechuga de Estados Unidos se quedó sin recolectar, los puertos de Long Beach y Los Angeles trabajaron al 30 por ciento de su capacidad y cientos de comercios cerraron sus puertas en más de 60 ciudades por ausentismo laboral o porque sus dueños decidieron solidarizarse con la causa de los migrantes, como ocurrió con la famosa cadena española de alimentos Goya.

Políticos y sacerdotes de varias denominaciones se unieron a esas marchas de protesta. Y lo más significativo: irlandeses, polacos, musulmanes y ciudadanos anglosajones se solidarizaron con los migrantes que volvieron a salir de las catacumbas. A muchos de los hispanos se les amenazó con la pérdida del trabajo si asistían a la marcha. Unos decidieron manifestarse después de cumplir con su jornada laboral y a otros no les importó perder su fuente de empleo: saben que mañana o pasado mañana conseguirán trabajo en otra empresa.

Durante muchos años se habló de la mala organización de los migrantes de origen mexicano en Estados Unidos. Recientemente, cuando el Instituto Federal Electoral (IFE) puso en marcha el programa del voto de los mexicanos en el exterior con magros resultados, se les quiso endosar el fracaso a las organizaciones de connacionales en el país del norte.

No dudo que algunas hayan incumplido sus compromisos, pero para nadie es un secreto que el IFE gastó sin ton ni son recursos para ese fin: sus expertos contratados desconocían cuáles eran las principales organizaciones de migrantes y un alto funcionario del instituto viajó a Japón, para promover ese programa. La organización exhibida por las agrupaciones de migrantes el pasado lunes demuestra que no son el horror que se nos quiso presentar.

Si los senadores y políticos estadunidenses no son sensibles a las demandas básicas de los inmigrantes, marchas similares a las del primero de mayo seguramente se multiplicarán.

Otro dato me llamó la atención el primero de mayo: la decisión de mujeres mazahuas, en el estado de México, para sumarse al boicot convocado por algunas organizaciones de latinos en Estados Unidos. Sería interesante saber cómo se enteraron y por qué decidieron participar en la protesta. Se debe decir que su participación fue, sobre todo, simbólica. No es poca cosa: su acto fue un símbolo de la solidaridad pero, también, de la fuerte relación de los mexicanos de uno y otro lado del río Bravo. Esas mujeres nos mostraron que el vínculo con los migrantes no se limita a las remesas.

Huntington lo sabe: nuestros migrantes seguirán soñando en español o en espanglés o en spanglish, comerán tacos y mantendrán los lazos familiares más vivos que las familias anglosajonas. Harán lo que otros grupos migrantes: hablar en chino en Chinatown, japonés en Little Tokio, italiano en Little Italy o yiddish para comprar comida kosher.

No es improbable que si los hispanos salieron a tomar las calles de varias ciudades en Estados Unidos, próximamente decidan participar de forma más activa y organizada en la vida política de aquel país. Me sorprende que aún no lo hayan hecho de una forma significativa, me sorprende que no hagan lobby como lo hacen desde hace tiempo otras minorías con menos peso económico que nuestros paisanos. Espero que a las calles sucedan las curules del Congreso, porque es allí donde se gobierna en muchos sentidos al país. Espero que el ejemplo de Villarraigosa tenga eco y que el primero de mayo no sea el espejismo de una reflexión colectiva sobre asuntos esenciales.

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