Usted está aquí: domingo 9 de abril de 2006 Cultura Recuperar a José Alfredo y Cuco Sánchez desde la izquierda

Paco Ignacio Taibo II

Recuperar a José Alfredo y Cuco Sánchez desde la izquierda

1. ¿Lo nacional? ¿Qué es lo nacional si no aquello que hemos decidido que sea La Nación? Versión múltiple extendida a cada mexicano. Versión trastocada y manipulada según la cantidad de horas que se mamó (el o la mexicana) viendo la tele de niño chaparrín. Nos igualan los mensajes del enemigo compartidos.

La recuperación de la nación se basa en un acuerdo de lo mejor que podemos sacar de lo peor: la información de las estampitas del cura Hidalgo y el pastorcito Juárez pegadas en los cuadernos de la primaria; la filosofía profunda en los guiones de Urdimalas y Rodríguez en las películas de Pedro Infante; el común denominador de los desastres que hemos pasado juntos: inundaciones, masacres, terremotos. Las penurias económicas ante los sistemáticos errores de diciembre, devaluaciones y fobaproas incluidos.

Pero sobre todo, lo que fija y da esplendor son las tribulaciones afines a las adolescencias, único territorio seguro (¿quién no tuvo un novio o una novia que, además de guapos, eran mensos?). Y desde luego las canciones de Cuco Sánchez y José Alfredo Jiménez.

2. En un país en que se tiende a pedir perdón por las pasiones, donde se ha puesto de moda el cinismo y de un sombrerazo maligno lo light descafeinado; en un país dominado por una naco burguesía semianalfabeta, donde los ministros dicen que leen resúmenes de libros que les han recomendado sus esposas y los estudiantes fotocopias del capítulo ocho de un libro; donde los minimalistas atacan desde la lista del top ten, no está de más retornar a esas pocas vocaciones de amores por los que uno se corta las venas. Y mucho menos mal está en encontrar sustento donde quiera que se halle. Una izquierda desarbolada tiene derecho a buscar balsa en el naufragio.

3. Pero hay mucho más. Mucho antes de leer a Hegel (explicado por Marx, que quizá no sea la mejor manera de leerlo) había descubierto sus esencias dialécticas en una canción de Cuco Sánchez, Arrieros somos. Era aquella en la que Cuco se desparramaba cantando: "si todo el mundo salimos de la nada, y a la nada por dios (en sentido exclamativo) que volveremos". La dialéctica de Hegel mejorada por Sartre. Y decía Cuco: "Me río del mundo, que al fin ni él es eterno, por esta vida, nomás, nomás pasamos".

4. Tengo que reconocer que mi formación sentimental le debe mucho más a las intenciones de desbordar la miseria del pensamiento mercantil en frases como "no soy monedita de oro" de Cuco Sánchez, que a Lenin. Y evidentemente todo bajo un "cielo más que azul" (José Alfredo en La noche de mi mal).

5. Reconozco que existe el riesgo de la sobre interpretación, y que muchas veces uno lee lo que quiere leer. Y entonces uno se dice que una forma de humillar al poder es cantarle al fin del sexenio: "Y tú que te creías el rey de todo el mundo... ¿por qué hoy que estás vencido, mendigas caridad?" Y de refregarle: "A ti te había tocado nomás la de ganar, pero hoy tu buena suerte la espalda te ha volteado" (Cuco Sánchez en Fallaste corazón).

Recuerdo con placer que en 1968 le pintábamos en las bardas al presidente Gustavo Díaz Ordaz en nombre del movimiento estudiantil: "Soy terco como una mula, ¿a dónde irás que no te halle?" (Cuco Sánchez en No soy monedita de oro).

Y que nuestra inicial visión de la lucha de clases tiene su origen en el Vámonos de José Alfredo Jiménez: "Que no somos iguales, dice la gente, que yo soy un canalla y que tú eres decente", aunque el compositor reconozca que: "yo no entiendo esas cosas de las clases sociales".

Y que nuestro desdén anticonsumista se fundamente en: "aunque la jaula sea de oro, no deja de ser prisión" (Cuco: Grítenme piedras del campo).

Pero sobre todo nos hemos guiado por la capacidad de premonición del negro futuro que se encuentra en: "Pero si yo sabía que todo esto pasaría, ¿cómo diablos fui a caer? Me relleva la tristeza, qué desgracia, qué torpeza, qué manera de perder" (Qué manera de perder, Cuco).

6. Oí cantar Si nos dejan, de José Alfredo, en un cabaret gay en Guadalajara. Resultaba fascinante, las reclamaciones del amor prohibido, del derecho a la libertad sexual, tomando prestadas al comandante del machismo sus palabras:

Cuando el personal se ponía a cantar a coro:

"Si nos dejan, Nos vamos a querer toda la vida, si nos dejan, nos vamos a vivir a un mundo nuevo", lo hacía con el fervor militante de estar interpretando el himno nacional.

Los asistentes remataron con Un mundo raro: "Cuando te hablen de amor y de ilusiones y te ofrezcan un sol y un cielo entero... es preciso decir una mentira, di que vienes de allá de un mundo raro..."

7. Si a veces las canciones de Cuco Sánchez y José Alfredo se han vuelto pasto y manjar para oligarcas borrachos y políticos priístas igual de borrachos, en cabarets de lujo donde van a quemarse lo que se han robado de nuestras quincenas, no se preocupen, es porque el México chillón es un México compartido por los malos y los nativos comunes y corrientes, más allá del honor, la decencia y las culpas. Recuperemos la sabia máxima filosófica que dice que no tiene la culpa el kleenex del que se suena con él y retornemos.

8. Las canciones de Cuco Sánchez y José Alfredo hacen referencia en 99 por ciento de las veces a una derrota personal. No te salvas del naufragio. Son historias de fracasos, desamores, traiciones y frustraciones. Se canta desde la derrota, la pérdida, la imposibilidad de recuperar. Son, para una país repleto de ilusiones sociales traicionadas, de batalla políticas perdidas, la metáfora perfecta.

Para alguien que piensa cada vez más que el sentido de la lucha está en la lucha y en el avance social que ésta produce, y no necesariamente en la victoria; y que cualquier victoria parcial y mucho más una derrota, sólo son el eslabón del principio de una lucha nueva, no está mal irse a dormir con: "Si nos dejan, haremos de las nubes terciopelo", aunque una semana más tarde estemos dando la batalla porque los burócratas no intenten cobrar la entrada al cielo.

(Dos colecciones de discos colaboraron en este experimento: Cuco Sánchez y sus mejores intérpretes, tres cidís de Orfeón y la antología en dos cidís de las canciones de José Alfredo editada por Sonny.)

 
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