Usted está aquí: viernes 17 de marzo de 2006 Política Un Consejo a modo

Jaime Martínez Veloz

Un Consejo a modo

En el seno de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se acaban de celebrar las ceremonias fúnebres de la ya agotada Comisión de Derechos Humanos, para dar paso a un consejo sustituto. El nuevo Consejo de Derechos Humanos tendrá la misión de superar la suspicacia en torno al anterior organismo, deslegitimado por haber servido de parapeto a los designios del moderno imperio romano, Estados Unidos, empeñado en imponer su voluntad al mundo mediante la violencia y el terror.

No deja de ser sintomático que el consejo deba llevar a cabo su tarea en el contexto de la criminal guerra colonial estadunidense en Irak, irrefutable prueba de incongruencias en la efectividad del creado mecanismo, considerando que las principales violaciones a los derechos humanos tienen lugar en aquellos países tercermundistas invadidos por Estados Unidos, cuyo gobierno debería ser el primero en ser enjuiciado por perpetrar atrocidades y crímenes de lesa humanidad.

El Consejo de Derechos Humanos de la ONU nació maniatado por las imposiciones de Estados Unidos; el principio racional de igualdad de voto en la conformación de este cuerpo fue vetado por el representante estadunidense, John R. Bolton, conocido en los corrillos diplomáticos de la organización como La Bestia, y tal vez nunca antes un apodo fue mejor aplicado.

La sensata propuesta inicial de integrar el consejo con 70 miembros fue vetada por Mister Beast, y ni siquiera la solución ofrecida por el presidente de la Asamblea, reducir a 53 el número de integrantes, fue tolerada por el mandadero de Bush. El consejo quedó reducido a 47 miembros.

Es lógico suponer que este menor número de países miembros será objeto de la intimidación, el chantaje y la extorsión del gobierno estadunidense, con la complicidad de mandatarios afines. Otra serie de candados fue impuesta por Estados Unidos: de la membresía del consejo se excluye a países críticos de la anterior comisión, o sea, a quienes osaron levantar la voz para denunciar los atropellos estadunidenses al orden internacional.

Quedan asimismo excluidos países enlistados como "terroristas"; recordemos que dichas listas las elabora el gobierno de Estados Unidos, cuidando, obviamente, incluirse él mismo. En el colmo de la irracionalidad y el silencio cómplices, pueblos como el cubano estarán impedidos de tener representatividad en el consejo, lo cual no deja de ser una atroz incongruencia, considerando que pocos países como la isla han sido sometidos durante tanto tiempo a las criminales agresiones terroristas de las sucesivas administraciones del país de las barras y las estrellas.

La efectividad del consejo está en entredicho, ya que desde la administración de Reagan la estrategia estadunidense no ha sido otra que despreciar y desmantelar las normas del derecho internacional; la postura oficial estadunidense se ha burlado de quienes invocan la aplicación de medios "legalistas, utópicos", como la mediación de terceros, Naciones Unidas o la Corte Penal Internacional, sin considerar el "elemento de poder en la ecuación", como decía el entonces secretario de Estado, George Schultz.

No deja de ser sintomático que el principal gobierno terrorista del mundo hable de violación de los derechos humanos en Cuba, al tiempo que mantiene secuestrados y bajo tortura a cientos de prisioneros en Guantánamo, o en cárceles clandestinas en Europa del este o en Medio Oriente, cuyos gobiernos sirven de comparsas para patrocinar y votar hipócritas resoluciones contra el pueblo cubano.

Uno de los principales métodos terroristas contra el pueblo cubano, el criminal embargo económico, constituye una auténtica arma de destrucción masiva, que ha sido poco mencionada, pero cuando se hace, se le critica no por los brutales estragos que causa en la población, sino porque "fortalece a Fidel en lugar de debilitarlo", dicen de manera hipócrita.

A ese nivel de miseria intelectual se ha llegado en el debate sobre las agresiones estadunidenses contra la isla, que estará sometida a nuevas embestidas del poder imperial por medio de este nuevo instrumento a modo, como puede resultar el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

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