Usted está aquí: sábado 25 de febrero de 2006 Sociedad y Justicia Manu Chao cimbró el Palacio de los Deportes

Hermanó su voz con el mensaje de los zapatistas

Manu Chao cimbró el Palacio de los Deportes

JORGE CABALLERO

Ampliar la imagen Manu Chao en plena comunión con el público Foto: Roberto García Rivas

El sonido evolucionado de Radio Bemba Sound System y el canto de rebelión de Manu Chao se colaron por los cueros de la piel, en la corteza cerebral, en la epidermis, en la retina y el corazón para llevar el canto de libertad a los 20 mil asistentes al concierto de la figura musical más importante del movimiento altermundista.

El concierto inició con la voz del subcomandante Marcos pronunciando la declaración de la Selva Lacandona, lo que puso rápidamente al público en la misma frecuencia que Manu Chao, quien se lanzó de lleno contra George W. Bush, advirtiendo que "es el hombre más peligroso del mundo y enemigo de nuestros hijos"; también Manu, al entonar Señor Matanza, la dedicó a "la mafia que se disfraza de democracia; la mafia siempre es el peor enemigo de la democracia". Pero también se acordó en su canción Clandestino de los inmigrantes mexicanos que van en busca de trabajo a Estados Unidos y de los africanos que mueren ahogados por pasar de Gibraltar a España.

Los encargados de iniciar las hostilidades fueron Los de Abajo, quienes demostraron exactamente lo que debe de ser una banda abridora. Los Lunáticos, Labios Rojos, Adiós Negrita y War 4 Peace fueron cuatro de los ocho temas con los que los abajeños pusieron a skankear riquísimo a los asistentes, listos para el canto de resistencia de Manu Chao.

Manu se presentó con la canción El Hoyo, a la mitad de ésta llegó el saludo "Buenas noches, México. Esta canción fue escrita paseando por los barrios de La Merced y Tepito, seis años y aquí estamos". El público se lo retribuyó con alarido generalizado y con el puño en alto.

El deschongue del público preludió lo que fue un concierto energético, trepidante y de huevos. La síntesis del rock and roll, la estructura del Palacio de los Deportes y su ruedo parecían venirse abajo en distintas ocasiones, pero nadie prestó mucha atención, estaban concentrados en el desparpajo del sexteto que estaba en el escenario.

Hasta algunas figuras del rock mexicano como Natalia y La Forquetina, Ely Guerra, Panteón Rococó y Liquids se dejaron caer para ver la actuación del clandestino y su banda.

Con Welcome to Tijuana llegó el primer gran momento y siguió Por la Carretera, donde Manu lanzó un mensaje en italiano. Hilvanada con Qué hora resultaron el fiel de la balanza de la increíble actuación in crecendo.

Después de una hora, Manu se pateó todo el escenario para saludar a los 20 mil asistentes que estaban por todo el domo de cobre, enfrente, a los lados y atrás. Pero regresó con un corte grueso de su música: Clandestino, El Desaparecido, Merry Blue, Miña y La Rumba de Barcelona, estas dos últimas con una trepidante guitarra española de fecha diagonal rehecha que enloqueció al respetable.

También Manu ofreció una versión de la canción Y volver, volver, de José Alfredo Jiménez, en versión hard core, mientras el escenario se iluminaba de rojo, verde y blanco. Pero lo que realmente llenó de júbilo inconmensurable fue el set que hizo de su anterior banda Mano Negra, donde figuraron Mala vida y King of Kongo. El slam dance alcanzó un nivel óptimo.

El concierto entró en su fase final, pero decir cualquier otra cosa estaría a miles de kilómetros de la felicidad que provocó Manu Chao y su canto de resistencia y esperanza.

 
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