Usted está aquí: miércoles 1 de febrero de 2006 Opinión Onésimo, el político

Carlos Martínez García

Onésimo, el político

Sus desatados ánimos protagonistas lo llevan a estar presente, y siempre en primera fila, lo mismo en comilonas de la clase política que junto a connotados empresarios, o bien disfrutando de corridas de toros y dando declaraciones saturadas de dichos y supuestas picardías. Anda en todo, menos en las actividades cotidianas que sus feligreses esperarían de él como obispo de Ecatepec. Hablamos, ni más ni menos, que de ese político metido a funcionario eclesial: Onésimo Cepeda.

Del obispo es conocida su afición a la llamada fiesta taurina. La tiene tan acendrada que ya fungió de empresario para organizar corridas de toros en Ecatepec. Tal vez lo hizo porque la ciudadanía de ese municipio se lo pidió, o porque, pese a la pobreza del lugar, el clérigo consideró que si en la populosa cabecera municipal no es posible asegurar el pan para todos entonces por lo menos había que darles circo. A ser empresario taurino le ha sumado la función de apoderado de un torero; en esas lides andaba el domingo pasado cuando el ahora mundialmente famoso astado Pajarito se brincó a los tendidos y horrorizó a buen número de aficionados. Las sui generis actividades del obispo nos obligan a tener que dedicar espacio a los toros, cuestión que, por otro lado, no es de nuestra afición ni conocimiento.

A la par, o por encima, de su gusto taurino al obispo le atrae el mundo de la política, aunque por como se mueve en ese ámbito tal vez sería más correcto decir politiquería. Conocedor de que por ser ministro de culto le está vedado, por ley, entrometerse en política partidista, Onésimo Cepeda hace caso omiso de ello y declara a favor o en contra de los candidatos a la Presidencia de la República. Mientras, las autoridades competentes fingen sordera, o tal vez no fingen, sino que deliberadamente hacen oídos sordos, y vulneran la normatividad que delimita claramente los papeles que les corresponden a las iglesias y al Estado.

Vale mencionar que la dependencia gubernamental encargada de moderar los ímpetus políticos del obispo, la Secretaría de Gobernación, está encabezada por un personaje que por su compromiso con una fe religiosa -el catolicismo romano más ortodoxo y por ende sumiso a las cúpulas clericales- permite las incursiones de Onésimo en la arena de la política partidista y hasta las justifica. Por si fuera poco, el secretario de Gobernación con más frecuencia confunde los foros públicos con púlpitos eclesiásticos y se pone a dar exhortos y consejos ético-religiosos a la ciudadanía, quizás creyendo que tiene ante sí ovejas descarriadas.

Se conjugan el obispo desbocado y funcionarios que lo dejan hacer sin cortapisas para que la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, en su sección donde delimita los derechos y deberes de los ministros de culto, se aplique discrecionalmente y siempre a favor del funcionario eclesiástico. Vamos a ver si esto sigue por el mismo camino ahora que existe una demanda presentada por dos ciudadanas en contra de Onésimo Cepeda, o bien las autoridades hacen cumplir nuestra normatividad y sujetan al clérigo en sus andanzas políticas. Hay que estar atentos al de-sarrollo de la demanda que la actriz Jesusa Rodríguez y la compositora Liliana Felipe presentaron contra Onésimo Cepeda por haber cometido delitos electorales. El recurso presentado por las artistas señala que el 28 de noviembre pasado, y ante la prensa, como le gusta, but of course, el obispo de Ecatepec dijo que era una estupidez la crítica de Andrés Manuel López Obrador al Instituto Federal Electoral. En esa misma ocasión el eclesiástico, además de descalificar al perredista, aprovechó para decir que, en cambio, Felipe Calderón, del PAN, y Roberto Madrazo, del PRI, sí eran "candidatos de altura".

Las declaraciones de Onésimo Cepeda claramente transgreden las leyes, pero además muestran su particular estilo político/pastoral de acercamiento a las elites económicas y políticas. Tanto por su habilidad para colarse en las cúpulas del dinero y del poder como por la falsa creencia en ellas de que el obispo tiene tras de sí gran representación y legitimidad social, el hecho es que se mueve libremente en las cúspides de la sociedad. Desde estos espacios cobijan a quien en los ratos libres que le dejan banquetes, corridas de toros, cabildeos en Roma a favor de conspicuas familias, se acuerda de su feligresía en Ecatepec. De la misma manera ya tendieron su manto protector sobre el obispo Cepeda integrantes del Episcopado Mexicano que se caracterizan por presionar para que el Estado y sus instituciones se plieguen a la visión valorativa de la Iglesia católica: es el caso del arzobispo Norberto Rivera Carrera, quien ya exculpó a Onésimo Cepeda y adelantó que ambos seguirán "orientando" al pueblo católico en asuntos políticos y electorales.

La denuncia por delitos electorales presentada hace dos semanas es un termómetro para medir si los funcionarios gubernamentales van a resguardar nuestro sistema legal, o si por lo contrario van a deshacerse en ejercicios hermenéuticos para dejar de hacer valer las leyes y, así, privilegiar a ministros de culto que por pura coincidencia son jerarcas de la confesión religiosa con la que se identifican.

 
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