Usted está aquí: miércoles 1 de febrero de 2006 Ciencias En los ensayos científicos perviven también miedo, envidia y rivalidad

Una prosa objetiva y elaborada esconde con frecuencia fraudes y falta de rigor

En los ensayos científicos perviven también miedo, envidia y rivalidad

Un silogismo falso se utilizó en 1953 para explicar por primera vez la doble hélice del ADN

HUGH ALDERSEY THE INDEPENDENT

Los científicos las llaman "literatura", pero las revistas y gacetas en que anuncian sus descubrimientos barren supuestamente cualquier artificio literario. Se supone que la escritura científica es objetiva: nada de paja, adornos o estilos personales. Comparada con otras formas de escritura es, según describe un crítico de The New York Times, "novocaína literaria".

Resulta fácil ver por qué la gente lo cree así. Cuando los estudiantes de ciencias aprenden a exponer por escrito sus experimentos se les dice que deben organizar su trabajo bajo los encabezados de Método, Resultados y Discusión. Para expresar objetividad se aconseja el uso del impersonal: "se hizo tal y cual cosa", no "hicimos tal o cual cosa".

Pero la verdad es muy diferente. En un análisis más profundo, los ensayos científicos acaban por contener subtextos que muestran la parte más humana de los científicos. Los escritos delatan esperanzas y miedos, sentimientos de júbilo o de posible intranquilidad ante los descubrimientos. También revelan envidias y rivalidades, e indicios de las maniobras que sus autores utilizan para ser los primeros en proclamar un descubrimiento o disfrazar la falta de información sobre el logro anunciado. Nada malo para una escritura que debe ser desapasionada.

Una de las citas más famosas de la literatura científica moderna proviene de un trabajo de James Watson y Francis Crick (1953), que describe por primera vez la estructura de doble hélice del ADN: "No escapa a nuestra atención que el apareamiento específico que hemos postulado sugiere un posible mecanismo de copia del material genético."

Esta aseveración humorística, con su elaborada construcción negativa, rompe las reglas, pero cuando se ha descubierto el secreto de la vida, quizá puede perdonarse el entusiasmo excesivo.

En el libro Hallazgos: historias ocultas en relatos de protagonistas de descubrimientos científicos contemplamos una docena o más de hitos científicos -o de supuestos hitos- del siglo XX.

Aqui los escritores se muestran desesperados por lograr que la gente los vea como héroes de sus historias. Así, con enorme descaro, Watson y Crick escriben "hemos postulado..." en el punto crítico de su ensayo, donde orientan la atención hacia las implicaciones de una molécula de doble hélice que se duplica a sí misma.

Thomas Morgan, el zoólogo estadunidense que en 1910 crió moscas de la fruta de ojos rojos y blancos, y descubrió el vínculo entre sexo y herencia, puso a las moscas en el centro al principio de su relato. Parecía un cuento de hadas, en el que un "monstruo" de ojos blancos aparecía en una población de moscas de ojos rojos. Morgan esperó hasta la conclusión para ponerse en el centro con un primer "yo". En ambos casos la estrategia sirve al autor, pues refuerza la conexión del lector por el descubrimiento y el descubridor.

El físico británico James Chadwick ocupó 700 palabras para anunciar el descubrimiento del neutrón (1932). Sin embargo, su ensayo está lleno de expresiones que glorifican la ciencia empírica británica en detrimento de sus rivales franceses, Irene y Frederic Joliot-Curie, admiradores de la teoría cuántica. Esto refleja la convicción nacida en el Laboratorio Cavendish (Universidad de Cambridge), donde Chawick trabajó bajo las órdenes de Rutherford, de que los neutrones eran partículas parecidas a bolas de billar. Los franceses estaban convencidos de que eran etéreos "rayos de hidrógeno". Chadwick se burla con sutileza de este vago concepto en su ensayo, e incluso consigna mal el nombre de sus rivales.

En su conclusión, escribe: "Hasta hoy todas las pruebas están en favor del neutrón, mientras la hipótesis cuántica sólo puede sostenerse si se abandonan los principios de conservación de la energía y el impulso". Al poner al mismo nivel la posibilidad de perder dos de las grandes piedras angulares de la física, Chadwick nos persuade con habilidad de que tiene la razón.

Los errores

Al examinar los textos científicos también se pueden descubrir errores. En 1996 David Mckay, geólogo del Centro Espacial Johnson de la NASA, y un equipo multidisciplinario, atrajeron la atención con un anuncio: pruebas de vida fósil encontradas en un meteorito marciano que había caído en la Antártida. La NASA organizó una conferencia en la que habló su director, Dan Goldin, y el presidente William Clinton. Pero el tono empleado en esta ocasión fue más seguro que el del ensayo original, publicado en el American Journal of Science.

En contraste con la escritura estilizada de Morgan, Chadwick o Watson y Crick, el ensayo de McKay y sus colegas es farragoso y vago. Carecía de la bravura que asoma en un anuncio en verdad grande. El reclamo de haber encontrado vida fósil en Marte sigue en disputa.

El equipo de McKay basa su descubrimiento de que hubo vida en Marte en que el meteorito contenía glóbulos carbonatados, es decir, carbonatos idénticos químicamente al yeso o piedra caliza formados en la prehistoria; moléculas de hidrocarburos similares a las que se encuentran en combustibles fósiles, y minerales magnéticos.

El centro del asunto es la temperatura a la que se forman los carbonatos. Algunos científicos dicen que se forman a altas temperaturas. McKay se inclina por la formación a bajas temperaturas, pero no tenía evidencia. Luego se vio obligado a escribir: "Si los glóbulos son productos de actividad biológica, la formación a bajas temperaturas sería lo indicado". Este fue su error.

El argumento es un falso silogismo; en otras palabras, es circular. El verdadero silogismo sería: los glóbulos se forman a bajas temperaturas, las bajas temperaturas favorecen la vida, por tanto, la presencia de glóbulos respalda la evidencia de vida. Sin embargo, como no puedo afirmar que los glóbulos se formaban a bajas temperaturas utilizó otra premisa: "Los glóbulos son producto de actividad biológica".

Prosa científica

Este análisis se desprende de la lectura cuidadosa de los ensayos científicos. Pero con un poco de perspectiva histórica, las cosas se ponen peor.

Resulta que McKay y su equipo cometieron el mismo error que otro estudioso de la vida en Marte. Un siglo antes, Percival Lowell, astrónomo aficionado, vio los "canales" de Marte, localizados antes por Giovanni Schiaparelli, y anunció que eran evidencia de vida civilizada. También usó el argumento circular. Partiendo de la noción de civilización en Marte, argumentó que los marcianos requerirían irrigación para traer agua de los polos congelados, y eso explicaba la existencia de los canales.

La verdad científica requiere tiempo para consolidarse, y la nueva ciencia es siempre motivo de disputa. Para convencer, los científicos deben exponer sus argumentos como vendedores o políticos: con pericia retórica.

La mayoría no lee la naturaleza como lee las reseñas literarias. Pero los ensayos científicos no son opacos. Usan el mismo lenguaje que todos, y aun cuando los detalles no se entienden de inmediato, podemos entrever los elementos del científico cuando expone su caso. Al hacerlo evaluamos por nosotros mismos los méritos de la argumentación.

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya

 
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