Usted está aquí: sábado 21 de enero de 2006 Capital En diciembre y enero, más niños abandonados

En diciembre y enero, más niños abandonados

Tiene 108 menores el albergue temporal de la procuraduría del Distrito Federal

ANGEL BOLAÑOS SANCHEZ

Diciembre y enero son los meses en los que se reporta el mayor número de niños abandonados por sus padres en el Albergue Temporal para Menores de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF). El más reciente ingreso fue un varón de siete días de nacido hallado sobre el toldo de un vehículo.

Con él suman 10 los niños que la institución tiene bajo su cuidado y son considerados expósitos -se desconoce el paradero de sus padres biológicos-. Sobrevivieron al abandono pese a quedar expuestos a diversos riesgos, desde los que son propios del alumbramiento, como infecciones bacterianas que pueden llegar a ocasionarles la muerte, hasta las del medio ambiente, como las bajas temperaturas.

Pero los hay también que son sobrevivientes de maltrato. Lorena González Reyna, directora del albergue, afirma que es en estos casos en los que distingue que no hay límites para la perversidad: "Así como el hombre tiene la capacidad de hacer invenciones y descubrimientos fantásticos, como enviar una sonda a Marte, de esa misma dimensión puede ser la miseria humana".

Llamémosle Verónica, propone, tiene tres años de edad y quedó en malas condiciones; tuvo que ser hospitalizada, lleva más de seis meses en el albergue y en su tratamiento ha requerido de apoyo neurológico, sicológico y terapia de rehabilitación.

Y es que además de los menores que llegan al albergue tras ser abandonados, entre los casos de maltrato los más recurrentes son violaciones, abuso sexual y violencia física; algunos están ahí porque sus padres fueron detenidos y otros debido a que su custodia está en disputa.

Son en total 108 los niños y niñas que hay en el albergue, de los cuales 32 son lactantes, 15 maternales, 19 prescolares y 42 escolares, cuyas edades son de días de nacidos hasta los 12 años. La institución tiene una capacidad para hasta 130 menores y uno de los proyectos de este año es ampliar el área de lactantes.

El abandono de los menores, explica González Reyna, se da por diferentes motivos, principalmente por las condiciones de pobreza de los padres o porque la madre no cuenta con los medios suficientes para garantizar la subsistencia de su bebé; sin embargo, advierte que esto de ninguna manera justifica el abandono del menor.

De hecho, el Código Penal para el Distrito Federal exime del delito de omisión de auxilio o de cuidado los casos en que la madre entrega a su hijo a una institución o a terceras personas por extrema pobreza. No así el abandonarlo en la vía pública o en algún lugar cerrado, que indistintamente de la causa puede tener una pena de hasta tres años de prisión, aunque si por el abandono el menor resulta con alguna lesión o padecimiento, le sanción se incrementa.

"La omisión de los cuidados es un delito; no darles de comer es un delito; no llevarlos a que reciban atención médica también lo es; entonces, si bien la pobreza extrema no es un delito, sí lo es que no le brinden la atención necesaria a su hijo o hija y lo abandonen, aunque sea porque no tenía dinero para comer, pues en estos casos, advierte, hay instituciones públicas y privadas a las cuales pueden solicitar apoyo.

Otras situaciones que se han detectado como causa del abandono de los menores, a partir de las investigaciones que realiza la Fiscalía Central para Menores de la misma procuraduría capitalina, son los problemas familiares y la separación de los padres, porque el jefe de familia perdió el empleo o porque se quedaron sin un lugar donde vivir. Pero, insiste la funcionaria, "en ningún caso se justifica el abandono de un niño".

Refiere que los sitios donde suelen ser dejados son habitaciones de hotel, hospitales, iglesias, la vía pública e incluso en basureros.

Apenas abre la puerta en el área del grupo de maternales, Gustavo, de menos de tres años, reconoce a la funcionaria, le extiende los brazos y grita "¡mamá!"; Lorena le corresponde cargándolo. La figura maternal está en todas las trabajadoras del albergue.

Enseguida pasa al área de lactantes, donde el primer cunero que busca es el del bebé de días de nacido, y al lado, otro menor, de unos cuatro meses, también de los más pequeños, duerme, mientras en un juzgado civil se dirime si será entregado al padre o a la madre.

Junto, dos sicólogas del albergue trabajan estimulación temprana con Rosario y Alejandra, la primera llegó con lesión craneal.

-¿Se cayó de la cama? -se le pregunta.

Pero no, con un gesto da a entender que el golpe que le ocasionó la lesión fue inferida por su padre, explicaría más tarde, quien además es fisicoculturista. Es uno de otros 10 casos en los que el área jurídica de la dependencia está en posibilidad de gestionar la pérdida de la patria protestad para poder dar a la niña en adopción.

Una situación semejante padece Alejandra, quien llegó al albergue con hipertonía en miembros superiores, brazos y piernas. Las tenía flexionadas todo el tiempo, pero con la rehabilitación fija que le proporciona el albergue y el Hospital General de México ha tenido avances favorables. Sus posturas han cambiado, e inclusive ya puede estar sentada. Su madre es adicta y no le daba la atención debida.

En los casos de maltrato, refiere que hay menores que ingresan como extraviados; sin embargo, en el trabajo de terapia descubren que en realidad salen de su casa para evitar malos tratos y proporcionan datos falsos para dificultar que sus padres los ubiquen.

González Reyna asegura que a pesar de la gravedad de algunos de los casos que llegan al albergue, la institución puede decir con orgullo que ha logrado sacar adelante a los menores con el personal de la dependencia y la colaboración de algunas otras instituciones como la Facultad de Sicología de la UNAM, con un programa especializado en sicoterapia infantil con alumnos de maestría, que realizan evaluación, diagnóstico y tratamiento especializado de manera personalizada a cada uno de los menores.

Ejemplifica con el caso de Esther, una niña de 11 años que ingresó con una terrible crisis emocional, ideas suicidas, producto de una violación y de que imaginaba que estaba embarazada, lo que resultó negativo. "Pensábamos que iba a ser difícil sacarla adelante; sin embargo, gracias al trabajo conjunto entre los dos equipos tuvimos la posibilidad, primero de estabilizarla emocionalmente, y posteriormente canalizarla a una casa hogar de larga estancia que le permitirá seguir teniendo atención personalizada".

Otro de los avances importantes que ha tenido el albergue en los dos años pasados para garantizar que se respeten los derechos de los niños y las niñas es un programa que se realiza con la Secretaría de Educación Pública, el cual permitió crear un grupo especial en una escuela cercana al albergue, para posteriormente integrarlos, conforme a su grado de estudios, en igualdad de condiciones con el resto de la población.

"Se habla mucho de los derechos de los niños y las niñas, pero muy pocas veces se toman de la mano para ver cuántos de ellos se cumplen en realidad", ese, afirma, es el propósito del albergue, combatir las condiciones de abandono y de violencia que han sufrido para evitar que se conviertan en niños en situación de calle y, sobre todo, reproductores del mismo tipo de conductas que padecieron.

 
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