Usted está aquí: domingo 15 de enero de 2006 Opinión ¿LA FIESTA EN PAZ?

¿LA FIESTA EN PAZ?

Leonardo páez

Anguiano y los toros

"TENDRIA SIETE U ocho años de edad -me contaba el maestro Raúl Anguiano en inolvidable entrevista, hará una década- cuando acompañado de mi padre asistí a la plaza El Progreso, de Guadalajara, a ver torear a Rodolfo Gaona. Fue mi primera corrida y los primeros dibujos de mis héroes, que eran Gaona, Pola Negri y Tom Mix."

EN EFECTO, EXISTE un delicioso dibujo de un torero con montera fechado en 1922, titulado Retrato de Gaona, que un niño de siete años plasmó luego de que sus sensibles ojos presenciaron los incidentes de una tarde de toros en su natal Guadalajara. Se llamó Raúl Anguiano Valadés, nació el 26 de febrero de 1915 y descansó de ser dueño de sí mismo el 13 de enero de 2006, tras una existencia caracterizada por la libertad, el gozo y la lucidez, gracias a un talento enorme apoyado en su vocación como dibujante, pintor y grabador.

BRILLANTE, SERENO Y prolífico, Anguiano tenía ideas claras: "Lo primero en mi vida es la pintura, por ella y para ella vivo; lo segundo es México, mi país, al que amo por sus incontables riquezas y por encima de sus carencias. El pueblo es más rico de lo que muchos piensan. A la mujer, más que amarla, la admiro en su misteriosa perfección, en su erotismo y en su rotunda fortaleza. Nada de sexo débil".

ANGUIANO, EN PLENA madurez creadora, tuvo una debilidad casi secreta y aparentemente olvidada: el tema taurino. En tres ocasiones pude admirar en la bodega de su casa de Coyoacán sus monotipos taurinos -estampa a la que se transfiere por contacto la imagen pintada en un soporte rígido cuando el pigmento está todavía fresco-, amplios dibujos en sepia con toro, torero y caballo o separados. Igualmente me mostró, no sin cierto pudor, sus interesantísimos apuntes sobre tauromaquia, la mayoría monocromáticos, en algunos de esos cuadernos que lo acompañaron a lo largo de su fecunda existencia.

NO SUPE ENCONTRAR un patrocinador que a su fortuna añadiera imaginación y sensibilidad, por lo que el acariciado proyecto "Raúl Anguiano, tauromaquia" se quedó en mero propósito bien intencionado, en un país que nomás no acaba de hacer lucir sus talentos, mientras que en políticos y empresarios aquellos no aparecen por ningún lado.

"HE PINTADO MUY pocas cosas taurinas en color -confesaba el maestro Anguiano- porque los grandes pintores que han abordado el tema de la tauromaquia no han usado exceso de color. Para un pintor, el toreo como tema es como la ópera. Demasiado movimiento, teatralidad y drama para todavía meterle color.

"YA ES MUCHO , casi está acabado todo, entonces esos temas tienen que sintetizarse, abordarse en forma muy sobria, porque en sí mismos están consumados y tienen todos los elementos: ritmo, sonido, mucho colorido y movimiento, que se desbordan si no se sintetizan en una cosa sobria, contenida, severa desde el punto de vista creador. Esta es una teoría mía que no creo que otro artista haya expresado, aunque sí realizado. De otro modo se cae en lo que hizo muy bien Ruano Llopis, en el cartel, que sin embargo no llega a ser arte serio o de calidad", concluía Raúl Anguiano, mexicano universal que anteayer nació a la inmortalidad.

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