Usted está aquí: domingo 15 de enero de 2006 Opinión EJE CENTRAL

EJE CENTRAL

Cristina Pacheco

Casa de nuestra memoria

Iba al encuentro de Carlos Ruiz Abreu, director del Archivo Histórico del Distrito Federal, que ocupa una de las casas más hermosas en la calle Chile. Según dice la placa junto al portón, "fue fundada por el platero don Andrés Ximénez de Almendral y habitada por el último conde de Heras y Soto en el siglo XIX".

Es un palacio barroco que exhibe en su portada los mejores relieves de cantería tallados en esta ciudad. En el proceso incesante de creación y destrucción, antes estuvo aquí la residencia de Juan Suárez, cuñado de Hernán Cortés. Durante el sitio de Tenochtitlán los conquistadores sufrieron una derrota a manos de los aztecas en lo que es hoy la esquina de Chile y Donceles.

Desde que empecé el viaje fui planeando estrategias para remontar los obstáculos que atrofian el Centro Histórico y poco a poco nos van arrebatando el placer de visitarlo. Conforme avanzaba me sorprendió ver una fluidez y una amplitud que me recordaron la ciudad de otro tiempo; ésa que añoramos y, según Carlos Fuentes, ya sólo podrá existir en nuestra memoria y en los registros de literatura, cine y fotografía.

Recuperé también la grata sensación de caminar por calles relativamente despejadas y silenciosas. Me detuve a contemplar una fachada y una mujer se paró junto a mí: "El centro se ve precioso sin tantos puestos y sin basura. Siempre debería estar así, no nada más en esta semana de descanso que les marcó a los informales el actual jefe de Gobierno. ¿Cree que llegará el momento en que los saquen definitivamente de aquí?"

Le contesté lo que pienso: "Mientras haya desempleo, tengan necesidad de trabajar y existan intereses políticos, los ambulantes seguirán invadiendo las calles. Por lo pronto bastaría con que les prohibieran el cierre de vialidades, la invasión del arroyo y dejar basura donde levantan sus puestos".

La señora insistió en que las autoridades deberían retirar el comercio en vía pública, al menos en el Centro Histórico. Luego miró la fachada que teníamos enfrente y con profunda emoción declaró: "Vivo en la calle Nicaragua. Esta semana ha sido muy agradable para mí, porque otra vez pude mirar la hermosa herencia que nos dejaron nuestros antepasados. Y en este sentido, ¡como México no hay dos!"

Millón y medio de ayeres

Embellece la entrada al Archivo Histórico una impresionante cabeza recubierta con placas doradas. "Pertenece al Angel de la Independencia. Se le desprendió al caer en el terremoto de 1957. Muchas personas que pasan por aquí entran a preguntar dónde quedaron las alas", me dijo Carlos Ruiz Abreu cuando al fin pudimos reunirnos en su oficina.

Mi intención era preguntarle acerca del archivo integrado por millón y medio de fotografías y descubierto en 2002, por casualidad, en un tapanco del antiguo palacio municipal: "Hace un año lo trasladamos aquí, porque los trámites burocráticos fueron complicados y resultó laborioso empacar los materiales, de modo que no corrieran riesgo de maltratarse o dañarse. Son de un valor extraordinario porque nos relatan con imágenes un siglo de vida mexicana: de 1900 a 2000".

Las circunstancias en que el archivo fue descubierto son también excepcionales. "Un compañero fotógrafo que trabaja para el Gobierno del Distrito Federal las descubrió por accidente. Como yo entonces era encargado del Departamento de Comunicación Social, me informó del hallazgo.

"Nadie sabe cómo fue integrándose el archivo ni se explica cómo pudo pasar inadvertido durante tantos años. Sería lógico que esto hubiera ocurrido con unas cuantas piezas; pero en este caso estamos hablando de millón y medio de fotografías. Muchas aún no han sido reveladas, pero lo haremos en cuanto sea posible."

Carlos Ruiz Abreu, con un grupo de colaboradores, realizó un primer inventario de los materiales:

"Hay infinidad de rollos, positivos, negativos de 16 y 35 milímetros y algo realmente extraordinario: 200 placas en cristal. Se puede apreciar su belleza porque están, lo mismo que las fotografías, en muy buenas condiciones. Todo permanecerá aquí como parte fundamental de nuestro acervo. Estamos entrando en una segunda etapa de trabajo: la valoración histórica del material."

Todo un siglo de México

Captadas por fotógrafos de lo que fue el Departamento del Distrito Federal, las imágenes dan constancia, sobre todo, de actos oficiales: "Inauguraciones, obras públicas, relevo de cargos, tomas de posesión, recepciones, ceremonias y donativos. Giran en torno a políticos importantes, funcionarios, autoridades, visitantes distinguidos; pero lo que realmente vale la pena de ver y de estudiar son los escenarios que rodean a esas figuras. Allí podemos enterarnos de cómo se organizaban las ceremonias oficiales, qué tipo de alumbrado había en las calles, cómo iba vestida la gente, qué clase de transporte circulaba, qué tan intensa era la actividad comercial y cómo se anunciaban los establecimientos, cómo era el diálogo entre los distintos grupos sociales.

"Algo que puede verse en las fotografías y me parece muy valioso es la manera en que fue modificándose y creciendo la ciudad, y además qué dimensiones tenían las figuras del poder frente a los ciudadanos comunes. Recuerdo una foto donde aparece un secretario de Estado en una inauguración y a unos pasos de él un mecapalero, de huaraches y calzón de manta, quien lo mira con absoluta naturalidad."

Para Ruiz Abreu el archivo recuperado es como un álbum de familia de la sociedad capitalina: "O quizá una inmensa galería con millón y medio de ventanas que nos permitirán asomarnos a todo el siglo XX de la ciudad y leer nuestra propia historia. Esto le da continuidad a un acervo en el que es posible encontrar los documentos más antiguos relacionados con la historia de esta metrópoli. Me refiero a las primeras actas de cabildo, fechadas el 5 de febrero de 1524. Desde aquel año hasta 1928 lo teníamos todo documentado. Faltaba un eslabón y lo encontramos".

Calles, plazas, edificios

En la casa que hoy ocupa el Archivo Histórico del Distrito Federal estuvo el Consejo del Centro Histórico y antes, por increíble que parezca, las oficinas del servicio exprés de los extintos Ferrocarriles Nacionales: "A partir de 1980, cuando el archivo llega a este edificio, al fondo original se le agregan los de las municipalidades, la documentación de las cárceles (Belén, El Carmen, Lecumberri), las fincas urbanas y los panteones. Tenemos 80 mil planos donde puede verse cómo fue creciendo el Distrito Federal. Aquí todo está archivado de la a a la z: calles, plazas, monumentos, edificios, iglesias".

En el Archivo Histórico del Distrito Federal los lugares públicos son escenarios de la vida colectiva: todo es nuestro. Entre los innumerables registros sólo hay uno personal: "El de doña Esperanza Iris. Aquí guardamos desde los documentos relacionados con la administración de su teatro -que, por cierto, también era su casa- hasta su correspondencia con sus cuatro maridos y un diario íntimo. Cada una de las páginas escritas por ella nos descubre una mujer inteligente, emprendedora, fascinante, única".

Al volver a la calle encontré la quietud y la luz que iluminaron las fotografías que acababa de ver en el archivo. La magia captada por los cámaras se revelaba otra vez en el centro de una ciudad que no cesa de buscarse y perderse.

 
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