Usted está aquí: sábado 10 de diciembre de 2005 Ciencias Expertos dudan que los huracanes aumenten por el calentamieto global

Termina la temporada más intensa de estos meteoros; en 2006 podría empeorar

Expertos dudan que los huracanes aumenten por el calentamieto global

El debate en curso por los ciclones apenas ha comenzado; surgen incertidumbres en previsiones

STEVE CONNOR THE INDEPENDENT

Ampliar la imagen Los cient�cos comienzan a discutir la influencia del cambio clim�co en el recrudecimiento de los ciclones. En la imagen, efectos de Wilma en Canc�OTO Jos�ntonio L� Foto: Jos�ntonio L�

Fue el año del huracán. También fue el año en que los científicos advirtieron que el cambio global puede aumentar la intensidad de los meteoros. Pero no todos pudieron coincidir en que Katrina, que devastó Nueva Orleáns en agosto, fue resultado al menos en parte del calentamiento global ocasionado por las emisiones de gases de invernadero producidas por el hombre.

La temporada de huracanes de 2005 ha sido oficialmente catalogada como la más intensa de las que se tenga registro por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos. Se contaron en ella 26 tormentas, de las cuales 13 crecieron lo suficiente para ser consideradas ciclones. De éstos, siete resultaron de categoría tres o más en la escala Saffir-Simpson de cinco puntos. Es decir, cinco grandes huracanes más que el promedio de una típica temporada en el Atlántico. En octubre, Wilma se volvió el meteoro atlántico más intenso jamás registrada, al romper el récord anterior, fijado en 1988.

No fue sólo la intensidad, sino también la frecuencia. Por primera vez desde 1953, cuando los científicos comenzaron a poner nombres a las tormentas tropicales del Atlántico, se tuvieron que usar letras del alfabeto griego porque los meteorólogos agotaron la lista original de 21 nombres ordenados alfabéticamente. La última tormenta, Epsilon, se formó sobre el Atlántico central en el penúltimo día de la temporada.

Rompiendo marcas

"Esta temporada de huracanes destrozó marcas que se habían mantenido durante décadas: más tormentas bautizadas, más ciclones y más meteoros de categoría cinco", expresa Conrad Lautenbacher, titular de la NOAA. "Se puede decir que fue la más devastadora que se ha experimentado en los tiempos modernos. Me gustaría vaticinar que el próximo año será más calmado, pero no puedo. Las tendencias históricas indican que probablemente las pautas atmosféricas y las temperaturas del agua originen otra temporada activa".

El verdadero rompedor de récords fue Katrina, el huracán más destructivo que haya azotado a Estados Unidos hasta donde se recuerda. Más de mil personas murieron y algunos cálculos ubican el costo de reparar Nueva Orleáns y sus defensas contra inundaciones hasta en 200 mil millones de dólares.

Algunos ambientalistas se apresuraron a señalar con índice acusador al calentamiento global, pero no todos los científicos estaban convencidos... es decir, hasta que observaron los datos con más cuidado. Hasta fecha reciente había un consenso relativamente amplio entre los meteorólogos de que el calentamiento global no podía explicar el aumento en el número de huracanes experimentado en los dos decenios pasados. Se pensaba que era parte del ciclo normal de largo plazo, impulsado por cambios en el sistema de circulación del Atlántico. Pocos creían que se relacionara con una elevación de las temperaturas de la superficie marina causada por el cambio climático.

Pero luego vino un estudio de Kerry Emanuel, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, quien, en una carta publicada por la revista Nature, describió la forma en que había elaborado una nueva medición de la destructividad de los huracanes. Comparó los cambios ocurridos en esta medición, llamada "disipación total de energía", con la elevación de las temperaturas de la superficie marina registrada en el Atlántico en los 30 años pasados.

Emanuel descubrió que podía vincular un incremento en la actividad huracánica con aumentos en la temperatura oceánica causados por el calentamiento global y el cambio climático. "Mis resultados sugieren que el calentamiento futuro podría conducir a una tendencia a la alza en el potencial destructivo de los ciclones tropicales, y, tomando en cuenta el aumento demográfico en las costas, a un incremento sustancial en las pérdidas relacionadas con huracanes en el siglo XXI", advierte.

El estudio concluyó que las tormentas tropicales duran 60 por ciento más y la velocidad de sus vientos se ha elevado más de 15 por ciento. "Este trabajo implica que la actividad ciclónica tropical responde en gran medida al calentamiento global", señala Emanuel.

No es poco razonable plantear un nexo entre los ciclones y el calentamiento global, dado que las temperaturas de la superficie del mar tienen un papel crítico en su formación. Un huracán es una zona de intensa baja presión en los trópicos, rodeada de una violenta tormenta giratoria.

"En vista de esto, el calentamiento global sólo puede empeorar las cosas", expresa el escritor científico Fred Pearce en el número más reciente de New Scientist. "La columna inicial de aire húmedo por lo regular se forma sólo cuando la temperatura de la superficie del mar excede de 26 grados centígrados. Al calentarse el océano, zonas mayores rebasan esa marca. Y cada grado por encima de ésta parece estimular huracanes más fuertes", explica.

Cuando Katrina se formó, las temperaturas del Golfo de México eran de unos 30 grados, lo cual apoya la noción de que en un mundo más caluroso se pueden esperar huracanes más violentos. Sin embargo, también podría conducir a una atmósfera más caliente, lo cual tal vez disminuiría la diferencia de temperatura entre el aire y el mar, que es esencial para la formación de ciclones.

Terminar con los huracanes

Otra forma en que el calentamiento global podría acabar con los huracanes es generando vientos más fuertes, que podrían agitar el mar y por tanto reducir las temperaturas superficiales. Estos vientos podrían perturbar la alta columna de aire húmedo necesaria para la formación ciclónica.

"Con todas estas contradicciones e incertidumbres, no es sorprendente que diferentes modelos de computadora hayan pronosticado de todo, desde menos hasta más huracanes, cuando el calentamiento global se deje sentir con fuerza", asevera Pearce.

En septiembre se añadió más leña al fuego del debate cuando el meteorólogo Peter Webster, del Instituto Tecnológico de Georgia, en Atlanta (EU), y sus colegas publicaron datos según los cuales la frecuencia de los ciclones de categorías cuatro y cinco -las dos más fuertes- se ha incrementado en forma significativa en los 35 años pasados. Globalmente, esas tormentas se elevaron 57 por ciento de la primera a la segunda mitad del periodo. Con la prudencia característica de los científicos cuando entran en terrenos controversiales, concluyeron: "Esta tendencia no es inconsistente con recientes simulaciones de modelo climático de que una duplicación del dióxido de carbono podría incrementar la frecuencia de los ciclones de mayor intensidad, aunque la atribución de la tendencia de 30 años al calentamiento global requeriría de un registro más prolongado de datos y, en especial, de un entendimiento más profundo de la función de los huracanes en la circulación general de la atmósfera y el océano, incluso en el actual estado climático".

En otras palabras, se acumulan indicios de que el calentamiento global puede de hecho afectar la formación de huracanes, pero hasta ahora nadie puede asegurar que así ocurra en este momento. De la misma forma, nadie puede afirmar con certeza que las emisiones de gases de efecto invernadero empeoraron a Katrina. Ciclones anteriores han matado más personas: el que azotó Pakistán en 1970 probablemente causó la muerte de medio millón.

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya

 
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