Usted está aquí: jueves 1 de diciembre de 2005 Opinión Muestra Nacional de Teatro

Olga Harmony

Muestra Nacional de Teatro

Este año la Muestra Nacional de Teatro, cuya sede fue San Luis Potosí, tuvo una nueva modalidad consistente en que a seis grupos de los estados se les otorgó producción para que pudieran llevar a cabo sus proyectos en mejores condiciones. Así, Marco Antonio Petriz del Istmo de Tehuantepec, Martín Zapata de Veracruz, Mauricio Jiménez por Querétaro, Angel Norzagaray de Baja California, Jesús Coronado de San Luis Potosí y Raquel Araujo de Yucatán, este año gozaron de un apoyo económico que no siempre tienen los teatristas de los estados. De estas coproducciones (del INBA y los diferentes gobiernos), me abstendré de hablar de tres, dos de ellas -La casa de enfrente de Marco A. Petriz y Cantina La Conquista de Enrique Ballesté con dirección de Jesús Coronado- porque ya las había visto en su sede antes de la Muestra y escrito al respecto en estas páginas, y la tercera -Corona de sombras de Rodolfo Usigli en dirección de Mauricio Jiménez porque me gustaría referirme a ella en próxima nota. Del teatro capitalino se presentaron Lascuráin o la brevedad del poder de Flavio González Mello, ya muy sobreactuada, la formidable Noche árabe de Roland Schimmelpfeming dirigida por Mauricio García Lozano y la deliciosa Adiós, querido Cuco de Berta Hiriart en dirección de Perla Szchumacher, elegidas por convocatoria.

Martín Zapata escribió y dirigió El dolor debajo del sombrero, una propuesta interesante que reflexiona acerca de la creación y el personaje, y con las buenas actuaciones de Manuel Domínguez, Horacio Trujillo y Paola Alvarado. Angel Norzagaray presentó el texto de Griselda Gambaro Señora Macbeth que, como bien dijo Germán Castillo, representa a las esposas de los crueles generales del cono sur que gozaron del poder aunque fingieran ignorar los crímenes cometidos, con la actuación de Alejandra Soberanes y que contó con escenografía de Alejandro Luna y vestuario de María y Tolita Figueroa. Raquel Araujo dirigió Calor de su autoría, uno de los espectáculos más flojos de la Muestra, que intenta mezclar números musicales con reflexiones pseudoprofundas acerca de la divinidad y el destino humano y con actuaciones no del todo logradas.

San Luis Potosí homenajeó a Jesús Coronado quien repuso su entrañable Pescar águilas de Enrique Ballesté sobre un texto de Peter Handke, que fue el origen de su compañía El rinoceronte enamorado. También el estado sede propuso un lamentable espectáculo de Manuel Arista Roldán, Páramos de luz supuesto homenaje a Juan Rulfo. Como selección de la dirección artística Nuevo León presentó Las chicas del tres y medio floppies con una dirección de César Aristóteles y tan nulas actuaciones que no agregan nada al exitoso texto de Legom. También fue seleccionada El veneno del teatro de Rodolf Siera con la extraña dirección de Neftalí Coria que desperdició al muy buen actor que es Antonio Zúñiga haciéndolo caer y levantarse de súbito sin la fluidez del proceso procurado por un narcótico, ante la impávida mirada de Alfredo Durán que encarna al diabólico marqués. Seleccionada, Mestiza power de la yucateca Conchi León, con tres deliciosas actrices entre las que se cuenta la autora y directora, fue -a pesar de cierta falla dramatúrgica- uno de los mejores momentos de toda la Muestra con esas voces que nos cuentan, con gracia y desparpajo, las difíciles vidas de tantas y tantas mujeres mestizas de Yucatán sin caer, por fortuna, en el victimismo.

Hubo esta vez una Muestra alternativa con teatro callejero, lo que es una buena idea de Ignacio Betancourt, el representante potosino de la dirección artística, así como la publicación de un efímero diario de la Muestra. Como siempre, hubo talleres, presentaciones de libros y revistas, mesas redondas y de trabajo, el foro de análisis de cada obra presentada que Jorge Dubatti -el crítico e investigador argentino que también ofreció una charla- dirigió, según consenso, procurando el análisis sobre la diatriba. Además del homenaje a Coronado por sus treinta años de teatrista, se concedió la muy merecida medalla de oro a Ana Ofelía Murguía por su trayectoria como actriz y a Víctor Hugo Rascón Banda la medalla Xavier Villaurrutia, que es el reconocimiento de los teatristas en la Muestra Nacional a quienes han apoyado el teatro mexicano, como en ediciones pasadas se otorgó a Armando Partida y a Enrique Mijares.

 
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