Usted está aquí: jueves 20 de octubre de 2005 Mundo Inauguran museo para recordar a víctimas de la violencia en Perú

El conflicto armado dejó unos 69 mil 280 muertos

Inauguran museo para recordar a víctimas de la violencia en Perú

DPA

Ampliar la imagen Felicitas Delgadillo, de 54 a� esposa de un desaparecido pol�co en 1986, observa un mural con art�los de prensa sobre el terrorismo de dos d�das en la sierra peruana, durante la inauguraci�n Ayacucho del museo en memoria de miles de v�imas de la violencia FOTO Ap Foto: Ap

Huamanga, 19 de octubre. El departamento de Ayacucho, voz quechua que significa "rincón de los muertos", tiene ahora un lugar para mantener viva la barbarie de la violencia política que desangró a Perú durante las dos décadas pasadas: el museo de la memoria Para que no se Repita.

"Mamá por favor consigue abogados y busca los medios posibles de que me pasen al juzgado porque mi situación está bien complicada", dice un viejo trozo de papel escrito por Arquímedes, de 19 años, a quien el ejército se llevó en julio de 1983, que ahora forma parte de los objetos personales de desaparecidos que se exhiben en el museo levantado en el asentamiento humano de Huamanga, capital de Ayacucho.

La madre de ese joven, Angélica Mendoza, es la fundadora y presidenta de la Asociación Nacional de Familiares de Secuestrados, Detenidos y Desaparecidos de Perú, institución fundada hace 22 años y en cuyo local se edificó el lugar de recuerdo, inaugurado el pasado fin de semana.

"Este museo no es para lo que vean nomás. Los que vienen atrás, los jóvenes y niños, tienen que ver lo que pasó en Ayacucho para que más tarde no vuelvan a ocurrir esas matanzas. Es para que la gente no diga que mentimos sobre lo que sucedió", dijo mamá Angélica, quien no puede evitar las lágrimas al recorrer el recinto que encierra tanta historia de horror.

El conflicto armado interno que se produjo entre 1980 y 2000 dejó unos 69 mil 280 muertos, y Ayacucho, un paupérrimo departamento andino donde el grupo Sendero Luminoso inició su lucha, concentró a más de 40 por ciento de las víctimas fatales, de acuerdo con el reporte de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

A Sendero Luminoso se atribuye 54 por ciento de las muertes, pero la comisión encontró que los militares en "ciertos lugares y periodos" incurrieron en excesos y violaciones a los derechos humanos.

Durante el recorrido por las salas del museo, conmueven el esqueleto de un hombre encontrado en una fosa común, la camiseta de otro comido por los perros, la reproducción de una sala de tortura de un cuartel militar y cientos de fotografías de muertos o desaparecidos.

Los artesanos ayacuchanos se valieron de su habilidad para narrar con retablos, cajas decoradas con figuras en miniaturas, el sufrimiento de los campesinos quechuas que vivieron en medio de dos fuegos, el de los senderistas y el de los militares.

Las muestras serán renovadas cada tres meses para que puedan exhibirse las aproximadamente 500 fotografías y artículos personales entregados por los deudos -ancianas, viudas y jóvenes huérfanos-, a quienes también se les dedicó un espacio de reconocimiento para anteponerse al dolor y seguir adelante.

Dos grandes murales dan color a las fachadas del museo y reconstruyen el violento periodo que vivió Huamanga. Torturas, abusos, violaciones sexuales y muerte son los elementos que priman en los trazos.

Un parque, colindante con el museo, también fue dedicado a la memoria de las víctimas. En medio se levanta un tótem, escultura de fierro de 600 kilos y cinco metros de alto con tres de lado en alto relieve, que muestra el pasado y el presente de los ayacuchanos y el futuro de paz en que aspiran vivir.

Alemania se identifica con lo sucedido en Perú y por eso financió la construcción del museo por intermedio de su embajada, el Servicio de Cooperación Social Técnica y la Cooperación Técnica Alemana.

Para Georgina Hernández, vicepresidenta del Museo de la Imagen y la Palabra de El Salvador, unas de las invitadas internacionales a la ceremonia, ese centro ayacuchano representa un aporte al movimiento memorialístico en la región.

Al cierre de los actos y bajo fuerte sol, un grupo musical ayacuchano entonó una canción en quechua, suficiente para conmover a decenas de madres y viudas, quienes empezaron a llorar por el recuerdo de sus seres queridos, arrancados con violencia de sus vidas y cuyos rostros ahora forman parte de la memoria colectiva del país.

 
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