Usted está aquí: jueves 20 de octubre de 2005 Gastronomía Manifiesto Comida de las revoluciones

Manifiesto Comida de las revoluciones

Ampliar la imagen Francisco Villa y Emiliano Zapata en la silla presidencial FOTO Archivo Casasola Foto: Archivo Casasola

Caos, ruptura, contienda, disputa, fractura, rompimiento, asonada, perturbación, sedición, alzamiento, motín, sublevación, tumulto, pronunciamiento, revolución, son palabras que provocan temor, pero cuando sirven para acabar con injusticias, dictaduras e intolerancias se convierte en virtud.

¿Quién no ha tenido un sueño revolucionario? Ya sea por el amor prohibido; ya sea en la familia; ya escribiendo en secreto una poesía, que rompemos al descubrir que fue cursi; ya sea descreyendo que Dios existe; desafiando el destino; maldiciendo la suerte y el determinismo; lanzándonos al vacío por un deseo o por alguien que luego no nos comprende.

México es el único lugar del mundo donde las revoluciones se institucionalizan, donde se exhaltan en los discursos y se niegan en los hechos. La revolución es una palabra prohibida, pero sagrada, porque es solución profunda de nuestras aspiraciones. La revolución devino hoy en gradualismo o transición, caricatura del cambio, pero pese a eso, todo mexicano lleva un revolucionario dentro.

Nadie quiere una revolución, pero todos quisieran encabezarla; ser revolucionarios en el amor, la política, la ciencia, los negocios, la literatura, el arte, el teatro, la pintura, el sexo, el canto, la música, la educación, el cine y por supuesto, la gastronomía.

Por esas revoluciones, el Grupo Gula invita a todos los que se han sentido aunque sea por un segundo revolucionarios, a que vengan con sus amigas, amigos o amantes, compañeros de una y mil batallas, a que celebremos.

Todas las revoluciones confesas e inconfesables, las que conocemos y las que llevamos dentro, las victoriosas y en las que hemos sido derrotados solos o colectivamente, a comer juntos de manera soberana para celebrar nuestra fecha revolucionaria.

Pueden participar todos siempre y cuando los cambios en los que han pensado hayan sido en primera, segunda o tercera, pero siempre hacia adelante. Quedan excluidos o no son invitados, quienes promueven revoluciones en reversa y consideran que todo pasado fue mejor.

Es un homenaje a la revolución de Espartaco, a la de las mujeres, a la caída de los imperios, al Renacimiento, a Galileo, a los señalados como brujos por defender la razón, a los de la Revolución Francesa, a los Comuneros de París, a los anarquistas y socialistas utópicos, a la Revolución Mexicana, a la gran Revolución de Octubre, a los independentistas irlandeses y latinoamericanos, a los separatistas vascos, a todas las revoluciones africanas, a la revolución cultural China, a los judíos en resistencia contra el nazismo, a los vietnamitas, a la revolución de los claveles de Portugal, a los republicanos españoles, a la Revolución Cubana, a quienes lucharon contra las dictaduras militares en el cono sur, a las revoluciones científicas, las democráticas, las sexuales, a los hippies, los Beatles, los literatos, Shakespeare y Cervantes, a quienes defendieron sus tierras de los invasores, al pueblo iraquí, a los palestinos, a Gonzalo Guerrero contra los españoles en Yucatán, a todas las rebeliones indígenas por la restitución de sus derechos. A los alzamientos campesinos, de mineros y de proletarios en todo el mundo. No a los que ayudaron a los pobres, sino quienes los organizaron y los armaron de ideas para luchar por ellos mismos y por sus naciones.

Por todo esto, los invitamos a comer. ¿Acaso no, en cada hecho revolucionario hubo antes una comida? ¿Qué comieron o como ayunaron los ejércitos o quienes tomaron decisiones? ¿Qué bebieron y qué comieron los filósofos, los pintores, los dramaturgos, los científicos, los periodistas, los músicos, los políticos, los militares antes de sus batallas y sus obras?

Los esperamos con apetito atroz y revolucionario. En la Soberana Convención Gastronómica de las Revoluciones, el 19 de noviembre a las 14 horas en el Bosque de Tlalpan.

Impuesto revolucionario: 250 pesos por persona, sin bebidas.

GASTRÓNOMOS UNIDOS POR LA LIBERTAD Y EL ARTE (GULA)

 
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